Selene regresó al banco y se sentó junto a Adrián. El silencio se instaló entre ambos como una barrera invisible, densa y cargada. él sabía que no debía preguntar; ella ya había marcado los límites de su privacidad al alejarse de forma tan tajante para revisar un simple mensaje de WhatsApp.
De pronto, el móvil de Selene volvió a vibrar. Esta vez no era un mensaje externo, sino una notificación de la aplicación oficial de Dragonhall. Era la plataforma interna donde la universidad gestiona las calificaciones, los cambios de horario y las comunicaciones directas entre el alumnado y el cuerpo docente. Selene desbloqueó la pantalla y sintió un leve pinchazo de intriga al leer el remitente: el Director Arkwright solicitaba su presencia en su despacho en quince minutos.
Al principio, el desconcierto nubló su rostro, pero pronto la lógica se impuso. ?Seguro que es por lo ocurrido en la clase del profesor Silas?, pensó. Apenas llevaba tiempo en la universidad, era de primer curso y su expediente estaba inmaculado; no se había metido en problemas ni se había saltado una sola clase.
A su lado, Adrián parecía absorto en su propio dispositivo. Movía el pulgar con impaciencia, buscando alguna actualización sobre el lanzamiento del GTA VI. Era un juego que llevaba esperando una eternidad. Selene, con un movimiento sutil, echó un vistazo a la pantalla ajena.
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—?Te gustan los videojuegos? —preguntó ella, rompiendo el silencio.
Adrián levantó la vista, sorprendido por la iniciativa de Selene.
—No mucho, solo algunos en concreto —respondió él con voz pausada—. Llevo tiempo esperando que anuncien la fecha oficial de uno que me interesa especialmente. ?Y tú? —a?adió, girándose ligeramente hacia ella—. ?Qué afinidades tienes? ?Qué te gusta hacer?
Selene soltó una risita seca, cargada de esa ironía que usaba como armadura.
—?Estás intentando ligar conmigo, Adrián?
él se removió en el sitio, visiblemente descolocado.
—?Yo? No... ?qué dices! Para nada —balbuceó, tratando de recuperar su compostura—. Simplemente quería saber algo más de ti.
Selene desvió la mirada hacia el horizonte de la Plaza de los Fundadores, donde las sombras empezaban a devorar los detalles de las estatuas.
—Bueno, me gusta mucho estar sola, la verdad —confesó con una honestidad que la sorprendió incluso a ella—. No soy de tener muchos amigos; tampoco los necesito.

