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Capitulo 5: Tifón

  La ma?ana siguiente en el recinto del mago.

  Aerion se encontraba revisando unas notas cuando un golpeteo de alas y picotazos sobre su ventana se escuchaban. Un ave mensajera, portando el emblema de la diosa Mora.

  Requiere su presencia en Akron. Ha surgido un conflicto relacionado con la trata de esclavos… y necesita su ayuda.

  Aerion frunció el ce?o, grave.

  — ?La situación es tan crítica como para solicitarme directamente?

  —La nota decía: “Tu magia nos facilitara un trabajo… ven con el explorador”.

  Aerion soltó un suspiro profundo. él ya intuía a quién más necesitaría.

  —Raik —lo llamó, sin alzar la voz.

  El semihumano apareció desde una rama con un salto ágil, la cola moviéndose con intriga.

  — ?Me necesitas?

  —Vamos a Akron. Y no será un viaje sencillo.

  Raik sonrió apenas.

  —Perfecto. Estaba empezando a aburrirme.

  Yui quien estaba llegando desde la distancia, se preguntaba que hacían ambos desde tan temprano.

  —Será un asunto serio nos tomara tal vez una semana, pero volveré pronto. Mientras tanto… sigue entrenando, estás creciendo mucho más rápido de lo que imaginas.

  Ella asintió con determinación.

  Y así comenzaron las dos semanas de entrenamiento.

  Con Aerion y Raik en misión, Yui redobló sus esfuerzos.

  El bosque se volvió su campo de batalla.

  La lluvia no la detenía.

  El viento helado no la frenaba.

  Las noches interminables eran acompa?adas por el cálido apoyo de la familia Heart.

  Elara y Lyra corrían junto a ella entre los árboles, riendo y ayudándole a concentrarse.

  La Sra. Heart la llenaba de comida casera para recuperar energía.

  El Sr. Heart le corregía la postura cuando la veía entrenar con su escudo de viento.

  Fueron días simples… pero felices.

  Quizás los más felices desde la caída de Eldoria.

  Su aura se volvió más estable.

  Su sensibilidad al viento, más fina.

  Su concentración, más firme.

  Pero había algo que no mejoraba:

  su Sentido de Amenaza.

  Yui sabía que funcionaba solo parcialmente, y al no ser una habilidad puramente mágica, lo dejó en segundo plano, enfocándose en su dominio elemental.

  Nunca supo lo grave que sería esa decisión.

  El cielo estaba cubierto por nubes negras.

  La lluvia golpeaba la tierra como un tambor de guerra.

  Yui volvía de practicar junto al río cuando sintió…

  nada.

  Ni una se?al.

  Ni un susurro del viento.

  Ni un aviso de su instinto.

  La casa Heart estaba extra?amente silenciosa.

  — ?Se?ora Heart? ?Sr. Heart? —preguntó entrando, con una sonrisa leve—. Volví temprano hoy.

  El silencio la hizo temblar.

  Cuando llegó al comedor, el tiempo pareció detenerse.

  El Sr. y la Sra. Heart estaban tirados en el suelo, sus cuerpos aún tibios, las manos extendidas como si hubieran intentado proteger algo… o a alguien.

  —N-no… no, no, NO… —Yui cayó de rodillas, la respiración rota.

  El Sr. Heart, aún con vida por un hilo, alzó una mano temblorosa hacia ella.

  —Yui… —susurró con un hilito de voz que ya se apagaba—. Hicimos lo que todo padre debe… proteger a sus hijas…

  — ?No hables! ?Voy a ayudarte! ?Por favor, no te duermas! —gritó ella con lágrimas cayendo como lluvia.

  él sonrió, débilmente.

  —Cuídalas… que crezcan felices… ellas… están…

  Sus ojos se apagaron antes de terminar la frase.

  — ?NOOOOOOO! —Yui gritó desde el fondo de su alma.

  Detrás de ella, una voz desconocida comenzó a reír.

  —Qué conmovedor… realmente pensé que harían más resistencia.

  Yui se congeló.

  Un hombre alto, cubierto con una capa oscura empapada por la lluvia, sonreía con crueldad.

  Sacudió la sangre de su arma con indiferencia.

  —Mi nombre es Caleb. Uno de los tres que arrasaron tu peque?a aldea, ?lo recuerdas? Te seguí el rastro desde Eldoria. No fue difícil. Y ellos… —miró a los padres Heart como basura— fueron simples.

  El mundo de Yui se rompió.

  La lluvia golpeó más fuerte.

  El viento se arremolinó con violencia.

  Su aura empezó a vibrar… luego a gritar.

  —Tú… —Yui murmuró entre dientes, las lágrimas cayendo—. Tú los mataste… Tú los MATASTE…

  Caleb sonrió.

  Por primera vez, vio lo que no debía ver.

  Los ojos de Yui comenzaron a brillar en un verde esmeralda intenso, como dos lunas ferales.

  Su aura explotó, un huracán oscuro rodeado por descargas de poder descontrolado.

  La casa fue arrancada de sus cimientos, hecha pedazos en un segundo.

  — ?Q-qué… qué demonios eres? —balbuceó Caleb retrocediendo.

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  Yui ya no escuchaba.

  No razonaba.

  No existía nada más que su odio, ira, sed de sangre.

  —Te mataré… —murmuró.

  —Te mataré… —repitió.

  —TE MATARé —rugió con una voz distorsionada y llena de dolor.

  En un instante estaba detrás de él.

  Caleb apenas tuvo tiempo de girar.

  Un movimiento.

  Un destello esmeralda.

  Un rugido de viento.

  Yui arrancó su brazo de cuajo, ba?ando el suelo en sangre. Caleb gritó, arrodillándose, incapaz de comprender cómo su vida se había reducido a eso. El humano no podía reaccionar del miedo, pensó que era un trabajo sencillo pero ni siquiera podía concentrar aura del terror ante sus ojos.

  —E-espera… espera… ?espera! —La desesperación lo quebró—. Podemos negociar, yo— yo puedo—

  Yui no escuchaba, estaba en un trance dominada por su poder.

  Su viento lo envolvió como garras.

  Lo cortó, lo desgarró, lo hizo sentir cada segundo, cada dolor, cada castigo.

  Su agonía duró lo suficiente para que él deseara haber muerto con el primer golpe.

  Cuando todo terminó, no quedó nada reconocible de Caleb.

  La aldea entera quedó envuelta en un caos absoluto. Desde el centro, donde la casa Heart había colapsado, un tifón de viento verde oscuro se expandía como una bestia nacida del dolor. Las ráfagas golpeaban los muros de las viviendas, arrancaban tejas y hacían crujir ventanas al borde de romperse. El cielo, cargado de nubes negras, se mezclaba con el remolino, iluminado por destellos esmeralda que surgían del cuerpo de Yui.

  La elfa permanecía en el epicentro, flotando a gran distancia del suelo, su cabello elevándose por la presión del viento. Sus ojos, completamente esmeralda, no reflejaban conciencia alguna. Sus labios repetían una frase como un lamento roto:

  —Los mataré… los mataré… los mataré…

  Cada repetición hacía estallar una nueva onda de energía.

  A varios kilómetros, Aerion y Raik avanzaban bajo la lluvia torrencial. Ambos aminoraron la marcha cuando vieron la silueta distorsionada en la peque?a aldea azotada por un remolino imposible.

  — ?Qué… es eso? —susurró Raik, sin creer lo que veía.

  Aerion sintió cómo un escalofrío le atravesaba la espalda.

  La intensidad de ese poder no pertenecía a un aprendiz… ni siquiera a un guerrero en pleno dominio elemental.

  —Es Yui —contestó, con un tono lleno de urgencia—. Algo terrible sucedió.

  Cuando alcanzaron las primeras casas, la fuerza del viento los empujó hacia atrás. Los árboles se doblaban. Fragmentos de madera volaban en todas direcciones. El suelo temblaba como si intentara apartarse del epicentro.

  —Voy a entrar —dijo Aerion, tenso—. Tú ayuda a los aldeanos. Mantén a todos lejos. Si el tifón crece más, podría destruir toda la aldea.

  Raik afirmó con la cabeza, aunque sus ojos mostraban preocupación sincera.

  —Ten cuidado… esa energía se siente… peligrosa. No sé si ella misma sabe lo que está haciendo.

  Aerion dio un paso al frente y activó su propio control del agua, abriendo un peque?o corredor de aire estable a su alrededor. Por suerte la magia elemental de agua de Aerion le facilitaba el entorno a su alrededor

  Mientras tanto, Raik corría hacia las viviendas da?adas, ayudando a levantar escombros y poniéndose delante de los aldeanos para protegerlos de los fragmentos que seguían volando.

  — ?Atrás! ?Aléjense del centro! ?Es demasiado peligroso! —gritaba con una voz mucho más seria que de costumbre.

  El tifón rugió, expandiéndose aún más.

  En su corazón, Yui gritaba, lloraba, recordaba a sus padres agonizando en sus brazos, los momentos felices junto a la familia Hearts.

  Pero su mente estaba perdida en un mar de furia absoluta, sin distinguir amigo de enemigo.

  Aerion avanzó hasta que pudo verla.

  Y su expresión cambió por completo.

  No había reconocimiento en los ojos de Yui.

  No había control.

  Solo un huracán de dolor convertido en poder destructivo.

  —Yui… —murmuró, con la voz entrecortada por el viento—. ?Qué te hicieron?

  Su aura chocó contra la de ella y el mundo entero pareció vibrar.

  El verdadero desafío era comenzar.

  El tifón rugía como un monstruo liberado. A medida que Aerion se acercaba al centro, los relámpagos comenzaban a caer alrededor del remolino con una frecuencia alarmante. Cada impacto iluminaba la escena con un destello blanco que hacía que las sombras se agitaran como criaturas vivas.

  El suelo vibró cuando un rayo cayó a pocos metros de Aerion, levantando una ola de tierra y chispas.

  él no retrocedió.

  Nunca aparto sus ojos de su alumna. Extendió ambas manos. Una corriente de agua clara comenzó a girar a su alrededor, formando un escudo que se mezclaba con el viento, creando una franja de calma frente a él.

  —Está bien… —murmuró mientras daba un paso más—. Soy yo, Yui.

  El tifón respondió con un estallido, como si intentara apartarlo. Pero Aerion reforzó la corriente, haciendo que el agua se extendiera hacia los bordes del remolino. Su magia buscaba lo imposible: apaciguar la furia de un viento nacido del dolor.

  —No estás sola —continuó, alzando la voz para superar el estruendo del viento—. Escúchame, Yui. Estoy aquí. No tienes que cargar con esto tú sola.

  Otro rayo cayó, más fuerte, golpeando un árbol que estalló en astillas ardientes. El aura de Yui se intensificó. El remolino se volvió más oscuro y más rápido. Sus ojos brillaban con un verde que parecía devorar la luz.

  —Los mataré… —susurró ella, sin parpadear—. Los mataré a todos…

  Aerion sintió que la presión del viento casi lo arrojaba al suelo. Pero dio otro paso.

  Luego otro.

  —No —respondió con firmeza, sin violencia—. Yui… esto no eres tú. No dejes que el odio te lleve. Sé que duele. Sé que perdiste demasiado en una sola noche… pero si sigues así, vas a destruirte.

  El agua que controlaba comenzó a ascender como una espiral hacia el remolino, creando un contraste entre el verde tempestuoso y el azul cristalino. Poco a poco, empezó a debilitar el giro del tifón, aunque la resistencia era feroz.

  Yui finalmente giró su rostro hacia él.

  Por un segundo, Aerion creyó ver un destello de reconocimiento.

  Un segundo.

  Pero fue suficiente.

  —Yui… mírame —dijo más suavemente—. Tus padres te amaban. Hicieron todo para protegerte. No querrían que este dolor te consumiera.

  La voz de Aerion atravesó la tormenta como un hilo de luz.

  Yui pesta?eó.

  Una lágrima —apenas una— cayó por su mejilla, evaporándose antes de tocar el suelo por el calor del aura.

  El tifón tembló.

  El viento perdió fuerza durante un par de segundos, como si dudara.

  Los relámpagos dejaron de caer.

  Aerion, aprovechando la frágil pausa, extendió la mano hacia ella.

  —Por favor… vuelve —murmuró.

  Yui apretó los dientes. Su cuerpo temblaba, dividido entre la furia y el dolor. Su respiración era irregular.

  La tormenta todavía rugía, pero por primera vez desde que comenzó… parecía disminuir.

  El viento se debilitó lo suficiente como para que Aerion cruzara los últimos metros que lo separaban de ella. Aun así, cada paso era como caminar contra una tormenta viva. Cuando por fin llegó a su lado, Yui seguía temblando, envuelta en aquella aura verde oscura que chispeaba como si estuviera hecha de furia pura.

  —Yui… ya está —dijo Aerion con voz baja, casi un susurro perdido entre los restos del tifón—. Ya pasó.

  Al escuchar su voz tan cerca, algo dentro de la elfa terminó de quebrarse. Su respiración se volvió errática; sus ojos, antes convertidos en esmeraldas brillantes, comenzaron a perder foco.

  —No… no quiero… —balbuceó, como si las palabras le dolieran físicamente—. No quiero más…

  El aura alrededor de Yui titubeó.

  Luego se contrajo.

  Fue como si toda la presión acumulada en su pecho finalmente la abandonara. Sus piernas cedieron y Aerion la atrapó antes de que tocara el suelo. Ella se aferró a su túnica con ambas manos, apretándola con fuerza, como si temiera desaparecer si lo soltaba.

  —Lo siento… —sollozó, sin poder contenerse—. No pude… no pude salvarlos… Aerion… yo…

  Su voz se quebró en un llanto desgarrador.

  Aerion la sostuvo con firmeza, sin decir nada por unos segundos, dejándola liberar aquello que la había consumido tanto tiempo. Su aura de agua rodeó a ambos con un velo suave, creando una calma artificial que frenaba lo que quedaba del tifón.

  —Yui —murmuró finalmente, inclinándose para que ella pudiera escucharlo—. No fue tu culpa. Nunca lo fue.

  Pero ella negó con la cabeza, escondiéndola contra su pecho.

  —Todo… todo esto… —sus lágrimas cayeron sobre su brazo—. Siempre mueren… siempre los pierdo…

  Un nuevo rayo cayó en la distancia, pero ya no tenía fuerza destructiva. La tormenta estaba muriendo junto con la resistencia emocional de Yui.

  Aerion la abrazó más fuerte.

  —Estoy aquí —dijo con una sinceridad profunda—. No voy a dejarte caer. No ahora. No después de todo lo que sobreviviste.

  Las manos de Yui dejaron de temblar tan violentamente. Su aura, aunque aún presente, se volvió más tenue, como brasas después de un incendio.

  —No quiero… estar sola… —susurró ella, agotada, apenas consciente.

  —No lo estarás —respondió Aerion sin dudar—. Te lo prometo.

  Y así, bajo la lluvia que empezaba a ceder, con el olor a tierra mojada y destrucción alrededor, Yui antes del colapsó le da la ubicación de Elara y Lyra. Su cuerpo se relajó, vencido por el cansancio físico y emocional. Se desmayó entre los brazos de Aerion, que la sostuvo con cuidado, como si fuese la cosa más frágil del mundo.

  Aerion avisa a Raik la ubicación de las hermanas para que este vaya a ver en qué condiciones se encontraban, por suerte el sótano donde las resguardaron no sufrió ningún da?o, ambas semihumanas estaban dormidas con lagrimas en los ojos.

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