Con pasos resonantes, Andrew llega a la parte trasera de la tienda favorita de Ashley. Se detiene un momento para mirar su reflejo: a sus diecisiete a?os, ningún grano. Flexiona un poco los brazos, sacude la cabeza. No puede perder más tiempo. Debe moverse.
Atraviesa las puertas y entra en la tienda con todo el aplomo que ha reunido en su vida. Tiene experiencia en esto. Ahora está solo, y se mueve con claridad táctica. Siente las miradas, las risitas no se le escapan.
Una chaqueta crop blanca con azul de carrera. Falda-short con cinturón. Un top corto strapless. Para Ashley.
El olor a ambientador le irrita. Los pasillos están poco concurridos, solo trabajadores. Apenas son las siete de la ma?ana; las estampidas por las ofertas están cerca. Escucha su corazón como un tambor y lo maldice. Esto no es nada. Solo está comprando ropa. No hay nada de qué avergonzarse.
Andrew Graves, mantén la espalda recta.
Reúne unos biker shorts, un top corto, una chaqueta "racing" oversized color rojo para Julia, y dos pares de botas militares Mr. Marte. Todo en la bolsa. Suspira aliviado. Solo falta pagar.
Mira su reloj. Faltan minutos para abrir.
Se acerca a la caja registradora. Amigo A está trabajando.
—Hombre... Espero que Ashley se vea bien. No les cuentes a los chicos que trabajo aquí. —Le ofrece un choque de pu?os que Andrew devuelve—. No quiero que me jodan por trabajar en chica Ditz.
—Gracias por dejarme entrar por detrás antes de abrir —agradece Andrew. Lo entiende. Se siente juzgado por las miradas de las trabajadoras. Por suerte, sus chicas no son tan... Bueno. Tal vez Ashley lo sea. Pero Julia es un pan de Dios.
Golpea el suelo al ritmo de una melodía pop de Ashley. Cuando llega el momento, paga mientras una multitud de mujeres se abre paso detrás de él. Por segundos duda que pueda sobrevivir.
—Jajaja, ok, ok, cálmate —murmura—. Esta tarde es tu tarde.
Respira. Debe bajar el ritmo.
Se monta en su bebé, que ruge mientras se encamina a la casa de Julia. En el camino, Andrew no puede evitar imaginar a sus chicas con sus nuevos atuendos. Se pregunta si está bien, pero de nuevo: ellas querían ropa nueva. él solo cumple. No está mal. No hay nada de malo en un par de tops tubo.
Las calles pasan rápido. Los semáforos van demasiado lentos.
Se recuesta en el asiento de cuero sintético. Ashley siempre está viendo esas revistas. Julia ve esos programas de Bisney. Ellas ya tienen dieciséis a?os. Tener ropa más libre las hará sentir mayores. Y eso es bueno para todos.
Sus pensamientos se cortan cuando un golpe en la ventana le hace girar la cabeza. Ashley y Julia lo miran.
—?Por fin llegaste! —Ashley frunce el ce?o—. Ahora trae para acá. Espero que esos regalos sean buenos, Andrew.
Julia le saluda mientras sigue a Ashley dentro de la casa.
Andrew sale del auto con las bolsas. Entra en la casa de Julia y siente un escalofrío por los cuadros de payasos. La madre de Julia está allí, viendo televisión.
—Hola, se?ora —Andrew traga saliva cuando la vieja le mira con sus ojos amarillos. Tiene ese tono débil, apagado, muy diferente al brillante y vivo de Julia.
—Usa condón cuando te las folles.
Andrew solo asiente y se retira. Esa mujer está loca. Aunque... es un buen consejo.
Andrew sostiene las bolsas con la mirada inquieta. No puede evitar pensar en la madre de Julia; recordaba su vitalidad hace a?os. Quizás la partida de Jane la rompió. Rezando por su recuperación, se apoya en la pared, decidido a hablar con Julia y Ashley para ayudarla.él quisiera que si su madre cae, alguien le ayude. Suspira, esperando que a Julia no se le pegue nada de esa "locura".
Entra con cuidado al cuarto de Julia, que sigue igual: una cama deportiva y una legión de peluches que él mismo le ganó en ferias.
?—?Andy, dame, dame! —exige Ashley con los cachetes inflados.
él entrega las bolsas y ella chilla de alegría junto a Julia al ver la ropa.
?—Ooo, Andrew,buen trabajo no está nada mal —admite Ashley.
—Gracias, Andrew —a?ade Julia, inclinándose un poco.
Andrew se rasca la nuca, satisfecho. El ambiente se vuelve extra?o cuando Ashley le lanza una sonrisa de oreja a oreja.
?—Entonces, ?te vas o quieres ver el proceso de cambio de armario, Andy? —pregunta ella con voz cantarina mientras empieza a quitarse la camisa.
Andrew, sonrojado, sale de la habitación a paso raudo entre risitas. Sin mucho que hacer, examina la casa. Está algo descuidada, salvo el cuarto de Jane, que parece limpiarse a diario. Se pregunta qué hará Jane en ArtiMation Systems, esa megacorporación donde ahora trabaja tiene muchos canales de TV.
?Al entrar al cuarto de Jane, Andrew husmea un poco.su ropa interior,sus muebles.Encuentra algunos "juguetes" que tira asqueado y descubre su diario. Lee un par de páginas llenas de celos antes de guardarlo:
Querido diario: Julia sigue sin escucharme y se junta con esa ni?a Ashley. Se esconden en su cuarto y hay ruidos muy raros. No quiero hacer escándalo, además la madre de ese demonio tal vez me mate porque Julia no me hace caso.
Andrew levanta una ceja. ?Jane las vigilaba? ?Qué ruidos? Eran solo dos adolescentes jugando. Se ríe por lo bajo; encontrar el diario fue fácil comparado con el entrenamiento de Susano.
Acostado en la cama saca su teléfono y llama a Rosty, un contacto cercano. Solo faltan horas para el evento y la adrenalina lo hace saltar sobre la cama.
?—Compadre, ?listo para quemar neumático?
—pregunta Rosty con su tosco acento británico.
—Sí, ellos morderán el polvo —responde Andrew con el mentón en alto.
?Está carrera será su momento de gloria donde sus chicas le dirán lo increíble que es . Solo debe ganar. ?Qué tan difícil puede ser? Rosty se ríe y cuelga. Andrew se queda un momento más en la habitación de Jane hasta que un llamado de Ashley lo interrumpe.
Antes de entrar al cuarto de Julia, respira hondo. Debe mantener la calma. Solo son sus chicas con ropa adecuada para las carreras; deben ser la envidia del mundo.
?—?Andrew? ?Vas a entrar? —la voz suave de Julia lo saca de sus dudas.
Se acomoda la chaqueta y entra lentamente. Ashley abraza a Julia con una sonrisa triunfal, mientras Julia lo observa con sus vivaces ojos amarillos. Se ven bien. Muy bien ven maduras.
—?B-bueno...! Julia, pareces una modelo de esas revistas. Y Ashley, ese azul te queda increíble. Están... —toma aire. Ve cómo Ashley se regodea. Julia se irguió un poco más, haciendo que su escote rebotara, dificultando que Andrew mantuviera la mirada centrada en sus bellos rostros—. ?Increíbles! Son magnéticas.
Andrew tose y, como el paladín que es, abre la puerta. Julia se inclina al pasar. Ashley solo asiente. Salen con él al frente, formando un triángulo.
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La madre de Julia sigue en el sillón, ojos amarillos perdidos en la televisión. Se despiden. Andrew nota que la mujer les sonríe y les desea un buen día.
Afuera el sol calienta la chapa del auto. Andrew abre las puertas traseras con un gesto limpio y una sonrisa chueca. Sus chicas se deslizan en el asiento trasero.
él se monta delante, gira la llave. El motor ronronea.
Ashley hurga en las cajas del piso, saca jugos y papas fritas. Andrew no necesita ser un genio para saber el uso de esos compartimentos secretos.
—Ahora sí, chófer, en movimiento —dice Ashley—. Tenemos que salir.
Julia ríe y acepta un jugo. Ashley se acuesta en su regazo. Es adorable. Andrew se acomoda; los pantalones están muy apretados, necesita comodidad para la carrera.
—Gracias —murmura Julia. Su voz tiene un peso que no es solo por el agradecimiento—. Por todo. De verdad. Los amo.
Ashley la aprieta contra su costado.
—Ooo, nosotros también te amamos, conejita.
Andrew asiente desde el espejo retrovisor. Una sonrisa boba se refleja en el cristal. Se siente grande.
—Además —Ashley muerde una papa frita—, ya eres mejor que tu hermana perra. Ella no pasó la prueba de manejo de armas y enemigos, ?vieron? Nosotros sí.
Julia se sonroja y entierra la cara en sus manos.
Andrew acelera. Quiere llegar con tiempo de sobra. En su cabeza, la cuenta es simple: la prueba era mostrar manejo básico de pistolas y fusiles. Matar un cerdo. Eso era todo. ?Cómo no pasó Jane?
No dice nada. Solo conduce, deja que sus chicas celebren en el asiento trasero, que el sol entre por las ventanas, que este momento dure un poco más.
El asfalto desapareció. Las horas pasaron suaves. Cuando Andrew vuelve a mirar al frente, la ciudad ya no está. Solo desierto hasta donde alcanza la vista.
Y sin mucha demora: un mar de caravanas. Camiones enormes como edificios, toldos que pintan el desierto como pinceladas en un lienzo.
—?Una ciudad móvil! —el grito de Julia le pone nombre a esa emoción—. Son supercamiones creados en Europa del Este. Están hechos para moverse y llevar a miles de personas. ?Cómo pudo llegar hasta aquí?
Antes de que Andrew pueda decir algo, recibe un mensaje de Rosty. Cambia de dirección y encuentra una carpa llena de motocicletas y autos. Reparte armas. Baja lentamente, deja a Ashley al volante.
—Andrew, mi amigo —Rosty habla de forma nasal. Esa nariz doblada, esos ojos tan golpeados que parecen morados permanentes. Andrew lo conoció en el bar con un par de copas y se volvió un recurrente. No se queja. Se dan un abrazo seco. Son cercanos, no amigos ni bro—. Aquí te presento a Mónica. Ella quiere tu coche. Y tú, una carrera. Más una moto o auto de su tribu si ganas.
Mónica le sonríe. Es casi tan alta como él. Muy bella. Se miran con ojos afilados. Andrew reconoce esa mirada. Lleva una especie de corona, un amplificador de comunicaciones si no se equivoca.
Andrew se endereza. ?Quiere una carrera? La tendrá. Eso solo hará más sabrosa la victoria.
—Andrew, escuché poco sobre ti —dice Mónica, sonriendo—. Espero que sepas algo, paleto, o tendré que matarte por humillar a tan bello vehículo.
Para ser nómada, tiene valor llamándolo paleto. Andrew no esperaba su forma de hablar. Ella chasquea los dedos. Varios hombres lo escoltan hacia afuera, no sin antes darle un USB.
Con la sangre hirviendo, Andrew se monta en el auto y se aleja. Cuenta cómo fue la reunión mientras aprieta los dientes. Conecta el USB en la consola, pero una mano peque?a lo detiene.
—Andrew, espere, puede tener virus.
Julia le quita el USB y lo conecta a la consola especial. La consola indica que tiene varios virus, pero también información. Será descifrada en media hora.
Andrew se golpea la frente. ?Cómo pudo ser tan descuidado?
—Cálmate, Andrew —dice Ashley, escupiendo las palabras entre dientes, mostrando los dientes en una mueca animal—. Julia se encarga. Concéntrate en aplastar a esa salvaje.
Andrew se enfría al escucharla. Debe poner el objetivo. No debe dejarse llevar. Debe mostrar el ejemplo.
—Puedo manejar esta bestia —dice, más para sí mismo—. Va de cero a cien en unos dos segundos. Velocidad máxima, trescientos veinte, trescientos cincuenta por hora.
Saca su cable link y se conecta al vehículo. Al principio solo siente el temblor, la temperatura, la información que llega con la experiencia. Datos específicos: estado del motor, presión. Pero no es suficiente. Respira hondo y se hunde más.
La distancia entre él y el metal desaparece.
Por un instante, el dolor de cabeza lo ciega. Luego, el mundo se abre. No solo siente el volante: siente el roce de cada engranaje, el latido de la batería como una extensión de su propio pulso. El auto deja de ser una herramienta. Conducir es como si fuera sus piernas. Lo ha tenido por meses, se siente natural. Su tercer ojo está en uso.
—Andrew, no te esfuerces —la voz de Julia lo alcanza, suave—. Debes salir sano, es lo que importa. Debemos alejarnos.
—Cállate, Julia —sisea Ashley—. Esa perra nos insultó, nos amenazó. Se cree la gran cosa. Además, intentó matarnos con ese virus. Debemos estar listos para disparar.
El ángel y el demonio, detrás de él. Tanto amor lo marea. Cierra los ojos un segundo. Solo uno.
Abre la guantera. Saca un par de subfusiles SIG Cloud GHX y seis cargadores de 35 balas. Los deja en el asiento.
Andrew hubiera preferido ser la única estrella, dejar que sus chicas disfrutaran de sus habilidades. Pero tiene que admitir que el lugar no es tan emocionante —o amistoso— como pensó. O tal vez son los nómadas.
—Toma, Ashley. Tú me das apoyo. Julia, dime qué pasa en la pista.
—Sí, se?or —corean.
Suspira. Tal vez no sea malo. Ashley está molesta, pero muy emocionada.
El tiempo pasa mientras recorren los puestos de comida y bebida. Andrew respira hondo. Ashley revisa el arma, practica sostenerse en la ventana para disparar. Cuando ya están al límite, Julia termina de desencriptar.
—Según esto, será una vuelta —dice—. Ya estamos conectados al sistema de posición.
Con la estética de Kario Kart, Julia le muestra la ruta, las antenas que sirven de guía. Incluso pudo hackear el sistema para obtener la ubicación de sus oponentes en tiempo real y un mapa 3D, aunque este tiene retraso.
Sin más, se dirige a la línea de inicio. A su alrededor, chicas en shorts hasta la cintura están sobre los autos, que ya rugen. Andrew mira a sus chicas. Ashley está sonriendo. Julia tiembla, pero sus ojos son como los de un halcón.
Una brisa levanta la arena, crea una cortina enorme. El rugido de las bestias espanta a las chicas que ondeaban banderas. Andrew solo mira el camino. Apenas escucha la burla de Ashley. Respira hondo. Mente en blanco. Solo importa el camino, el auto. Su corazón late como si fuera el motor.
Los perros se acercan. Puede sentir, puede ver el interior del auto. Los músculos se tensan.
Los perros llegan.
Con un movimiento veloz, Andrew cambia de marcha. El auto ruge, se estira, las costuras del asiento presionan su espalda. El desierto se vuelve una mancha. Sale disparado, acercándose a la primera posición.
Andrew solo sonríe.
Esto será suyo.
Apenas llegaron al primer punto de control cuando ocurrió.
A sus espaldas, el rugido de los motores se ahogó en una ráfaga de disparos. Pronto, munición explosiva impactaba contra los que tenían la mala suerte de ser alcanzados.
Andrew siente el volante deslizarse, el auto luchando contra su mano firme. La arena arde, puede sentir el calor, pero ese dolor solo lo fija más como un láser.
—Tercera posición —indica Julia—, pero varios autos se acercan en formación.
—?Andrew, mantenlo firme!
El grito de Ashley se corta cuando un Thornton Galerna azul se adelanta. Andrew derrapa, brinda una oportunidad, y un golpe sacude el costado.
—?Claro!
Andrew obedece. Ve a Ashley asomar medio torso por la ventanilla, el SIG Cloud GHX listo. Levanta el pie del acelerador, contiene la respiración mientras ella vacía el cargador en el vehículo rival. Concentra el fuego en el motor, no en el conductor.
—Julia, ?qué puedes darme?
Andrew desacelera para chocar contra el auto que intenta cerrarlo. Ashley dispara. Puede sentir a Julia temblando mientras asiente, pero sus ojos siguen fijos en el camino. Ya vio el tercer punto de control.
—Quedan ocho de los quince iniciales —la voz de Julia tiembla—. Hay unos tres detrás de nosotros. Estamos en tercer lugar. ?Un momento!
Andrew derrapa, crea una nube de arena. Con una mano, empuja a Ashley hacia adentro.
—?Ya! —grita Julia.
Como una se?al, Andrew ve un auto a su lado encender el nitro y salirse de la pista. Otro se detiene en seco. Uno más se apaga literalmente.
—?Qué mierda fue eso? —Ashley le saca las palabras de la boca.
Andrew mira de reojo el quinto punto de control.
—Bueno... muchos dependían de ayuda externa —Julia tiene los hombros erguidos, pide una caricia—. Usaban drones como vector de comunicación. Solamente tomé el control. Ya tengo acceso a los drones, gracias al USB de Mónica.
Andrew y Ashley comparten una carcajada. Al final, la nómada los ayudó. Pero Andrew se pregunta: ?fue una prueba? ?Para ver sus habilidades, sus recursos?
Las reflexiones terminan cuando ve la línea de meta. Toma una curva, pasa al nuevo tercero. Ya está detrás del primer lugar.
Por alguna razón, Julia comienza a disculparse.
—Nada mal, novato. Tus chicas son buenas, pero yo soy mejor. Ahora caes.
Andrew escucha a Mónica por la radio. Su auto se apaga. Lentamente. Intenta hacer algo, pero su cuerpo se siente lento, como un reflejo tardío. El dolor llega. Se desconecta. Se marea. El corazón le vuelve a latir con fuerza, casi se apaga.
Pero Andrew sonríe.
Julia dice que tomará unos segundos volver a encender. Ashley maldice, intenta disparar desde la ventana, pero se quedó sin balas. Andrew solo sonríe como un loco. Ve a Mónica reducir la velocidad. La perra quiere saborear la victoria.
Con determinación suicida, se vuelve a conectar.
Por ese segundo donde la máquina es una extensión de su cuerpo, siente cómo todo se detiene. Reúne todo lo que puede y golpea el corazón. El auto ruge. Su cuerpo se tensa, como el último aliento de un muerto.
Dos ametralladoras salen del capó.
Todavía no puede morir. Debe ganar. No puede fallar. Este auto no morirá. Vivirá.
Sigue golpeando, pero se debilita.
Andrew sonríe mirando el auto de Mónica. Queda como queso. Explota.
Julia logra encender el auto justo cuando Andrew siente el frío alejarse. La muerte estuvo cerca. Fue como si alguien le volviera a golpear el corazón. La adrenalina —o Dios— lo envuelve. Todo arde como fuego mientras cruza la meta.
—?Mierda, mierda, mierda! ?Están... eso fue... cómo lo hiciste! —Ashley salta en su asiento, las palabras se le atropellan.
Julia tiene la boca abierta.
Andrew ama cada maldito segundo.
Con la adrenalina al límite, acelera a fondo. Traza donas perfectas, el coche gira con furia, dibujando círculos de caucho quemado. Entre el humo y los gritos de euforia, siente el control absoluto.
La bestia baila para él.
Ha ganado.
Fin.

