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Capitulo 10: Subasta en el laberinto

  El grupo aguardó unos minutos más antes de ingresar al laberinto.

  No era impaciencia lo que los detenía, sino prudencia. En operaciones como aquella, el tiempo no se medía en segundos, sino en errores evitados. Cada respiración contenida era una vida salvada más adelante.

  —Esperamos la se?al —murmuró Athena, con la mirada fija en la entrada—. Si algo sale mal afuera, no damos un paso.

  Nyx especialista en pociones y Morgana, especialista en magia defensiva, se posicionaron discretamente a ambos lados del arco de piedra que marcaba el ingreso al laberinto. Sus manos ya estaban cargadas de aura. En cuanto el operativo comenzara, levantarían barreras para sellar la salida.

  —Nadie entra. Nadie sale —confirmó uno de ellos.

  El mayor obstáculo seguía siendo la recepcionista.

  No podían tocarla. No podían dormirse el lujo de noquearla ni eliminarla. Si la habilidad Domar se rompía de golpe, el líder lo sentiría. Y si eso ocurría, todo el castillo de naipes se vendría abajo.

  —Ahora —Dijo Morgana.

  Un conjuro avanzado se activó.

  El hechizo no distorsionó la realidad: la sustituyó. Para la recepcionista, la noche continuó como cualquier otra. Aventureros saliendo cansados, murmullos triviales, el reloj avanzando con normalidad. Nada fuera de lugar. Nada sospechoso.

  Cuando el grupo cruzó el umbral, ella ni siquiera levantó la vista.

  Los primeros pisos del laberinto de Akron eran conocidos por su estructura simple: corredores amplios, cámaras conectadas entre sí, rutas creadas más para combates simples. No había jefes de piso hasta el nivel diez, y los monstruos suelen ser débiles para principiantes.

  —Demasiado limpio —murmuró Yui.

  — Algo anda mal —respondió Mina—. Pero no queda otra, vamos directo al sexto piso.

  El grupo avanzó con rapidez, sin encender antorchas ni utilizar luz mágica innecesaria. Cada paso era calculado. Cada giro, memorizado.

  Al llegar al sexto piso, el segundo grupo compuestos por Aris a la ofensiva con su lanza y Friden soporte curativo, se separó según lo planeado, quedando en custodia de las rutas secundarias y posibles salidas ocultas.

  Y entonces lo vieron.

  La subasta.

  La cueva era un coliseo subterráneo, un círculo gigantesco iluminado por cristales mágicos incrustados en la roca. Siete jaulas cubiertas rodeaban un escenario central. Sobre plataformas elevadas, figuras importantes de Akron y otras ciudades, los integrantes comían, bebían, reían.

  Mozos servían copas de vino como si se tratara de una gala noble.

  —Esto es… —Risa apretó los dientes—. Esto es una burla.

  Ocho guardias patrullaban el perímetro. El jefe del gremio se encontraba sentado en un palco privilegiado sin expresión.

  A su lado, una mujer de postura impecable y mirada fría.

  —Indora —susurró Mina—. La guardaespaldas que nunca falla justo como dicen los rumores.

  Y más allá, separado del resto, un hombre alto, de sonrisa ladeada y presencia dominante. Dos látigos colgaban de su cintura como extensiones naturales de su cuerpo.

  —El domador —dijo Athena—. No hay duda.

  Yui sintió el impacto emocional como una segunda traición cuando confirmó lo inevitable.

  —Tenía razón… —Dijo—. Athena… fue él.

  La arquera se mordió los labios.

  —Entonces esa espada… —murmuró—. Maldito.

  Athena levantó discretamente una flecha especial sincronizada con el grupo del exterior. Su color era azul.

  —Si cambia a rojo —dijo—, Arquímides lanzará la se?al. Mora intervendrá desde el gremio.

  El grupo contó mentalmente. Ocho guardias. El jefe del gremio, Indora y el domador.

  Y algo más.

  —Algo no encaja —Dijo Yui por lo bajo.

  — ?Qué? —preguntó Mina sin apartar la vista.

  —No hubo monstruos. Ninguno. Y el aura del domador… —cerró los ojos—. Es la misma en los guardias y en seis jaula pero…

  — ?Y la séptima?

  Yui abrió los ojos lentamente.

  —Ni la 7ma jaula ni el líder del gremio... ?No coinciden!

  El silencio fue absoluto.

  —Eso no tiene sentido —dijo Risa—. él no es un esclavo.

  —No —respondió Yui con voz grave—. Pero su aura… no es suya.

  Mina estaba confundida pero seguía firme.

  —Seguimos el plan —ordenó—. Nada cambia.

  Athena asintió.

  —Nerfex.

  —Listo —respondió una voz firme y segura.

  —Neutraliza guardias. Sin matar, multiplícate y se sigiloso

  —Entendido.

  —Yui —Athena la miró—. Aguanta contra el jefe del gremio. Kimara cubrirá a distancia, en cuanto Nerfex termine serán ustedes tres. Su rival es fuerte no les será nada fácil, siento encargarte de algo tan complicado. Su habilidad es la manipulación de tierra, llego a ser jefe gracias a su excelente manipulación

  Yui respiró hondo.

  —Lo haré.

  —Mina, Risa —continuó Athena—. Indora es suya.

  —Puedo con ella, no será fácil pero lo haré —dijo Mina.

  —Yo también —a?adió Risa, aunque su voz tembló apenas.

  —Yo iré por el domador —finalizó Athena—. Previo utilizaré mi lluvia de flechas “z” para que nadie pueda escapar y dormir al público así nadie molestará

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  La subasta comenzó.

  Los precios subían. Los números cambiaban de manos. Semihumanos, elfos, gigantes… vendidos como mercancía.

  En ese momento, Athena cambia el color de su flecha para dar la se?al al exterior

  Desde la entrada del laberinto, Morgana alzó su bastón y liberó el hechizo acordado. Un rayo de luz mágica ascendió en silencio hacia el cielo nocturno, atravesando la piedra como si no existiera, visible solo para quienes sabían qué buscar.

  En el balcón del segundo piso del gremio, Mora lo percibió al instante.

  La diosa no mostró sorpresa. Su expresión se endureció apenas un segundo antes de girarse hacia su interlocutora.

  —Es ahora —dijo con voz firme.

  Frente a ella se encontraba la mano derecha del jefe de gremio: la recepcionista principal. Sin perder tiempo, Mora le explicó el plan que habían estado ejecutando en secreto durante las últimas semanas y la necesidad urgente de movilizar a las autoridades de la ciudad.

  —Rodeen el laberinto —ordenó—. Nadie entra, nadie sale. Necesito refuerzos listos para intervenir en cuanto se dé la orden.

  La recepcionista asintió con determinación.

  —Entendido. Me encargaré de ello de inmediato.

  Mientras se retiraba, no pudo evitar una mueca de frustración. Le habría gustado contar con aventureros para el operativo, pero sabía que en esa circunstancia no era una opción viable. Aun así, no dudó.

  El engranaje de la ciudad comenzó a moverse.

  Mientras tanto, en lo profundo del laberinto, Nerfex cerró los ojos y concentró su aura. Su figura se fragmentó en múltiples siluetas superpuestas que, poco a poco, se difuminaron hasta volverse casi imperceptibles. La habilidad de multiplicación y sigilo lo convirtió en una sombra translúcida, lista para atacar sin ser vista.

  Athena avanzó un paso y apoyó una rodilla en el suelo.

  El aura que la envolvía cambió de tonalidad, impregnada por la bendición de la diosa Mora. Con voz firme, comenzó el canto.

  —Bendice con tu llama sagrada…

  Que mis flechas sean siempre usadas para el bien.

  Que su destino golpee, en todo momento, a la oscuridad.

  Flechas Z.

  Al concluir el hechizo, una flecha blanca se materializó en su mano izquierda, emitiendo un brillo puro y constante.

  Athena se incorporó y recorrió al grupo con la mirada.

  —Prepárense —ordenó en voz baja—. Cuando finalice la subasta de la última jaula… entramos en acción.

  El silencio que siguió fue absoluto.

  El instante previo al caos había comenzado.

  —La joya de la noche —anunció el presentador—. Un semihumano bestia de linaje excepcional.

  Risa se quedó inmóvil.

  Yui la miró.

  Su aura se desbordaba.

  —Risa… —Dijo.

  —Si no lo hacemos ahora… —la voz de Risa era un hilo roto—. Lo haré yo.

  El domador se levantó.

  —Audiencia —dijo con teatralidad—. Soy Vanos, yo mismo capturé este espécimen. Así que el precio… sube. Porque viene en combo.

  El látigo cayó.

  Una vez.

  Dos.

  Un grito ahogado resonó

  — ?BASTA! —gritó Risa.

  Risa se lanza al centro de la escena, el grupo de la diosa sin palabras y desprevenidos a la reacción de Risa

  — ?AHORA! —ordenó Athena.

  El caos estalló.

  Al ser descubierto Nerfex da visibilidad a su posición delante de los guardias ejecutando un hechizo de fuego medio dejándolos fuera de combate

  Una lluvia blanca descendió sobre la sala. Los compradores, los mozos, los cómplices… uno a uno fueron cayendo dormidos. —Qué lástima —sonrió Vanos—. No verán el final.

  — ?DEVUéLVEMELO! —gritó Risa.

  Su cuerpo comenzó a cambiar.

  Huesos reacomodándose. Garras emergiendo. Colmillos asomando.

  —Vaya… —rió Vanos—. Así que eras tú.

  —Nuestra diosa no se equivocó —dijo Mina—. Risa… era la bestia.

  Yui sintió la conexión.

  El aura del hermano.

  El aura del jefe del gremio.

  Una cueva se abrió al fondo.

  Monstruos comenzaron a emerger.

  Y entonces, una figura avanzó desde la oscuridad.

  Parche en el ojo. Sonrisa calculadora. Látigo de acero.

  —Cayeron en la trampa —dijo con calma—. Tal como lo preví.

  —Gemine… —Vanos se inclinó—. Eres magnífica, cuando vi a esta transformarse tenía que felicitarte

  Yui apretó los dientes.

  El tablero había cambiado pero todo se había aclarado para ella

  El cuerpo de Risa terminó de cambiar frente a todos.

  Su postura se volvió más baja y firme, los músculos se tensaron bajo la piel y una cola oscura emergió detrás de ella, moviéndose con violencia contenida. Sus ojos, ahora rasgados y brillantes, no se apartaban de la jaula abierta frente al escenario.

  Gemine la observó con interés genuino.

  —Es una lástima —comentó con una sonrisa tranquila—. Aún no es una transformación completa. Si lo fuera, tu valor sería incalculable.

  Risa no respondió.

  Abrió la boca y lanzó un aullido profundo.

  El sonido no fue solo un grito: fue una onda de choque. El aire vibró con violencia y los cuerpos dormidos de los compradores salieron despedidos hacia los costados de la cueva, chocando contra las paredes y las jaulas cerradas. El polvo se elevó, y durante un instante el lugar quedó envuelto en caos.

  Los demás no podían creer tal magnitud de su compa?era risue?a

  Gemine ni siquiera dio un paso atrás.

  —Interesante —dijo, sin perder la calma.

  Chasqueó los dedos.

  Desde los túneles laterales comenzaron a surgir criaturas: duendes armados con cuchillas oxidadas, orcos menores de mirada vacía, lobos de pelaje gris con marcas de control, esqueletos reforzados con piezas de armadura rota. Todos avanzaban al mismo ritmo, como si compartieran una sola voluntad.

  —Juguetes útiles —a?adió la domadora—. Veamos cuánto duras.

  Risa se lanzó hacia adelante.

  No utilizó técnicas ni armas. Su combate era directo, instintivo. Golpeó al primer orco con el antebrazo, rompiéndole el cuello antes de que pudiera reaccionar. Giró sobre sí misma y clavó las garras en el cráneo de un lobo, usando el impulso para lanzarlo contra dos duendes que venían detrás.

  Los esqueletos fueron destrozados con fuerza bruta, sus huesos reducidos a fragmentos bajo impactos precisos.

  —Sí… —murmuró Gemine, observando—. Definitivamente es divertida.

  Alzó uno de sus látigos y lo estrelló contra el suelo.

  El aire tembló.

  Desde el túnel principal emergió una figura mucho mayor. Un minotauro, cubierto de cicatrices, con una masa de hierro en una mano. Su aura era densa, propia de pisos elevados del laberinto.

  —Veamos cómo manejas algo real —dijo Gemine.

  El minotauro rugió y embistió.

  Risa no retrocedió.

  Recibió el impacto de frente, deslizándose varios metros hacia atrás, dejando surcos en el suelo. Sus piernas temblaron, pero se sostuvo. El segundo golpe llegó de inmediato, dirigido a su cabeza.

  Risa levantó ambos brazos y lo bloqueó.

  El choque hizo crujir el aire.

  Giró el cuerpo y golpeó el costado del minotauro con el hombro, desestabilizándolo. Aprovechó la apertura para saltar, aferrarse a su cuello y clavar los colmillos en su hombro. El monstruo rugió de dolor, intentando sacudírsela.

  Risa resistió.

  Golpeó repetidas veces con las rodillas, fracturando costillas. Cuando el minotauro cayó de rodillas, ella se impulsó hacia atrás y descargó un golpe directo al rostro.

  El cráneo se partió.

  El cuerpo del minotauro cayó sin vida.

  El silencio volvió a la cueva, interrumpido solo por la respiración agitada de Risa.

  Gemine aplaudió lentamente.

  —Impresionante —dijo—. A este ritmo, tal vez llegues a algo interesante… si sobrevives.

  Risa levantó la mirada, el cuerpo cubierto de sangre ajena, los ojos aún dominados por su forma bestial.

  No había miedo en su expresión.

  Solo una decisión clara: Recuperar a su hermano.

  Su forma bestial estaba completamente manifestada: garras largas, colmillos visibles, músculos tensos y un aura salvaje que se agitaba a su alrededor como una tormenta contenida.

  Gemine aplaudió despacio.

  —Impresionante —dijo con una sonrisa ladeada—. No es una transformación completa… pero aun así superaste a un minotauro de pisos altos. De verdad eres valiosa.

  Risa giró la cabeza con brusquedad. Sus ojos brillaban con furia.

  Gemine alzó ambos látigos, trazando un símbolo en el aire. El aura a su alrededor cambió de tonalidad, volviéndose más densa, más pesada.

  El suelo tembló.

  Desde una grieta al fondo de la cueva emergió una bestia mucho mayor que las anteriores: un coloso de cuatro patas cubierto por placas óseas oscuras, con una cabeza alargada y mandíbulas capaces de triturar roca. Sus ojos eran opacos, como si la vida en ellos estuviera sostenida solo por la voluntad de su domadora.

  —Desde el piso 39 una de mis adquisiciones top, el colosal oscuro

  La criatura rugió, y el sonido fue tan profundo que hizo vibrar el aire. Risa respondió con su propio aullido, uno cargado de aura. La onda de choque se expandió en todas direcciones, levantando fragmentos de piedra y obligando incluso a Gemine a clavar los pies para no perder el equilibrio.

  —Eso es —rió Gemine—. Muéstrame más.

  El devorador atacó primero. Sus garras descendieron como martillos, rompiendo el suelo donde Risa había estado un instante antes. Ella se impulsó con una explosión de aire bajo sus pies, moviéndose con una velocidad que dejó un rastro cortante a su paso. Al caer, lanzó un tajo horizontal con sus garras, liberando un corte de aire comprimido que impactó contra el costado de la bestia.

  La criatura apenas retrocedió.

  Respondió con un coletazo que Risa bloqueó cruzando los brazos, pero el impacto la lanzó varios metros, estrellándola contra una pared. El golpe resonó en toda la cueva.

  Gemine observaba con atención, calculando.

  Risa se incorporó con un gru?ido bajo. Sangre recorría su brazo, pero su aura aumentó en intensidad.

  Esta vez fue ella quien atacó de frente.

  Saltó, giró en el aire y descargó una ráfaga de cortes de viento descendentes. El devorador rugió al recibirlos, retrocediendo un paso. Aprovechando la apertura, Risa cayó sobre su lomo y clavó las garras, aferrándose mientras la bestia se sacudía con violencia.

  El colosal oscuro, comienza a brillar con un azul oscuro y desde su boca descarga un rayo de poder que impacta en Risa, una vez el polvo bajara ella estaba intacta, con un rugido previo pudo contrarrestar el ataque, se lanza al colosal esquivando rayos oscuros y una vez se coloca de frente lanza un rugido que agrieta a casi destruir su capa de placas que cubrían su cuerpo, aturdiéndolo haciéndolo retroceder a lo que Risa con sus garras corta aire atraviesa su pecho destruyendo a la bestia y quedando exhausta en el proceso

  La bestia había ganado. Y Gemine, por primera vez en la noche, había perdido una pieza clave de su juego.

  Pero…

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