Pasaron los días acordados y el grupo se reunió nuevamente. El clima, naturalmente frío del continente de Ulfria, creaba una asombrosa pared de niebla escarchada alrededor de Thar-Abbys, y la aparición casi espectral del Multicontinental, rodeado de luces y brillos, solo a?adió dramatismo a la melancólica estación en la cual apenas se podía divisar más allá de algunos metros.
"El Multicontinental con destino a las regiones de Ulfria, Isla Selva de Oro, Allaughashir, Dremoria, Nher Vael Arhym, Instituto Fortuna y ciudad de Eophock está llegando. Por favor, empiecen el ascenso. Se les pide que no olviden nada, ya que pasando Ulfria atravesaremos el mar arcoíris y, por ende, no podremos detenernos, disminuir la velocidad, ni cambiar de dirección. Gracias por su preferencia"—anunció una voz femenina que salía de las ecoquarzitas, formaciones cristalinas de tono purpúreo empotradas a lo largo de la instalación, cuyo tinte variaba en coordinación con la voz que emitían.
Todos los aventureros miraban los postes de anuncios y las pizarras de misiones por si alguna era de su agrado o por si quedaba en su ruta de paso. Por su parte, en la plataforma A1, Mina, íthil y Jacob preparaban su abordaje.
"?No olvidan nada? Sería muy desagradable si dejan alguna herramienta importante"—dijo Mina en tono serio mientras tomaban todo su equipaje.
"Descuida, traemos lo necesario"—íthil y Jacob asintieron con la cabeza.
Entre los tres, el más agitado era Jacob, que tenía en la mira al carro maletero encantado, al cual trataba de subir su equipaje sin tocarlo, nerviosamente. Justo cuando parecía triunfante, el carro se movió ligeramente unos milímetros, tocando a Jacob y desatando su desafortunada alergia, iluminando todos los andenes del área.
"?No puede ser!"—gritaba Jacob mientras íthil reía a todo pulmón.
íthil arrojó al quemado Jacob a un sofá del camarote donde se alojaban.
"No tengo duda, Jacob, serás de mucha ayuda en las misiones, ?jajajajaja!"—decía íthil mientras sostenía una risilla burlona.
Después de instalarse, íthil durmió un rato más mientras Jacob realizaba un inventario de su recién comprado taller portátil de reparación de armas y una peque?a hornilla. Mina, por su parte, preparaba frascos resistentes de cuarzo con sus respectivos activos alquímicos y medicinales. Un viaje de dos días y tres noches les esperaba.
Al amanecer del tercer día y ya pasando la ciudad de Nher Vael Arhym, el grupo se preparaba. Ante ellos aparecía un árbol como ningún otro que hubieran visto. Aún no veían la base de este y ya observaban su copa; esta se elevaba enorme y despreocupada en el horizonte, más allá de las nubes, mientras su tronco, enorme, dejaba ver en él un enorme y bullicioso asentamiento que se anidaba en su corteza y a lo largo de las ramas más gruesas.
Unos minutos después, llegaban a la estación incrustada en una de las raíces del árbol, donde múltiples vehículos también estaban llegando y partiendo.
"Nunca había tenido la oportunidad de visitar Eophock, la verdad es bastante intimidante"—dijo íthil, asombrado por las dimensiones del árbol, pero con un tono de desconfianza.
"Yo tampoco… debo coincidir contigo, ?es enorme! Pero se percibe un aura de tranquilidad de este árbol"—decía Mina mientras observaba la ciudad superior en las ramas. Una multitud de vehículos de todos tipos transitaban entre las ramas y bloques residenciales enteros se alojaban en su tronco.
"Es increíble esta ciudad, en lo particular acepto que es grande, pero nada es más extraordinario que las minas de platino debajo de Thar-Abbys; ?ellas realmente me dejaron sin aliento!" Mina e íthil miraron resignados a Jacob, que se perdía en sus fantasías mineras.
Miraron a su alrededor desde la rama enorme que los alojaba. Desde ahí pudieron ver distritos de vivienda, plazas y áreas de comercio situadas sobre el árbol y sus raíces. Mientras, en los contrafuertes más lejanos se situaban granjas con plantíos escalonados. Con este paisaje pudieron comprender la verdadera dimensión del árbol.
"?Vaya, realmente es increíble la existencia de este árbol en el desierto! Uno pensaría que esta tierra es pobre e infértil"—Mina decía mientras trataba de poner orden a su pelo que jugueteaba sin control en el aire.
"En realidad, están equivocados, ni?os, es por el árbol que existe el desierto de Dumas. Este árbol es un Amhin-Talogh, un árbol espíritu del reino de Garod"—dijo una atractiva voz femenina.
Los tres aventureros voltearon su mirada a un escaparate de un establecimiento de la estación cercano. En el balcón de este se encontraba sentada una mujer cuya edad era peligrosa de discernir, de pelo negro y lacio que caía como una cascada sobre sus hombros, a lo largo de su espalda y hasta la mitad de sus muslos. El tono oscuro y profundo de su cabello contrastaba con su piel de tez rosa suave. Arillos amplios de cabello adornaban cada lado de su cara y un platinado tatuaje de serpiente recorría su brazo derecho. Portaba un amuleto de platino pulido y un vestido tipo chino largo sin mangas. De ella emanaba un olor agradable y relajante; en sus ojos se podía observar una profunda experiencia, pero su cara con restos de una gran pierna de cerdo ahumada a medio comer que sostenía con la mano derecha le restaba algo de puntos al encuentro.
"?Aah!"—emitieron Jacob e íthil con la boca abierta, hipnotizados mientras Mina los juzgaba con la mirada.
La encantadora mujer, limpiándose con un pa?uelo, se acercó a íthil y Jacob, y con su dedo índice suavemente les cerró la boca a cada uno.
"Como les decía, ni?os, este árbol crea el desierto entre sus raíces. Estas se extienden por todo Dumas y en sus raíces más gruesas y descubiertas se encuentran los caminos, oasis y asentamientos medianos, y en medio de estas se encuentran las extensiones de desierto de Du… ma… s… ?Me están escuchando?"—preguntó la mujer a íthil y Jacob que la miraban intensamente, a lo cual solo asintieron con la cabeza mientras intensificaban su mirada.
?PHOOM!—resonó en el establecimiento, acompa?ado de un ligero temblor. Todos callaron y voltearon a ver cómo Mina recuperaba la capacidad del habla de sus compa?eros con un ligero golpe en la cabeza a cada uno.
"Debo disculparme por mis compa?eros, veo que son ligeramente débiles a ciertos estímulos"—dijo mientras daba golpecitos con la punta del pie en los cuerpos desmayados de sus compa?eros.
Suspirando ligeramente, la hermosa mujer miró a Mina y suavemente rio.
"Bien, tus amigos y tú tienen una tarea, por lo visto"—exclamó mientras miraba el medallón de madera de Mina y los otros 2 que se encontraban en el piso.
"Sí, y veo que también usted tiene alguna"—Mina apuntó con su mano el medallón de platino que sostenía en sus hombros una media capa roja. Este poseía letras de diamante que claramente marcaban una doble SS, denotando el nivel más alto entre los aventureros y maestros; inclusive directores y maestros usualmente solo llegaban a una S.
"Claro, todos tenemos trabajo, es raro el alumno de Thar-Abbys que no lo tenga"—dijo la mujer riendo encantadoramente mientras tomaba un bolso mediano de al lado de su mesa.
"?ánimo, estudiantes, y suerte con sus misiones!"—dijo una última vez antes de desaparecer entre la multitud de gente que transitaba en la estación. Esta se apartaba a un lado como si dejaran libre el paso a tan bella mujer.
Mina resopló y murmuró—"Por supuesto… todos tenemos trabajo"—cargando a los dos inconscientes y arrojándolos en una banca cercana donde al poco rato recuperaron el sentido, y se dispusieron a proseguir con el viaje.
El grupo encontró las secciones de transporte sin gran problema. Jacob consiguió a buen descuento un transporte a los pantanos. Se encaminaron, subiendo sus cosas, e iniciaron su viaje a su siguiente destino, viajando sobre la raíz en un carro impulsado por Stoneworks. El viaje no fue tan largo; el camino estaba muy bien mantenido y, junto con los grupos ocasionales de casas que se empotraban a los lados del camino y los jardines terraza que se mantenían al lado del desierto, el viaje siempre ofreció algo que mirar. Al atardecer, dejaron de ver los paisajes desérticos y notaron el cambio de movimiento del carro; ya habían dejado atrás la raíz, empezando el camino de terracería. El cambio en el paisaje también era evidente.
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"?Y… a qué tipo de lugar nos dirigimos, peque?o?"—dijo íthil mientras observaban el verde vívido del árbol convertirse gradualmente en retorcidos árboles escasos y parduscos.
"?Que no soy enano!"—refunfu?ó Jacob mientras Mina dejaba ver una perceptible risa.
"Pues el lugar a donde vamos es un pueblo libre llamado Theos"—a?adió Jacob.
"?Pueblo Libre? ?Cómo es eso?"—preguntaron Mina e íthil.
"Sí… la región de Dragas es conocida por no tener una solidez política concreta y cambian constantemente de liderazgo. En resumen, la región es muy inestable. Peleas y disputas políticas instigadas por poderes exteriores mantienen la región caótica, dando mano de obra barata"—respondió Jacob.
"Oh, sí, he escuchado rumores sobre eso, dicen que la fuente de todo esto son las órdenes Reclamacionistas"—íthil a?adió mientras miraba por la ventana.
"Sí, he escuchado esos rumores también"—exclamó Mina mientras cerraba la ventana de su lado del carro.
"Es una posibilidad. Las órdenes Reclamacionistas poseen una fuerte presencia en esta región, desde asesinatos, coerción, corrupción y movimientos políticos en otros países y academias, supuestamente para la recolección de Arqueoreliquias"—Jacob dijo sombríamente.
"Un conocido me platicó que no tiene mucho que asesinaron al último jefe legítimo varón de la ya agonizante familia real de la región. Parece que habrá guerra civil pronto"—dijo Mina mientras el movimiento del carro mecía al grupo.
"Sí, las órdenes Reclamacionistas han tomado por mucho tiempo mano de obra y soldados de las regiones cercanas con éxito e impunidad"—dijo íthil mientras el carro se adentraba a una región más boscosa.
Los aventureros detuvieron un tiempo la charla mientras se adentraban al gran pantano de Dragas y empezaron a observar las figuras sombrías y famosas de la región que, como peque?os pares de ojos, jugaban dentro de los huecos de algunos árboles, entre las hojas secas y en peque?as grietas ensombrecidas del lugar.
Mina, nerviosa, tomó a íthil y a Jacob por el cuello mientras apuntaba por la ventana con un dedo.
"?Q…u-qué… qué… qué… son esos?"—
Jacob, cambiando de color de rojo a morado, estrangulado, apenas y pudo responder.
"Esos son Umbranati, un fenómeno natural de la región, parecen peque?os animalillos en las sombras y cavidades. ?Mina, por… favor…, me ahogo!"—
íthil, también preso de la garra de Mina, a?adió.
"No te preocupes, son una alucinación, nunca se ha podido comprobar que sean reales, muy probablemente sean efecto de los animales del lugar"—Mina, no tan convencida, soltó a Jacob e íthil y tomó el arma más cercana, solo por precaución.
Y así siguieron por algunas horas hasta que las luces de un pueblo se asomaron en la vereda, cubiertas por niebla como si fueran un velo.
"Según mi reloj, son cerca de las 3:00 p.m."—murmuró íthil.
"Sí, aún es muy temprano"—Mina y Jacob empezaban a prepararse para el arribo.
"?Entonces es aquí? ?Theos!"—dijo Jacob mientras veían cómo la carroza se alejaba a través de los caminos fangosos. Esta los dejó en el cruce a unos 300 metros de la barricada exterior del pueblo.
"Vamos, tenemos aún que revisar el lugar y hablar con la gente del pueblo"—íthil ponía en su hombro la maleta de viaje mientras lo seguían los otros dos.
El grupo siguió por el camino de piedra y ladrillo que se extendía musgoso y húmedo hasta el pueblo. La niebla parecía tener conciencia y muchas veces sintieron cómo arremetía desde el bosque al camino solo para detenerse y desvanecerse al margen de este. A 50 metros de la entrada, una voz nerviosa alzó una linterna de aceite y gritó con un tono carente de confianza.
"?Quién va?"—preguntó una voz áspera, ya entrada en a?os.
"Venimos de Thar-Abbys"—dijo firmemente Mina. Los otros dos levantaban la mano en se?al de llegada.
"Okay... okay… quédense justo ahí, iremos por ustedes"—.
Un hombre de avanzada edad, portando una espada oxidada y un peto de cuero comido por polillas, caminaba hacia ellos. De cuerpo corto pero muy fornido, se aproximó al grupo y, acercando una lámpara de aceite, trató de exprimir lo más que pudo su cansada vista, y apenas dilucidando lo que tenía frente a él, dijo:
"Por favor, muestren sus medallones, uno no puede ser demasiado precavido por estas tierras"—dijo el hombre mientras los veía con sospecha.
Mina y Jacob levantaron sus medallones mientras íthil levantó un rollo de pan glaseado.
"Ya veo… ya veo… dos de madera y uno de plata. No saben cuánto alivio nos da ver el nivel de la gente que nos fue enviado, el pueblo podrá descansar mejor a partir de hoy. Sus anteriores amigos se fueron y dejaron el pueblo así nada más, espero que ustedes no huyan"—.
Mina miraba a íthil con reproche mientras Jacob apenas sostenía su risa. Se encaminaron por una vereda angosta que pronto los llevó a un pueblo. La neblina rondaba las secciones del bosque circundante como un animal acechando a su presa. Los edificios de ladrillo rojo y tejas de piedra se levantaban sólidos e inamovibles ante el bosque alrededor, ofreciendo un refugio ante la niebla exterior.
"?Tres muchachos grandes y fuertes llegaron desde la academia, asegúrense de ayudarlos en lo posible para resolver nuestro problema!"—gritó el anciano. Jacob e íthil reían en silencio, al ver a Mina enfadarse.
"?Puedo golpearlo? Solo un poco, será rápido, no sentirá nada, lo prometo"—Mina murmuraba una maldición mientras apretaba el pu?o.
Momentos después y ya con la mayoría del pueblo reunida, todos se juntaron en la plaza central donde se encontraba un quiosco.
Alrededor de este se reunió lo que parecía ser casi todo el pueblo, varias personas, todos entre 6 y 45 a?os, casi en su totalidad compuesto por jóvenes y adultos varones. Los menores de 20 eran ni?os en su totalidad, mientras que en el quiosco se sentaban 4 adultos mayores, uno de ellos era el vigía.
"Mucho gusto en tenerlos aquí, aventureros, nos alegra que Thar-Abbys por fin nos dé turno. Esperamos arreglen nuestra situación lo más rápido posible, no duden en consultarme a mí o a cualquier otro integrante del pueblo"—dijo una mujer aparentando unos 50 a?os, con un cuerpo ya algo reducido. La se?ora aún se movía vigorosamente y sin problemas; su voz, claramente experimentada, daba la sensación de una trabajadora ruda y con mucho liderazgo. Los aventureros no pudieron más que sentirse un poco empeque?ecidos con tan imponente presencia.
"Mi nombre es Regis, nuestro vigía al que ya conocieron es Raya. Estos son Laurel y Merril, somos los líderes del pueblo de Theos"—los cuatro mayores saludaron a los aventureros.
"Como sabrán, estamos lejos de todo, temíamos que no mandarían a nadie después del incidente del a?o pasado"—dijo Merril, una se?ora ya grande con semblante alegre y ropas cómodas.
El pueblo estaba en medio de pláticas a voz baja mientras varias miradas juzgaban a los aventureros.
"?Thar-Abbys nos mandó y queremos ser de completa ayuda, no se preocupen, estamos con ustedes!"—dijo Mina mientras en la gran mayoría del pueblo se veía un descanso en sus miradas con la noticia.
Los 4 jefes de la aldea sonrieron.
"Nos alegra ver su disposición al trabajo. El pueblo y nosotros estábamos preocupados; los últimos compa?eros suyos que vinieron dejaron el trabajo y huyeron del pueblo sin hacer ni un solo avance"—dijo Raya, apoyado de varios pueblerinos que expresaron su enojo.
"Sentimos mucho la actitud de nuestros compa?eros, esta vez les ayudaremos usando lo mejor de nuestras habilidades"—afirmó Jacob.
"Muy bien, díganos el verdadero problema que tienen"—íthil se dirigió lo más cortésmente que pudo. En ese instante, la mayoría del pueblo permaneció callado mientras Regis empezaba a hablar.
"Como pueden percatarse, tenemos un problema de población. Nuestro pueblo no es muy grande… y hay pocos jóvenes de por sí. Sabemos que hay incursiones de otros países para llevarse de manera forzosa a los jóvenes, pero casi siempre son los de mediana edad y no tienen vergüenza, no les importa ser descubiertos, lo hacen a plena luz del día. Desgraciadamente, nosotros tenemos un problema mayor: como se habrán notado, no hay jovencitas ni mujeres jóvenes. ?No tenemos idea ni de quién es el culpable ni de dónde se encuentran!"
Un increíble sentimiento de hundimiento llegó de golpe a los 3 aventureros.

