home

search

30. Identidad del intruso

  En el instante en que la puerta del armario se abrió, algo grande salió disparado a toda velocidad. Tanto Mochi como Miyu se hicieron a un lado, esquivando por muy poco a la anomalia.

  —?Cómo era? No alcancé a verla —preguntó Mochi.

  —Eso no importa, Sempai. ?No dejemos que escape! —respondió Miyu.

  La criatura dio una vuelta frenética por la habitación, revoloteando como un pájaro fuera de control mientras chocaba contra cajas y muebles, tirándolo todo a su paso, para luego dirigirse a toda velocidad hacia la puerta.

  —?No te lo permitiré! —Mochi saltó frente a la salida, cortándole el paso.

  La anomalía cambió de rumbo de inmediato, dirigiéndose ahora hacia la ventana. Con la velocidad que llevaba, era evidente que pretendía atravesar el cristal.

  —?Miyu, cubre la ventana!

  Miyu saltó frente a ella y extendió su sombrilla, bloqueando por completo el acceso sin dejar ningún hueco.

  La criatura volvió a cambiar de trayectoria en el último segundo y terminó huyendo hacia una esquina de la habitación.

  —?Sempai, pude verlo! ?Está escondido bajo un abrigo!

  Ambas corrieron hacia él por rutas opuestas para evitar cualquier posible escape.

  Mochi llegó primero, pero lo que vio la dejó completamente desconcertada.

  No era una anomalía, sino dos… y la apariencia de ambas era tan ridícula como inquietante.

  La primera anomalia no estaba escondida bajo un abrigo: la anomalía era el abrigo. Una parka verde, flotando torpemente en el aire como si tuviera vida propia.

  La segunda era mucho más peque?a: un ojo humano con cuatro patas de ara?a, que se movían con chasquidos secos.

  La parka dio un peque?o movimiento flotante hacia Mochi. Ella reaccionó al instante, levantando los brazos y poniéndose en guardia como una boxeadora lista para contraatacar.

  Pero, contrario a lo que esperaba…

  La parka se dejó caer de rodillas frente a ella. Las mangas se doblaron como si fueran brazos humanos y juntó las “manos” en un gesto de súplica. La capucha tocó el piso, temblando.

  —?Eh…? —Mochi parpadeó, bajando lentamente los pu?os.

  El ojo con patas avanzó unos pasos y soltó un gru?ido áspero. Su voz era ronca, como la de un fumador empedernido.

  —??Qué estás haciendo, cobarde?! ?Levántate! ?Es hora de luchar! ?Enfréntate a la cazadora!

  La parka, lejos de obedecer, comenzó a suplicar con más fervor, inclinándose aún más y arrastrándose hacia Mochi con movimientos desesperados. Incluso hundió la capucha contra el suelo como si estuviera besando la tierra.

  —E-está… ?pidiendo perdón? —dijo Mochi, retrocediendo un paso, completamente confundida.

  El ojo, irritado, intentó golpearla con sus patas delanteras, pero sus golpes eran tan débiles que apenas hacían mover la tela.

  You might be reading a stolen copy. Visit Royal Road for the authentic version.

  —?Te dije que te levantes, inútil!

  La parka ni siquiera reaccionaba; seguía temblando y “rezando” sin parar.

  —Ehh… ?están peleando entre ustedes? —susurró Miyu, acercándose lentamente.

  Mochi observó la escena sin saber si reír o atacar.

  —Esto… no es lo que esperaba —murmuró, bajando del todo la guardia—. Oigan… ?no van a luchar o qué?

  El ojo soltó un largo suspiro agotado, como aire escapando de un globo pinchado.

  —Tch… no somos del tipo que pelea —admitió con frustración—. Y esa cobarde mucho menos.

  Mochi entrecerró los ojos, aún indecisa. Recordó entonces las palabras de Haruka: “Las anomalías son seres que se alimentan de humanos.”

  —Un momento… —dijo finalmente, cruzándose de brazos—. Las anomalías son monstruos que atacan personas para comérselas. ?No se supone que eso es lo que hacen?

  El ojo giró hacia ella, la pupila dilatada como si estuviera agotado.

  —?Qué clase de prejuicio es ese? —refunfu?ó—. Por supuesto que no todos hacemos eso. Algunos vivimos del éter que los humanos despiden naturalmente. Es como… —pausó, buscando un ejemplo— como una planta que vive del sol y la tierra.

  —?Del… sol y la tierra? —repitió Mochi, confundida.

  —Sí. No hace falta tragarse a nadie para sobrevivir. Solo los ambiciosos, los que desean poder, son los que atacan humanos.

  Mochi los observó unos segundos. La parka seguía en el suelo, temblando y juntando sus “manos” en súplica; el ojo apenas mantenía la compostura.

  —Entonces… —dijo lentamente—, ?ustedes dos son… buenas anomalías?

  —Bueno… “buenas” es una palabra un poco fuerte —respondió el ojo con un tono grave—. Digamos que somos… pacíficas.

  —Miyu, ?tú qué dices? La verdad no tengo idea de qué hacer —Mochi buscó la mirada de su amiga, esperando algún consejo.

  —Yo tampoco sé qué hacer… —admitió Miyu—. A decir verdad, no me sentiría bien eliminando a alguien que no quiere hacer da?o y que ni siquiera puede defenderse…

  Siguió un largo silencio mientras ambas trataban de decidir qué hacer. Pensaron en llamar a Zeke para consultarle, pero temían que él les dijera que las eliminaran sin pensarlo dos veces.

  El debate terminó abruptamente cuando una alarma sonó: el recordatorio que Mochi había puesto para no olvidarse de ir a clases.

  —?Miyu! ?Se nos hace tarde! ?Hay que irnos! —Mochi salió corriendo hacia su habitación y volvió segundos después con su uniforme escolar puesto. Tomó a Miyu de la mano y la arrastró hacia la puerta.

  —?Espera, Sempai! ?Qué hacemos con las anomalías?

  —Si no nos vamos ya, vamos a llegar tarde otra vez. No puedo seguir acumulando retrasos —Mochi corrió hacia las criaturas—. ?Ustedes dos quédense aquí y no hagan nada raro! ?Hablaremos cuando regrese, ?entendieron?! —gritó, antes de salir con Miyu corriendo hacia la parada del bus.

  —

  Regresaron al departamento cuando el sol ya estaba ocultándose. Se detuvieron frente a la puerta; Mochi tragó saliva, imaginando qué podría encontrar dentro. ?Habrían obedecido? ?Estarían escondidas? ?Habrían destrozado el lugar? ?O se habrían escapado?

  Miyu entró primero y miró alrededor.

  —Sempai… ?acaso se fueron?

  Mochi negó lentamente.

  —Puedo oírlos. Están por allí —dijo, se?alando hacia las habitaciones.

  Se acercaron con cautela… y descubrieron que las anomalías estaban dentro del cuarto de Mochi.

  —Sempai… ?qué están haciendo dentro de tu habitación?

  Mochi se detuvo a escuchar con atención. Sus orejas felinas se movieron ligeramente, enfocándose en el sonido.

  —El ojo está hablando… —susurró—. Dice algo sobre “buscar más al fondo para encontrar una debilidad”.

  —?A qué se refieren con eso? —Miyu le susurró, preocupada.

  —No lo sé… pero entremos por sorpresa para atraparlos con las manos en la masa —Ambas se colocaron frente a la puerta, Mochi sujeto el pomo lista para entrar.—

  Lista: 3… 2… 1… ?ya! —ordenó Mochi.

  Ambas irrumpieron en la habitación… y se quedaron congeladas.

  El cajón donde Mochi guardaba su ropa íntima estaba abierto. Había bragas esparcidas por toda la habitación como si un huracán las hubiese lanzado por los aires. Las dos anomalías estaban frente al cajón, muy concentradas. La parka sostenía entre sus mangas una de las prendas.

  Y no una cualquiera.

  Eran unas bragas particularmente sexys: negras, de encaje, ligeramente transparentes, absolutamente fuera de lugar para alguien tan inocente como Mochi.

  Las había comprado por error durante una compra online, y solo se dio cuenta cuando llegó el paquete. No quiso tirarlas porque eran caras, así que las escondió al fondo del cajón… y se olvidó de su existencia. Hasta ahora, que estaban siendo admiradas por una anomalía.

  —?Lo encontramos! —declaró el ojo con entusiasmo, alzando la prenda como si hubiera descubierto un artefacto legendario—. ?Es diferente a todas las demás! ?Seguro que es un objeto mágico oculto!

  —???E-eso… e-eso no es mío!!! —gritó Mochi con la voz rota, retrocediendo con las orejas completamente tiesas de vergüenza.

  Miyu la miró, boquiabierta, el rostro rojo como un tomate.

  —S-sempai… ?e-eso es… tuyo?

  —???FUE UN ERROR DE COMPRAAAA!!! —chilló Mochi, tapándose la cara con ambas manos.

  Las anomalías se quedaron en silencio, mirándose entre ellas.

  —?Un… error? ?Entonces no sirve para nada? —preguntó el ojo, confundido.

  Miyu no pudo contenerse y soltó una carcajada que casi la dobla por la mitad.

  —S-sempai… si algún día las usas… ?me mostrarías cómo te quedan?

  El comentario cayó como un meteorito.

  Mochi se desplomó de rodillas, temblando, con la cara tan roja que casi iluminaba la habitación. Un segundo después se levantó bruscamente.

  —???USTEDES DOS ESTáN MUERTOS!!!

  Las anomalías chillaron y salieron disparadas, corriendo por la habitación como ratones perseguidos por un gato furioso. Mochi iba detrás de ellos, lanzando golpes que dejaban marcas en las paredes, sacudían muebles y hacían temblar toda la casa.

  —?Sempai, por favor, calma! —intentaba detenerla Miyu, aunque estaba igual de roja que ella.

  Después de una persecución caótica que pareció durar una eternidad, Mochi logró acorralar a las dos anomalias en una esquina.

  —?Si los vuelvo a ver cerca de mi cajón, los pulverizo! ??ENTENDIERON!?

  Las dos anomalías asintieron rápido, temblando como si sus vidas dependieran de ello (y probablemente era así).

  Miyu tomó aire y les explicó con paciencia qué era la ropa interior, por qué era personal y por qué estaba mal hurgar en las pertenencias ajenas.

  Luego recogió las bragas del suelo, las sostuvo con dos dedos como si sostuviera un objeto fragil, y se las ofreció a Mochi con timidez.

  —Sempai… ?quieres que yo las guarde en el cajón?

  —???NOOOOOO!!! —gritó Mochi, arrancándoselas de las manos y escondiéndolas de inmediato en el armario más cercano.

Recommended Popular Novels