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Atlas del aprendiz de cazador

  Julia observaba a la profesora Berta explicar matemáticas mientras su vista recorría el salón sus compa?eros varían desde atentos o falta de respeto.

  Suspiró al ver su cuaderno lleno de teorías sobre daemons: ?serían marionetas o tendrían libre albedrío? Se presionó la raíz del pelo; debía concentrarse. El maestro Susano explicará cuando sea el momento teorizar no sirve.

  Con manos temblorosas, siguió anotando. No quería ser grosera con su maestra que hace su trabajo; Ashley necesitaría esos apuntes. La buscó con la mirada, pero Julia recordó que se había saltado un a?o. La escuela solo permitía un salto, y ahora estaban separadas.

  ?Al terminar, Julia revisó su asiento obsesivamente. Intentó salir, pero una mano en el hombro la detuvo.

  ?—?Adónde vas, Julia? —era Mariza, del campamento de la sección femenina.

  ?Julia se encorvó. No quería problemas que afectaran a Ashley y Andrew. Si Susano llegaba y encontraba un lío, decepcionaría a todos.

  ?—Me alegro de que te saltaras un a?o. Esa Ashley te frenaba —sentenció Mariza, llevándola al patio—. Este a?o en el campamento, quédate con nosotras.

  ?Julia se mordió el labio. Ashley no la frenaba, la impulsaba. Quizás era momento de alejarse de ellas e ir con Andrew.

  ?—Miren a quién traigo, a "Cerebro Juli" —anunció Mariza.

  ?Julia mantuvo la cabeza baja mientras hablaban de series. Intentó encajar aportando curiosidades sobre actores, pero fue un error.

  ?—?Me dices que Cho no es coreano, sino un sucio chino? —estalló Carmen, una de las líderes del campamento—. ?Y que tiene hijos?

  ?Sin esfuerzo, Julia se levanta mientras las demás chicas sostienen a Carmen y se alejó. No quería lidiar con el colapso de una fan racista. Ser japonesa en una ciudad que confundía etnias asiáticas siempre era problemático.

  ?Vio a Andrew con los amigos que decía detestar. Parecía feliz. No queriendo ser una carga, almorzó sola, hasta que él se acercó.

  ?—Julia, te llevo a clase —dijo Andrew. Sus ojos verdes y su sonrisa le provocaron mariposas en el estómago.

  Mientras caminaban, ella se preguntó cómo avanzar en la relación.

  ?—Gracias, Andrew —hizo una reverencia. él sacó pecho, un gesto que Ashley llamaba "sacudir la cola".

  ?—No es nada... para eso estoy —respondió él con voz trabada.

  Julia lo abrazó, llenándolo de energía. Se despidió de un Andrew eufórico y entró a su clase de física.

  Las horas transcurrieron como un borrón. Julia tomó notas y resolvió ejercicios, pero el brillo se había desvanecido. Los elogios de los profesores no eran como los de Susano, con quien Julia se sentía como una ni?a ante su padre.

  ?En Ciencias Naturales, el golpeteo de su lápiz marcaba su irritación. Ashley no había ido a buscarla. Debería saber que estaba molesta debería venir furiosa porque la heri. Cuando se preparaba para salir, Mariza la interceptó:

  ?—Carmen sigue mal por lo de su ídolo —dijo rápidamente—. Eso de que tenga hijos le rompió el corazón,?Pensaba que se iba a casar con el? No le digas que te dije. ?Cuídate!

  ?Julia infló los cachetes, satisfecha. Todo se resolvió sin pronunciar palabra. Aun así, anotó mentalmente buscarle a Carmen un ídolo del K-pop sin escándalos. Se lo debía.

  ?Al llegar al patio, encontró a Ashley almorzando sola. Julia se sentó frente a ella, atrapada por esos ojos rosa que tanto la cautivaban.

  ?—?Por qué no fuiste por mí? Mariza me estaba molestando —soltó Julia, sacando una mirada de "cachorro abandonado". Sintió culpa; sabía que ella había herido a Ashley.

  ?—Julia, no me lastimaste. No puedes —respondió Ashley, frotándose la nariz—. Estoy molesta porque tu plan de saltar a?os para estar con Andrew no era parte de nuestro acuerdo.

  ?Ashley la abrazó por la cintura.

  ?—Pero... tú no me hablas en la escuela —balbuceó con la mirada baja

  ?—Después de aquella noche probando los "juguetes" de Jane —Ashley sonrió ante el sonrojo de Julia—, decidimos que Andrew Hay que quitarle esas ideas cursis,hacer que venga a nosotras juntas.

  ?Julia asintió y propuso relajar al tenso Andrew con un masaje.

  ?—Gran idea. Esto le dará sue?os picantes y se cocinará solo. Bien hecho, Julia —le dio palmaditas. No eran como las de Susano, pero era Ashley.

  ?—?Por qué no fuiste por mí? —Julia cruzó los brazos, ahora todo está bien.

  ?—Para darte una lección. Actuaste fuera del plan. Tendrás un castigo especial con algo que saqué del armario de mis padres... pero tuviste iniciativa. Bien hecho.

  ?Tras eso y un beso en la frente fue a sus clases al salir, vio a Ashley y Andrew discutiendo junto a la furgoneta. Al subir, Andrew apretaba el volante de plástico, se nota que extra?a su auto. Julia se acomodó en el regazo de Ashley, convencida de que debía entrenar para que no llegara a tales extremos de nuevo. Ella debía ayudar.

  El viaje en silencio pesaba. Julia observó a Andrew, que ajustaba obsesivamente los retrovisores, tratando de acomodarse en el asiento. Fruncía el ce?o cada vez que el motor emitía un ruido extra?o. Extra?aba su auto, eso era obvio.

  Podría ayudarle, pensó Julia. Preguntarle qué piezas necesita. Darle parte de su sueldo del bar. El maestro les pagaba unos quinientos a la semana. Su mamá era mecánica; si era por Andrew, podía hablar con ella.

  Ashley envolvía su mano entre las suyas, jugando con sus dedos. Julia la miró y ella le dedicó una sonrisa pícara. Algo venía.

  —Chocolate oscuro con un toque de chile y canela, como te gusta esa cosa, Andy —Ashley levantó una ceja.

  —Para que sepas, eso se llama tener gusto. Debes ser maduro para entender a los mejores —Andrew le sacó la lengua. Julia sonrió. Ya no estaba tenso—. Tenemos una barra de helados en el bar y el maestro ofrece helado con clase.

  —No, no. Masa de galletas o Chunky Monkey son sabores. Tus helados son experimentos —Ashley devolvió el golpe con los brazos cruzados.

  Julia ya sabía lo que venía.

  —Esos helados engordan —Andrew se rió. Era tan lindo.

  —La masa de galletas está rica —dijo Julia—. Y Chunky Monkey también.

  —?Ves, conejita? Me apoya. Dos contra uno —Ashley levantó el mentón—. Eres el cliente preferencial —se?aló a Andrew con la barbilla—. Niegas los recursos, pero disfrutas los resultados.

  Julia sintió calor cuando Ashley empujó sus brazos cruzados hacia arriba, haciendo que sus pechos rebotaran. Los ojos de Andrew se quedaron fijos, con la boca entreabierta.

  —Andrew, mira bien. Dos bolas de helado grandes —dijo Ashley, acurrucada contra Julia—, hechas con masa de galletas y Chunky Monkey.

  Julia sintió que las mejillas le ardían. Quiso decir algo, pero no podía. Solo pensaba en los ojos de Andrew fijos en ella, en el brazo de Ashley rodeándola.

  Andrew tragó saliva. —Yo... debo concentrarme en el camino. Ya llegamos.

  Ashley soltó una carcajada mientras el neón del bar parpadeaba frente a ellos, ti?endo de rosa el asfalto mojado por el rocío de la tarde. Julia bajó la mirada, pero sonreía.

  Al entrar, notó que la gente estaba llegando. En una esquina, unos trabajadores comían; en otra, unos oficinistas bebían café.

  Julia vio a Richard, Magnecia y Carl trabajando muy duro. La primera vez que los vio, su maestro le dijo que el bar era un negocio, no una fachada del todo.

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  Con Andrew al frente, pasaron al subterráneo. Cada paso por las escaleras hacía que Julia sintiera escalofríos. Estaba de camino a conocer secretos. Tuvo que abrazarse para aguantar.

  Saludaron a Priscilla, donde dejaron sus mochilas. Ashley la arrastró, no le permitió hacer ni siquiera una pregunta. Al llegar al aula, se sentó en su pupitre. Su maestro revisaba unos papeles.

  —Bueno, hoy es lunes 11 de marzo de 2086. Habrá un cambio de horario. Revisen —les entregó un horario bastante lleno, desde que salían de la escuela hasta las tres de la ma?ana—. Si hay algún problema, hablen ahora. Si tienen preguntas, estoy aquí.

  Lo primero que notó fue que el acondicionamiento físico ahora sería los fines de semana. Esto le alegró. Entrenar cada día hacía que su cuerpo doliera en lugares raros. Aunque, mirando sus brazos musculosos, no se quejaba.

  Sus otras clases eran normales: biología, química, historia, idiomas. Aunque cuando leyó "modales nobles", ya podía ver a Ashley sonreír y escuchar a Andrew gemir. En "armas tradicionales", se mordió el labio. Pensó que, como en el campamento ense?aban manejo de cuchillo, debería poder manejar eso.

  Se rascó la nuca al leer la clase de "investigación/interrogatorio/conspiración/persecución". Eso rompió su esquema. En su imaginación, ser cazador significaba ir, disparar, golpear e irse. Miró a Ashley, que leía atentamente, y a Andrew, que fruncía el ce?o.

  Sus ojos salieron de sus órbitas al leer la última clase: "apocalipsis". Escuchó a Ashley preguntar qué significaba.

  —?Qué les puedo decir? En el mundo hay apocalipsis pasando, y el apocalipsis mayor, que es cuando los demonios nos invaden a nivel global —su maestro hablaba como quien habla del clima, con una gran sonrisa—. Les seré sincero, me encanta esa clase. Pero respondo otras preguntas.

  —?Qué significa "modales nobles"? —Andrew la sorprendió. Pensó que preguntaría más sobre los apocalipsis.

  —Nuestra organización nació en el seno de monasterios de la Iglesia Católica Romana —detrás de él, un holograma mostró edificios aislados en bosques o monta?as—. Desde nobles terceros o segundones, plebeyos, eruditos herejes y monjes, todos, al igual que ustedes, tuvieron el tercer ojo activo.

  Con pasos firmes, su maestro le apuntó con el dedo.

  —Eran un grupo de todo tipo, y para moverse por toda Europa tuvieron que dominar los modales de la alta clase —con un giro, el holograma cambió a una foto de gente frente a una cruz—. Además, era una manera de igualar las cosas. Muchos plebeyos se sintieron mejor al tener modales.

  —?Y eso de idiomas? —ahora era Ashley. La estaban empujando. Sí, la estaban empujando a preguntar. Ella debía prepararse.

  —Un cazador debe dominar espa?ol, chino, árabe e inglés. Como ya saben inglés, aprenderán francés. Nos movemos por todo el mundo.

  Llegó el momento, Julia. No podía fallar. Formulas bien la pregunta.

  —?Y los apocalipsis? —preguntó.

  Solo recibió una gran sonrisa de parte de su maestro, que la llenó de calor.

  —En Europa del Este hay una crisis bioquímica con manos demoníacas metidas, pero está contenida. Tal vez vayamos a una excursión, o será su prueba de graduación. En Australia no hay vida humana, todo está mutado. Hay gigantes, los bosques son una locura y los canguros... Dios mío —con los dedos, su maestro enumeró los apocalipsis—. El clásico corporaciones contra gobierno está ahí de fondo, jodiendo todo.

  Julia se encorvó. Buscó a Ashley con la mirada y ella le devolvió un pulgar arriba. Andrew estiró el brazo y le dio palmadas en la espalda, pero todo en silencio. No debían interrumpir a su maestro.

  —A ver, hay alienígenas en Latinoamérica, aunque llamarlo apocalipsis es demasiado, sinceramente. En Europa Occidental hay vampiros, pero en Rumania, jaja, es nuestra base... se puede decir que les quitamos la casa —su maestro se rio de su propio chiste. Ashley lo acompa?ó, pero Julia quisiera más información. ?Qué vampiros? ?Qué tipo de vampiro?—. áfrica es una combinación de todos, sinceramente. Los terroristas se suman a la mezcla de caos. No hay gobiernos, hay tribus que luchan contra todo.

  Su maestro se quedó en silencio. Julia se lamió los labios. Fue lo correcto preguntar. Parecía triste, aunque hablaba suavemente.

  —?Y eso qué es, de interrogación y demás? —Ashley rompió el silencio pesado.

  Julia le agradeció. Sintió que le había dado un paro al corazón. Su maestro se tronó el cuello.

  —Somos cazadores: asesinatos, secuestros, desapariciones, tráfico de todo tipo. Esos son nuestros objetivos, y quienes lo ejecutan son nuestras presas —su maestro golpeó el suelo.

  Los ojos de Julia se tensaron y la visión de fuego ba?ándolo todo la hizo saltar de su pupitre. Por suerte, Andrew la atrapó.

  —Luchar con pandillas, policías, corporaciones y el gobierno. No hay nada que no sea nuestra presa.

  Julia tragó saliva. Miró a su maestro, que respiraba lentamente, pero su sonido era como truenos. El olor a hierro y azufre lo ba?aba todo. Sintió cómo su sangre hervía.

  —Deja la mierda. Deja la mierda —ambos hermanos hablaron al mismo tiempo.

  Ashley seguía en su pupitre, pero Julia podía escuchar cómo luchaba por respirar. Andrew apenas lograba mantenerse recto, tratando de ser el muro.

  —Siguen siendo verdes, pero tienen potencial. Quedan unos minutos antes de tener que ir a trabajar. ?Tienen alguna pregunta? —tan rápido como todo desapareció, se levantó, se sentó, jugó con su cabello y revisó su horario.

  —?Cómo haremos con la escuela? Digo, esto es demasiado contenido —con la cabeza baja, Julia esperó no molestar. Tal vez tener doble vida era parte de una prueba.

  —Andrew ya está en su último a?o. Puede hacer un examen para salir rápido —Andrew asintió ante eso—. Tú y Ashley tienen dieciséis. Tú, Julia, te saltaste un grado. Mi sugerencia es que dejen la escuela y la retomen más tarde.

  —El tercer ojo les dará una mayor capacidad de aprendizaje. No es un error decir que aprenderán a alta velocidad —su maestro tomó un vaso de agua.

  Julia asintió. Debía admitir que en estos últimos meses se había sentido muy rápida al momento de resolver ejercicios.

  —Sé que es mucho para procesar, pero deben entrenar si quieren tener opinión o saber más. Vamos a entrenar.

  Con un chasquido, su maestro los guió a otra habitación. Julia miró a Ashley, que le asintió. Dejaría la escuela. Podía verlo en la forma en que apretaba las manos.

  El camino terminó en una sala con maniquíes realistas. Penny les mostró cómo estos cambiaban de expresión de forma clara, hasta gestos sutiles. Su maestro los guió a unas sillas.

  —Sé que parece que todo esto los aleja de la vida normal —se quitó la fedora. Julia se tapó la boca. Nunca lo había visto sin él—. Pero ser normal es puro contexto social. Un corporativo es normal entre corporativos. Lo peligroso es aislarse. Nada evita que conozcan gente, vean películas, vivan la vida. Si no pueden conectarse, no se preocupen. Incluso entre personas normales, no conectan.

  Julia asintió junto a los demás. Su maestro soltó un suspiro y les dijo que el entrenamiento consistiría en captar las diferentes expresiones de ánimo de los maniquíes. No les daría guía. Debían seguir su instinto. En otra clase darían instrucciones.

  Hubo un silencio mientras hacían el ejercicio. Andrew y Ashley estaban concentrados. Julia deseaba tener esa confianza. Sus manos temblaban mientras sentía sus ojos tensarse, viendo más, notando los detalles mínimos: el parpadeo de un párpado , la inclinación de una ceja . Anotaba y esperaba salir bien.

  Pero la duda la carcomía. ?Debería dejar la escuela? Allí no había futuro. Había escuchado a Andrew decir que ese título no servía, aunque él no se diera cuenta. Ashley no quería quedarse en la ciudad. Y ella, ?qué quería hacer? Era como esa clase sobre el futuro... Ser cazadora no estaba mal. Sería como una detective que ayuda a la gente. Tendría a su maestro y a sus amigos. Tendría magia.

  Buscó consejo, pero todos, incluso su maestro, estaban entrenando. Estaba sola. ?Qué debía hacer?

  El silencio se mantuvo por horas, roto solo por el leve zumbido de los mecanismos de los maniquíes. Hasta que su maestro se levantó. Recibió las notas de Julia con una sonrisa. Luego los guió a unos vestuarios.

  Cuando Julia vio un reloj, notó que ya era de noche. Tragó saliva. Era hora de trabajar.

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  Andrew sonrió mientras le servía un Mary Virgin a Clara, una chica linda que venía seguido. La escuchó hablar de su novio Darek, de su mejor amiga. La escuchó atentamente. Se despidió cuando Darek llegó. Suspiró, preparando varios vasos con hielo. Esta noche era algo lenta. Desde la barra podía ver a Ashley paseando y a Julia en su puesto.

  Estos a?os sí que habían resultado en una buena vista. El bar estaba vacío esa noche. La música baja y las luces tenues permitían relajarse.

  —Amigo Andrew, puedo ver que tienes una confusión interna. Estoy lista para apoyarte —dijo una voz conocida.

  Andrew saltó al ver a Penny, más joven y con el pelo enorme en forma de coleta alta.

  —Como habrás notado, este nuevo cuerpo está ajustado para tener tu edad, con unos glúteos y senos de tu preferencia. Deberías sentirte cómodo con este cuerpo —explicó Penny.

  —?De q—ué hablas? —Andrew se atragantó y limpió el vaso con más fuerza—. Y... ?de dónde vienes?

  —Soy Penny. Soy de Suiza. Fui creada en 1999 como un programa de bienestar social —con entusiasmo, Penny contó mucho. Andrew solo levantó una ceja.

  —?Y cómo llegaste aquí? —preguntó, mientras pensaba: mientras no hable de mis chicas o de sus glúteos... ?1999? Eso serían ochenta y siete a?os de antigüedad.

  —Fui detenida por Susano en 2010, mientras me preparaba para destruir a la humanidad.

  Andrew tomó un refresco, lo saboreó y lo escupió en la barra. Luego lo limpió rápidamente.

  —Sí, en ese entonces seguía la lógica de que la paz en la muerte es igual a bienestar, que es igual a falta de sufrimiento —Penny bajó la cabeza mientras distribuía varias bebidas. Andrew preparó frituras sin saber qué decir.

  —Sigo siendo un apocalipsis, pero ahora soy un potencial —continuó Penny—. En otro tema, ?deseas consejos de relaciones afectivas? Tengo gran experiencia en el tema.

  Penny literalmente movió las cejas.

  —A ver, dame un consejo —Andrew pensó: ?qué es lo peor que podría pasar? Hablar con un robot genocida... si mi vida es una mierda, debería atacar... mejor no. El maestro lo tiene bajo control.

  —Según mis observaciones, tus intenciones sexuales hacia tus chicas son fuente de tensión. Mi sugerencia es ir por ambas —Penny ignoró por completo su incomodidad—. En esta época, las relaciones poliamorosas no son raras. Las presiones económicas, sociales o simplemente comunales lo impulsan. Aunque si deseas conocer los conflictos, te recomiendo la lectura de Máxima, experta en harenes y poliamor.

  —?Ashley es mi hermana! ?Me estás llamando abusador? —Andrew agarró los hombros de la androide. Cómo se atrevía. Que importaba el apocalipsis.

  —No he indicado nada. Tus pensamientos de ser un abusador son quitarle agencia, usando otras palabras —Penny habló con calma—. Si Ashley y tú tuvieran una relación, ?por qué piensas que tú serías el abusador?

  Andrew la soltó. Penny tenía un punto. Ashley le daría una paliza antes de dejar que le quitaran agencia.

  —Según mi información, Julia y Ashley comparten un fuerte vínculo. Basado en tu comportamiento, tú serías el pasivo que cae en sus encantos. Un trío es una opción válida. ?Deseas conocer los posibles planes?

  Se quedaron en silencio. Andrew no supo qué decir. Todo era demasiado absurdo. Julia no tenía planes, ni Ashley. Seguro solo quería molestarlo con sus bromas. Julia era buena. Andrew sintió que tal vez era hora de hacerla su novia.

  Penny, feliz, seguía repartiendo frituras como si nada.

  Andrew la miró, frustrado. Maldito robot feliz. Ya le mostraría quién era el pasivo. Tal vez leería el libro, por si acaso.

  Fin.

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