Al amanecer de un día sábado, la vida en la torre central de Thar Abbys se dedica al correcto registro de las peticiones realizadas a sus aventureros en sus registros de gremios. Países, pueblos o personales, todas estas peticiones serán revisadas por el enorme cuerpo burocrático que trabaja día y noche, papeles y pláticas con aquellos que solicitan los servicios de la academia, registrando los resultados de los aventureros en las peticiones. Desde abandono a completado con honores, las calificaciones muestran el temple y la férrea voluntad por aquellos cobijados de Thar Abbys.
En aquella torre, en un rincón de la punta más alta lejos del bullicio inferior, entre libros y tazas de café vacías se encontraba un hombre de pelo corto y blanquecino, con cara ya envejecida pero enmarcada por sus a?os de pelea y astucia. Sus cicatrices, vistiendo su rostro y cuerpo, contaban historias de incontables victorias contra enemigos mortales mejor que todos los certificados, medallas y reconocimientos a su nombre colgados en la pared. Un cetro largo, una “Klauvra“ de madera con nudos en la punta y tres perlas coronándola, descansaba dentro de una vitrina. El cansancio y la edad oscurecían su poder, pero sus vivencias e inventiva lo adornaban como un aura, dejando en claro por qué era el único aventurero grado SSS en platino en toda la academia y el mundo.
Sentado en una silla de madera con el respaldo hacia el frente, permanecía pensativo y tranquilo, apoyando los brazos cruzados mientras admiraba tres rollos de papel y buscaba en su mente la respuesta que lo eludía. El ambiente tranquilo de la oficina se inundaba con el olor del café recién hecho, acompa?ado por bizcochos producidos por los gremios de manufactura y logística. El eco de tres relojes solitarios cantaban en coro acompa?ando al pensativo hombre, diferentes horas en cada uno, sincronizados a los horarios de las academias de Nher Vael Arhym, Evookia, y Vael-Dragon.
— ?Plam! — Una puerta azotó fuera de la oficina, perturbando de golpe el ambiente ya tenso.
— ?Instructor Samael! ?Por Enrya, Triariz y la divina madre! ?Usted es un profesor, actúe como tal! — se escuchó la voz de una mujer joven, seguida de un par de pesados pasos que se aproximaban por el pasillo.
— ?Uras… viejo loco, dónde estás! — Samael se movía furioso por el pasillo; su andar pesado denotaba un aire de enojo evidente. Buscando en los demás cuartos, encontró al hombre reposando en la silla en un estudio grande, adornado por mesas de madera robustas y finamente adornadas. Se dirigió con paso firme a este al por fin ver al objetivo de su búsqueda.
— ?Instructor Samael, le pido de la manera más atenta que guarde respeto al lugar, estamos en la oficina del director de Thar-Abbys! — dijo una bella joven de piel api?onada y pelo casta?o claro de nombre Cassandra, tratando infructuosamente de calmar al furioso Samael. Lo siguió hasta la puerta del estudio.
— Samael, torturas a la pobre Cassandra cada vez que vienes… ?acaso no tienes piedad de ella? — dijo el hombre mientras miraba de reojo sin quitar la vista de los rollos ni el pu?o de su mentón.
— ?Piedad… URAS GRANADA, VIEJO TRAMPOSO DE… Dos veces, ?dos veces! Las misiones son evaluadas y asignadas por los sinodales, nadie puede interferir en esta tarea, y tengo dos misiones asignadas a mis chicos que en vez de firma tienen un garabato que dice… ?ASí LO MANDA EL REY! ?Y están aceptadas! ?Sabes qué es lo peor? ?QUE NI SIQUIERA TE TOMAS LA MOLESTIA DE FINGIR QUE NO FUISTE Tú! — El enojo de Samael era evidente y escalaba con cada reclamo; la intervención de Uras en las dos tareas asignadas al grupo de Samael sin su consentimiento era la clara fuente de su furia.
— ?Cómo les fue? — preguntó calmadamente, mientras seguía mirando fijamente aquellos tres rollos.
— ?En serio nunca tienes piedad? Ni siquiera con tus pupilos, siempre has sido el mismo desconsiderado que cuando eras el sinodal de Shalona, Coleopterus y yo. Ah… qué diablos. Si, ya están por llegar — dijo Samael suspirando mientras se sentaba en un taburete de piel tachonado.
— Tus chicos son fuertes, yo los escogí para ti, igual que los de Shalona, tenían que dar un paso fuerte, yo mismo revisé sus perfiles. Los de Shalona ya dominan algunos espíritus mayores, han mejorado mucho, es más, Shalona ya ni siquiera los atiende, ?ella solo va de bar en bar atiborrándose de comida con Coleopterus, va a engordar y yo me reiré! — dijo el viejo con una risa burlona que se transformaba un poco en tos.
— ?Eres un desalmado! En serio, ser director no te ha cambiado nada. El Multicontinental en el que viajan llegará en unas horas. ?Y esos rollos?... ?No son los reportes de los grupos que mandamos hace algunos meses? — Samael tomó los rollos mientras volteó a ver a Uras.
— Así es, joven Samael, los resultados llegaron… no pasa nada, y eso es lo que me molesta en esos reportes. — dijo Uras mientras encendía un cigarro, pero Cassandra lo miró con reproche; apresurado, lo apagó lo más rápido que pudo.
— El índice de actividades de las órdenes Reclamacionistas es nulo en la zona… eso sí es inusual, pero tampoco hay actividad sospechosa de ninguna empresa o grupo mercenario. Solo hay tránsito de naves armadas privadas, lo usual para un puerto como Naglesh, no veo actividad sospechosa — Samael leía los resultados con cuidado mientras Uras fruncía un poco las cejas como si leer el reporte le provocara molestia.
— Párrafo cuatro, importaciones y productos — dijo Uras en voz baja.
— Mmm… ?30 toneladas de sal de Jasubiana!, 300 troncos de manzano blanco… 40 toneles de tinta de Bizmar. ?Planean exorcizar el bosque de la eternidad? ?Jajajaja! — Samael rio un poco, pero al voltear a ver la cara de seriedad de Uras, una sombra se apoderó de su cara; una inseguridad brotó dentro de Samael, después de todo Uras nunca se equivocaba en estas situaciones.
— No puedo pedir otra investigación; las autoridades de Vael-Dragon y de la Ciudad Biblioteca me han impedido el paso. ?"Muchas sospechas para nada", dicen! ?Ja! Patra?as. Ma?ana partirán a Naglesh dos equipos de diez personas, monitorearemos de cerca los puertos. Como siempre, confío en tu juicio, Samael; selecciona gente confiable y con buen tacto social. Ya sabes cómo son en Naglesh — Uras volteó a otro extremo de la larga mesa y apuntó con la mirada un montón de documentos; ahí estaban los perfiles de 50 aventureros de grado AA.
— C… claro, Director Uras — titubeando, Samael tomó el montón de archivos y volteó a ver a Uras.
— ?Crees que pase algo? — preguntó Samael.
— No lo sé, no tengo idea, por eso estoy intranquilo, algo viene, algo grande — Uras respondió y miró de reojo a Samael.
— Yo mismo iré a Naglesh, por el momento tú y tus chicos pueden descansar un tiempo, te lo dejo a tu discreción, gracias por tu ayuda. — dijo Uras mientras bajaba por las escaleras.
— Claro, siempre estoy atento — Para Samael era la primera vez que veía a Uras tan inseguro; un sentimiento de incertidumbre lo acompa?aría todo el día.
Uras se ponía un chaleco de vestir y sobre este un saco café a cuadros, acompa?ado con un pa?uelo rojo en el bolsillo; este tenía bordado en la esquina superior una M en hilo dorado, desapareciendo junto con Samael por el pasillo de mármol de color vino.
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— Tal vez no debí escuchar esto — pensó Cassandra, empapada en sudor a la entrada de la habitación.
Se retiraba el Multicontinental, dejando a los exhaustos aventureros que retornaban y recogiendo a muchos otros que iniciaban sus misiones. En la parada de Thar-Abbys el sol brillaba cálido y gentil sobre los campos exteriores de la ciudad; la usual nieve del área dispersaba el sol, iluminándolo todo con su gentil luz. Los aventureros, emocionados por las misiones, iban y venían, algunos más emocionados que otros, pero todos impulsados por una extra?a animosidad que los llevaba a seguir adelante, excepto por tres individuos ojerosos y faltos de sue?o; como si la luz misma los evitara, emitían una sombra gris y ondulante alrededor de ellos.
— N… no he dormido en cuatro días — dijo íthil, falto de toda emoción.
— Yo tengo alucinaciones continuas de mu?ecas — Jacob estaba recostado sobre el carro que íthil empujaba.
— ?SHAAAAAAAAA! — gru?ó Mina, que a mitad de camino de regreso retrocedió a sus orígenes salvajes.
— ?Muchachos, campeones entre los héroes! — Samael caminaba hacia ellos con paso alegre y con las manos levantadas.
— Oh no… no… no… no… — gimió Jacob.
— ?Vamos, vamos, muchachos, apuesto que me traen excelentes noticias! — Samael vitoreaba alegremente a los tres chicos.
— Demando un pago más allá de lo establecido — apenas y murmuró íthil entre dientes y enojo.
— Una caminata en el pantano, apuesto fue divertido — respondió Samael con ojos brillantes y cara de expectación.
— ?SHAAAAAAAAAAAAAAA! — Mina gru?ó al instructor.
— Está bien… está bien… los veré ma?ana, tengo sus reportes, chicos, descansen — Samael se retiró sabiamente, dejando descansar a los tres aventureros que, mirándose entre ellos y con un movimiento de cabeza, decidieron ir a tratar de descansar por el día.
Esa tarde, gracias al tremendo talento de los alumnos más experimentados y maestros, los tres aventureros pudieron descansar libres de los recuerdos de aquella mina. Esa noche no vieron el profundo rencor que los siguió, ni el murmullo que los acosó en sus recuerdos por cuatro días; por fin, descanso.
— ?Cómo se encuentran los chicos? — Nervioso, preguntó Samael a una se?ora ya en edad que salía suave y tranquila de las barracas en la que se hospedaban los tres aventureros.
— ??Cómo se encuentran?! ?Tienen suerte de siquiera estar cuerdos, instructor! Por suerte, nunca voltearon a ver al dios sin nombre; de haberlo hecho, no estarían aquí. ?Debo insistir en su total falta de juicio en esta situación! Samael, los Theosis Tharmullis son eventos que solo los más experimentados en la academia deben manejar. Los rollos de Massacrax recomiendan al menos un grupo de 20 y aun así no hay garantía de que siquiera la mitad pueda sobrevivir. ?Estos chicos llevarán un mal en sus mentes toda su vida, puede que tengamos tres bombas de tiempo dormidas! — La instructora le dijo a Samael en un tono de reclamo, con el tono de una madre rega?ando a su hijo por una desobediencia mayor.
— ?Espero no volver a atender a estos chicos por un asunto de esta gravedad! Sé que usted tiene muchas cualidades como maestro instructor, Samael — con un suspiro, la se?ora, ya avanzada de edad, bajó el tono de voz a uno más maternal mientras se dirigía a Samael.
— Eres muy sabio y te respeto mucho, recuérdalo, y apégate a tu responsabilidad de tutor. ?Samael, no tuviste la culpa de los gemelos Klein…! Fue un accidente; nosotros, los aventureros, vivimos esta vida bajo nuestras decisiones, fue su elección, no la tuya —.
— Gracias Emilia, lo sé, pero es difícil pasar sobre esas cosas, gracias... — dijo Samael mientras apretaba el pu?o con los tres medallones recuperados en la profundidad de la mina.
Con perezosa calidez, el sol de la ma?ana empezó a echar atrás la fría noche. Los esfuerzos para poder otorgar paz después de la situación por la que pasaron los aventureros seguían a un ritmo un poco menos intenso, pero la lucha aún continuaba. Samael, por su parte, luchaba otro frente totalmente diferente.
— ?Tres platones más! — dijo Jacob con la cara inmersa en un rollo de carne.
— ?Que sean siete! — Mina replicó tomando lo que quedaba en la mesa.
— Yo quiero uno solamente, pero que sea caro — íthil tomó un plato de comida que parecía fina.
— Compa?eros, debo recordarles que soy solo un instructor, no me pagan... tan bien — Samael les dijo tristemente mientras los tres chicos llenaban su boca como ratitas de campo avariciosas.
— Bueno… supongo lo merecen — Pensó Samael, y así continuaron por tres horas más, hasta que Samael perdió toda la paga del mes.
— ?OK, es momento de revisión, chicos, empecemos! Jacob, empezamos contigo — dijo Samael abruptamente en un intento de rescatar los fondos de su retiro.
— ?Sí!, en la misión tuve un buen desempe?o, pero al iniciar el encuentro con el enemigo, perdí mi vista al tratar de crear un camino de contención con los sellos. Mi entrenamiento en evocador demostró ser poco, ?y subestimé al enemigo! A partir de ese momento no pude ser de ayuda, y por esto les pido disculpas — dijo Jacob mientras realizaba una gran reverencia a Mina e íthil.
Samael volteó a ver a los otros dos.
— Bueno, no fuiste una carga ni un estorbo, ayudaste al máximo y más allá de tus posibilidades dado el momento y la situación. No pude reaccionar, dirigirlos en la situación que se supone estoy entrenado para manejar, me disculpo enano — íthil dijo sin apartar la vista mientras ponía su mano en el hombro. Samael volteó su vista a Mina.
— Mi reacción fue muy fuerte, dejé que mis sentimientos se llevaran mi lógica y la misión. Mi mente se nubló y perdí como guerrera y como aventurera; yo también les pido disculpas — Mina confesó poniendo su mano en el otro hombro de Jacob.
Los recuerdos y el momento los llevaron por un breve instante de vuelta a aquella mina; recordaron los sentimientos de impotencia y furia que experimentaron. Algunas lágrimas salieron poco a poco, convirtiéndose en llanto, y sin darse cuenta, el piso bajo sus pies se encontraba te?ido de las tristezas, frustraciones y miedo de aquel día. Todo fluyó sin cesar, humedeciendo continuamente con un sonoro golpeteo mientras Samael miraba al lado contrario, dándoles espacio.
— Deben verse a sí mismos; todo lo que necesitan está ahí, solo aún no lo aprovechan. Muchos aventureros se rinden al primer contacto con algo fuera de su control, y no piensan en la posibilidad de que el más mínimo contratiempo tiene el poder para convertirse en una catástrofe incontenible — Samael les advirtió duramente y prosiguió.
— No es el poder ni la habilidad; prevean cosas que aún no pasan, aunque sean un disparate. No miedo, sino precaución. Por el momento, creo que necesitan más trucos bajo la manga. Jacob, íthil y Mina, por los siguientes días, actuarán de manera individual, realizando tareas asignadas por el gremio —.
— ?Sí! — asintieron mientras varios sentimientos revoloteaban en su interior.
Por algún tiempo más, los tres chicos se quedaron en Thar-Abbys, acudiendo a las sesiones de ayuda y recuperación de Emilia.
— Tranquilízate, Jacob, deja ir el miedo en ti, ?no lo reprimas! ?No! Lo estás liberando de nuevo, ?EXPúLSALO! ?SáCALO! — Emilia le dijo a Jacob mientras este reposaba sobre un catre.
— ?AHH! — Con un jadeo, Jacob apretó ambas manos en el sillón, casi perforándolo con los pulgares para caer rendido súbitamente.
— Listo, es todo por hoy, pueden descansar los tres, son realmente fuertes, aquello que encontraron en la mina no era cualquier enemigo, son afortunados. Sin embargo, la fortuna rara vez sonríe dos veces; pueden irse a descansar por hoy — Emilia les dijo a los tres chicos con una sonrisa mientras tomaban sus pertenencias.
?Trin Trin! — sonó una campanilla mientras los tres chicos salían de la clínica de la Instructora Emilia.
— ?Vaya!, no pensé que nos hiriera tanto ese encuentro — refunfu?ó Mina mientras caminaban por el sector de tiendas de Thar Abbys.
— ?Bueno, ayer pude apagar la lámpara de noche!, pero aún no dormí — rio íthil, que llevaba su chaqueta militar sobre los hombros.
— Bien, al menos ya podemos dormir — Jacob y los demás parecían dejar atrás aquello que vivieron en aquel oscuro rincón del mundo, aun cuando ellos mismos sentían que traían un poco de aquella oscuridad dentro de cada uno.
— ?Entonces, qué harán? — íthil preguntó de manera empática a sus compa?eros que solo lo voltearon a ver ligeramente extra?ados.
— Pues yo iré a una misión asignada por Samael; al parecer en Evookia se hundió un barco y quieren que verifique la razón del hundimiento — Jacob comentó con una sonrisa.
— Yo quiero ir a Vael-Dragon, hay un examen que quiero tomar, conlleva entrenamiento de al menos un mes — Mina flexionó su brazo derecho con una sonrisa.
— Pues bueno, ya tienen planes bien elegidos. ?Jajajaja! Pues no sé, creo que iré a Dremoria, tal vez probaré algunas cosas, si tengo éxito será divertido y útil — íthil también rio.
Y en esa plaza en Thar-Abbys, frente a una fuente, los tres chicos que bajaron a la oscuridad juntos y regresaron juntos, se despidieron, no para siempre, pero para verse nuevamente en algún tiempo, por supuesto.

