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Capítulo 6 - Banquete

  El gran banquete había dado inicio, y todos los miembros de la Casa Sungley estaban presentes.

  El aire estaba impregnado del aroma a especias, pan recién horneado y carnes asadas que chispeaban sobre la mesa principal. Las copas chocaban en brindis y las risas llenaban el salón, mientras la luz cálida de los candelabros se reflejaba en los rostros felices de los invitados.

  Sobre la larga mesa de roble reposaban decenas de platillos y bebidas, cada uno preparado con esmero para el deleite de los asistentes. Redda, de pie junto a la cabecera, inspeccionaba los últimos detalles antes de dar inicio oficial a la celebración.

  —Maravilloso... —dijo con tono satisfecho—. Un trabajo excepcional, Lasan, Jacki.

  En ese instante, los dos cocineros principales de la mansión hicieron su entrada, cada uno sosteniendo un plato con orgullo.

  Jacki, la segunda cocinera, caminaba con paso firme pero ligero. Su expresión tranquila contrastaba con el bullicio del banquete. No solo dominaba la cocina; conocía cada hierba y raíz del bosque cercano. Gracias a ella, la despensa de los Sungley siempre contaba con infusiones medicinales frescas. Nadie igualaba su habilidad para cazar, y por eso, las carnes más tiernas y sabrosas siempre provenían de sus manos.

  


  


  A su lado marchaba Lasan, el cocinero principal, impecable en su uniforme blanco y con la serenidad que otorgan los a?os de experiencia.

  Era un hombre meticuloso, casi obsesivo, en su búsqueda del sabor perfecto. Conocía los gustos y manías de cada miembro de la familia: desde el punto exacto de sal que prefería Caria hasta las sopas que alegraban a Tana cuando enfermaba. Para él, cocinar no era un trabajo... era un acto de devoción hacia su segunda familia.

  


  


  Cuando ambos colocaron los últimos platillos sobre la mesa, el salón se llenó de murmullos de admiración.

  El banquete podía comenzar oficialmente.

  Todos comían y bebían disfrutando cada instante, menos una persona...

  Una peque?a papa enojada que enfrentaba el mayor tormento de un bebé de apenas unas semanas de nacido.

  ??Nooo, la concha de la lora! ?No me pueden hacer esto! Ese olor a asado me está matando. ?Yo también quiero comer! Pero no puedo... no tengo dientes. ?Y aunque los tuviera, mi estómago en desarrollo no lo soportaría!

  Lo sigo diciendo... esto es el infierno. No puedo creer que tenga que sufrir tanto.?

  Enta, que lo sostenía entre sus brazos, notó su angustia.

  —Mi joven amo... lo veo afligido. Ya lo creo; ver a todos comer y reír puede causarle el mismo deseo.

  ?Mi gato morocho... tú sí me entiendes.?

  En ese momento, una sombra se proyectó sobre ambos. Era la sirvienta más temible y eficiente de toda la mansión.

  —Enta —dijo Redda, con su tono firme y autoritario—, por lo que veo, el joven amo también tiene hambre.

  —En base a mi ignorancia sobre estos asuntos, solo puedo dar suposiciones, mi experimentada se?ora Redda... pero sí, al parecer el joven amo tiene hambre. Aunque no sé si sea prudente molestar a la se?ora de la casa Sungley en estos momentos —respondió el felino con cautela.

  A lo lejos, Caria reía junto a Tana, Holley, Jacki y algunas sirvientas.

  Redda sonrió de forma siniestra.

  —Ah, no hay de qué preocuparse, mi se?or Enta. Siempre hay un plan B para una sirvienta capaz.

  Y sin más, se dirigió hacia Caria.

  —Hola, Redda —saludó la madre con una sonrisa nerviosa—. Tienes una cara muy seria, ?sucede algo?

  Sin responder, Redda la tomó firmemente por la cintura y, sin pedir permiso, la arrastró hacia la cocina privada.

  —?Eh? ?Qué... qué estás haciendo? ?Redda! —gritó Caria mientras desaparecía entre los pasillos.

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  Tana observó, preocupada.

  —Redda se veía muy seria... ?qué va a hacer con la se?ora Caria?

  Antes de que nadie respondiera, una voz grave resonó detrás de ellas.

  Era el propio Lord Garbard, que acababa de aparecer.

  —Mis jóvenes sirvientas, será mejor que no se pregunten qué pasará —dijo con tono solemne—. Solo deben saber que Redda jamás escatima en esfuerzos para mantener a todos los miembros de esta casa cómodos... aun si eso implica imponer ciertas responsabilidades de forma más agresiva. Esto ya pasó con mi difunta esposa.

  Las muchachas quedaron petrificadas.

  Pasados unos minutos, las puertas se abrieron nuevamente.

  Apareció Redda, impecable como siempre, y junto a ella una Caria exhausta, con la expresión de quien ha sobrevivido a una guerra silenciosa.

  La sirvienta se acercó a Enta y le entregó un peque?o biberón artesanal lleno hasta el tope.

  —Aquí tiene, mi se?or Enta —dijo con elegancia—. Suficiente para saciar el hambre del joven amo.

  El felino, sabio, no hizo preguntas. Simplemente recibió el biberón y alimentó al bebé con ternura.

  La expresión de Kael cambió por completo al recibir su tan anhelada comida.

  ?Sí... esto... esto es el paraíso. ?Bendita seas, se?ora de los métodos extremos!?

  Una hora más tarde, la celebración continuaba. En el balcón, disfrutando de la brisa nocturna, Ken y Laret conversaban mientras miraban el cielo.

  —Lamento aprovechar la fiesta para hablar de esto —dijo Laret—, pero... ?cómo estuvo el borde de la frontera con el bosque?

  —El padre de familia se preocupa por su recién forjada descendencia, ?eh? —rió Ken—. Lo entiendo. Pues bien... iniciamos la cruzada bastante relajados, pero cuanto más nos acercábamos a la frontera entre el Bosque Indomable y el Monte de los Dioses... más se complicaba todo.

  —?Demasiados monstruos?

  —Muchísimos, pero controlables —explicó Ken—. Enfrentamos hordas de goblins, orcos, kobolds y bestias salvajes. Lo extra?o es que... parecían huir.

  —?Huir? —preguntó Laret, extra?ado.

  —Así es. Al final del dominio entre Taratios y el Monte de los Dioses descubrimos la razón... —Ken respiró hondo—. Un Racatros de fuego los perseguía.

  —??Qué?! ??Un Racatros de fuego?! No puede ser... ?qué hace una bestia de ese nivel tan cerca del borde del bosque indomable?

  Ken asintió, con la mirada perdida.

  —Una bestia como nunca había visto. Su piel era negra, pero ardía por dentro con líneas incandescentes, como hierro recién forjado. Cada respiración escupía fuego. Donde pasaba, el bosque quedaba reducido a cenizas.

  Ni flechas, ni lanzas, ni magia de agua pudieron detenerlo.

  —No sabes cuánto me alegra que todos regresaran con vida —suspiró Laret—. Por favor, dime que al menos lograron alejarlo... o matarlo.

  —Sí... a duras penas —respondió Ken—. Lord Garbard liberó toda su fuerza mágica, Holley resistió al límite como escudo, yo abrí paso y Enta arriesgó su vida para inmovilizarlo. Así, el Martillo del Cielo del gran lord logró doblegarla.

  —Eso sonó como si hubieran peleado contra un general del Rey Demonio...

  —Jajaja, algo así, pero más candente. Tuvimos que empujar el cuerpo hasta un peque?o lago alimentado por el Monte de los Dioses, para evitar que su núcleo en llamas incendiara todo el bosque.

  —Cierto, los núcleos de esas criaturas siguen emitiendo energía incluso tras la muerte —comentó Laret pensativo.

  —Pues mira el lado positivo —rió Ken—, ahora ese lago será una fuente termal. ?Un nuevo destino turístico para los campesinos de la zona!

  Laret sonrió.

  —Bueno... no todo fue pérdida, supongo.

  Dentro del salón, la fiesta seguía con alegría.

  Holley, Jacki y Tana rodeaban a Caria, conversando con entusiasmo.

  —Ahora que la cruzada terminó —preguntó Holley—, ?qué proyectos tiene, mi se?ora?

  Caria suspiró, aún algo fatigada.

  —Después de lo que me hizo pasar Redda, tengo muchas cosas que organizar. Me duele admitirlo, pero... cuando Kael cumpla un a?o tendré que retomar mis obligaciones como heroína guardiana de Taratios.

  —No se preocupe, mi se?ora —dijo Tana con ternura—. Yo cuidaré de Kael, le daré todo el amor y cari?o del mundo. ?Besos y abrazos por montones! >///<

  —Oye, no te aproveches —replicó Jacki entre risas—. Cuando empiece a comer sólidos, se enamorará de mi comida >///<

  —Tranquilas, chicas —intervino Holley, divertida—. Cuando lleguemos agotadas de las misiones, yo le daré su dosis de cari?o a esa peque?a papa enojada >///<

  —?Oigan! ?Dejen de aprovecharse de mi bebé! —reclamó Caria entre risas y sonrojo—. Si es necesario, ?me lo llevaré conmigo! >///<

  —>///< —repitieron las tres al unísono, riendo.

  Desde un rincón, Enta observaba preocupado cómo el ?culto de las aprieta-cachetes? planeaba su próxima ofensiva.

  —Ufff... son tiempos difíciles, joven amo. Ya ni sé qué sería peor: enfrentar al ejército del Rey Demonio... o sobrevivir a esas se?oras —murmuró para sí.

  A su lado apareció el gran lord.

  —Enta, has hecho un gran trabajo —dijo Garbard con una sonrisa—. Incluso alimentaste a mi nieto. Déjame cuidarlo un rato para que disfrutes del banquete.

  —Ha sido un placer compartir esta velada con él, mi lord. Pero tiene razón... aprovecharé un poco de la comida —respondió el felino, entregándole al peque?o Kael.

  El lord tomó al bebé con cuidado y salió al balcón.

  La noche era cálida, y el cielo, majestuoso, mostraba dos lunas brillando sobre la mansión.

  —Es una noche hermosa, Kael —murmuró el lord.

  ?Es la primera vez que salgo un poco de la casa... y vaya sorpresa... ??dos lunas?! ?A dónde carajos vine a parar??

  —?Te llama la atención el cielo, peque?o? —continuó Garbard—. No es lo único maravilloso. Cerantos es un lugar lleno de cosas por descubrir. Pero llegará el día en que yo ya no esté, y entonces tú deberás proteger esta ciudad.

  Recuerda, Kael: la familia es lo más importante, y será el fuego que despierte todo tu potencial.

  Eres Kael, la Luz del Legado: aquel que hereda la fuerza de los caídos para encender el camino de los vivos.

  ?Hermosas palabras... y un nombre aún más hermoso para un alma podrida como la mía?, pensé.

  ?En mi vida pasada huí del dolor, de mi familia, de mis amigos... No quise ser una carga, y terminé solo.

  Ahora el destino me pone otra vez frente a personas maravillosas, dispuestas a darlo todo por mí.

  No lo merezco... pero esta vez... no pienso fallarles.?

  La fiesta terminó entre risas y brindis.

  Todos se retiraron satisfechos, plenos de alegría.

  Todos, menos uno: aquel que había llegado de otro mundo... y que por primera vez, desde su reencarnación, sintió el peso de sus decisiones pasadas.

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