***Punto de vista de Kanea***
Termino de revisar al último paciente. La sensación del sudor recorriendo todo mi cuerpo, el temblor en mis manos y mi respiración entrecortada me recuerdan que estoy exhausta. Al mirar a mi alrededor en el salón que utilizamos para cuidar a aquellos que aún no han podido despertar, mi corazón se siente pesado con cada latido. De pronto, una mano cálida toca la mía, y al voltear, el rostro endurecido por el tiempo de la se?orita Sey se encuentra con el mío.
—Se?orita Sey —saludo, soltando un suspiro.
—No te dejes llevar por tus pensamientos. A veces, enfocarte en lo que tienes enfrente y olvidar lo que te rodea puede evitar que caigas en la desesperación.
Quedo sin palabras y una ligera risa, acompa?ada de toda mi carga emocional, escapa de mí. Al mirar al suelo, solo atino a responder:
—Gra...
El ruido de la puerta al abrirse interrumpe mis palabras y la figura de Falu se hace presente, agitado y acelerado. Busca en la habitación y se detiene en mí. La se?orita Sey se acerca con paso rápido, rompiendo el silencio del salón, e inclinándose en se?al de disculpas, nos mira a ambos.
—Kanea, se?orita Sey, mi padre quiere hablar con ustedes. Están planeando cazar al vacío en tres días.
Sin decir más, salimos junto a Falu hacia la puerta. Al cruzarla, el sonido se hace más fuerte y el eco de las gotas de agua, tan frías como pueden sentirse, comienza a caer sobre mí.
Caminando por las calles, el ruido de las personas se mezcla con el sonido de la lluvia que cae por todos lados. Observo el entorno y, poco a poco, el murmullo de las gotas y las voces se vuelve más nítido hasta que la voz de Falu me trae de vuelta al presente.
—?Estás bien? —pregunta Falu.
—Sí, es solo que... —busco las palabras para describir lo que siento.
—No te preocupes, Kanea. La vida no brinda una lección sin que estemos listos —aconseja Sey, sonriendo cálidamente.
Sin decir más, caminamos en silencio, con una tensión mal disimulada en el ambiente, hasta llegar a la sala de reuniones. El ruido de las conversaciones nos recibe. Con algunos ligeros saludos, todos nos acomodamos en el salón. Me siento junto a Víctor, y Zael, el líder, ligeramente más pálido que antes, se pone de pie y comienza a hablar.
—Como todos saben, nuestra situación actual es compleja, así que me saltaré todo lo demás. Vamos a cazar al vacío en los próximos dos días —ordena, sin dejar lugar a dudas.
En silencio, la se?orita Sey levanta la mano para tomar la palabra.
—Dos días... no es algo rápido. Creí que sería al menos tres o...
—Lo sé, pero hablé con los ancianos. Esta lluvia durará más que el tiempo que nos queda, según Víctor —interrumpe Nehari.
—No están hablando de cazar a una manada de lobos del bosque ni a un orco; es un vacío, y están hablando de buscar y atacar en un terreno tan inestable como este —reprocha Sey, alzando ligeramente la voz.
Quedamos en silencio por unos minutos, y Zael continúa.
—Empleando la información que el joven ha proporcionado, sumada a nuestro conocimiento del terreno, creemos que podremos hacerlo sin bajas —explica con el tono que solo un líder podría tener.
—Sé la intención con la que estás diciendo eso, pero yo soy quien ha estado junto a los que aún no despiertan, Zael... No creo que tengas a las personas suficientes para cazar algo así —explica Sey.
—Es por eso que nos ofrecimos a apoyarlos tanto como nos sea posible con nuestra capacidad actual —a?ade Daina, con una mirada afilada.
If you come across this story on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it.
—No creo que deban estar tan determinados. Tienen poco menos de la mitad de sus soldados en pie; eso no inclina la balanza a nuestro favor —explica Sey, tomándose un momento para pensar en sus palabras. —No creo que estén pensando en usar a estos ni?os —a?ade incrédula.
Mirando al suelo, Zael solo asiente con la cabeza.
—?Qué papel tendrán? —exige Sey, frunciendo ligeramente el ce?o.
Sin darme cuenta, mi mano se ha mantenido apretada y llena de sudor todo este tiempo. El se?or Zael responde.
—La se?orita Kanea cumplirá su papel; nos ayudará a formar el antídoto para nuestro pueblo y a salvar a los que podamos —responde Zael.
—?Y el ni?o? —presiona Sey.
—...
Mirando a Víctor a mi lado, un peque?o gui?o es lo único que expresa ante la cantidad de preguntas que se van formando en mi interior.
—?Qué papel tendrá? —exige Sey, mientras nos mira de reojo.
—él... con la información que posee es invaluable en el momento en que todo se desarrolle. Y si algo más sucede, él podría...
—?Me pides que viole mis votos? ?Ahora me estás pidiendo que deje a un ni?o ir a un lugar del que no se puede asegurar su retorno? —responde incrédula Sey.
Volteando a ver a Víctor, su rostro serio hace que todas mis preguntas estallen sin dejarme reaccionar. Víctor se pone de pie con la mayor tranquilidad que logro registrar.
—él no me ha pedido —expone Víctor, interrumpiendo la discusión sin vacilación. —Chamana... se?orita Sey, yo pedí esto. Todos los líderes, incluida mi líder Daina, aceptaron que fuera.
—Víctor, eres un ni?o. No sé si has visto morir a alguien a esta escala, pero te aseguro que no hay gloria ni reconocimiento que valga —suplico Sey.
—Si es por salvar a ustedes, a mis... amigos —Víctor me mira de reojo al pronunciar esas palabras—, estoy dispuesto a enfrentar esa escena.
Una ligera risa se escapa de mí al escuchar eso. Al mirar a Daina, un movimiento negativo de su cabeza me recuerda mantener el control que amenaza con desaparecer.
Sumida en el silencio, la sensación de debilidad en mi cuerpo corta el resto de los sonidos. La oscuridad me envuelve por un instante, apretando mi mano sobre la madera mientras la voz de Víctor me regresa al presente.
—Soy consciente de los riesgos. Puede que no lo parezca, pero las personas que me rodean son importantes para mí, y si está en mi capacidad ayudar, lo haré; al igual que ustedes, no estoy... dispuesta a perder a nadie ante el vacío.
Manteniendo la mirada, Sey suelta un suspiro cansado, como si se rindiera ante un ni?o terco que no quiere soltar su juguete, y continúa.
—Entonces, ?qué necesitan de mí?
—Gracias... es simple. Incluye en las bendiciones más sencillas que puedas todas las armas que te sea posible. Con ellas, nos enfocaremos en la cantidad y en la eficiencia, ya que el tiempo es escaso —explico.
—?Y luego? —pregunto casi sin pensar.
Volteándome a ver, Zael solo me sonríe con una mirada cálida y explica.
—Hacer un foso y hacer que caiga en la trampa. Simple —responde.
—?Tú crees que nadie ha intentado eso? El problema principal es... —responde Sey.
—Lo sé, pero hay algo que ellos no usaron... esto —interrumpe Zael, alzando en sus manos una hoja de dos puntas.
—?Qué tiene que ver eso con el vacío? —pregunta Sey.
—Según la información que poseemos, podremos usar esto para crear un vapor capaz de neutralizarlo hasta el punto de poder matarlo sin da?ar su núcleo. Es por eso que utilizaremos...
—Esta estrategia —completa Sey, mientras suelta un hondo suspiro.
—Es por eso que las traje aquí. Sé que ya aceptaron, pero ahora que conocen los detalles... les volveré a hacer la pregunta —pide Zael, alzando su mirada para cruzarla con la de la sacerdotisa y la mía—. Se lo suplicamos, nosotros... nuestro pueblo.
Al ver el rostro de Víctor, su calma ante mi decisión me da una sensación de seguridad. Miro a Zael y digo:
—Yo los ayudaré en lo que pueda.
Mirándome con un peque?o brillo en sus ojos, Zael asiente levemente con la cabeza, y consigo distinguir todas las emociones que no puede expresar.
—Gracias... el siguiente paso será organizar el terreno para poder comenzar con la cacería. En cuanto a usted, sacerdotisa, yo mismo le presentaré las armas que necesito que imbulla en poder divino, y usted, se?orita Kanea, Víctor le explicará cómo hacer el antídoto y lo que necesita tener cuando lo tengamos en las manos —ordena Zael.
Saliendo de la reunión, la sensación de estar flotando entre la lluvia que comienza a empapar mi ropa me invade. La figura de Falu se interpone en mi camino, sacándome de mi aturdimiento.
—?Qué sucede? —pregunto.
—Sé que te estamos pidiendo demasiado —responde.
Mis manos, temblorosas, comienzan a moverse sin control. Mis ojos no pueden sostener su mirada; los recuerdos de todas las emociones que he luchado por contener afloran, y sin darme cuenta, tal vez lágrimas o la lluvia comienzan a caer por mi rostro, pero antes de poder reunir la fuerza para replicar, él continúa.
—Gracias, Kanea, yo...
—No... digas más —interrumpo con una voz entrecortada—. Soy... yo no quiero ver morir a nadie, incluso menos a los que quiero.
—... —es lo único que responde en un tono de consuelo.
—Es un pensamiento egoísta... lo sé, pero es lo que siento. ?Soy joven!, soy... no creo estar lista para ver morir a alguien —hablo en susurros, tal vez para mí misma, tratando de quitar la amargura de tener esta idea egoísta.
Sin darme cuenta, unos brazos torpes pero firmes me rodean; a pesar de la lluvia, se sienten cálidos y me susurran unas palabras.
—Yo también tengo miedo y no quiero perder a nadie.

