Afuera del salón los Akahane alcanzaron de forma apresurada al maestro, el cual sin previo aviso se dio la vuelta, los tres se estamparon contra un escudo de energía.
—Son ustedes —el rubio miró con diversión a los 3 tirados en el suelo. — ?Qué hacen ahí? Levántense.
Hōrin le dirige una mirada de muerte al mayor.
— ?Puedes explicarnos que acaba de pasar hace un momento? —habló el líder.
— ?Te refieres a los equipos? Fue suerte, nada más.
— ?Y quieres que le creamos? Esos equipos fueron creados con trampa, ?ustedes estaban detrás de esto, no es cierto? —vacilo de forma acusatoria el menor.
Hiroaki miró con un poco de molestia al mitad pájaro.
—Hōrin, escucha —se lleva la mano a la frente—. Las cosas que pasaron adentro son mera coincidencia, no tienes por qué preocuparte.
—Puedo asegurar que lo que vimos ahí adentro no fueron sus poderes..?O me equivoco? —El mencionado se cruza de brazos.
El alfa rueda los ojos. —Te lo dije, no es de tu incumbencia.
—Fue la profesora Miyazaki, ?verdad? —alega indignada.
—“Sin duda es un tengu, igual de esmerado que los suyos” —Hiroaki se muere por dentro de su cachete y ante esto una idea se cruza por su cabeza. Sonríe con malicia—. Muy bien si te respondo vas a concederme un favor ?De a cuerdo?
El joven asiente.
—Perfecto. Si, fue Miyazaki pero ella…—Hōrin le interrumpió.
-?Bingo! — levantó y bajó el brazo en forma de V, triunfante.
Mueve la cabeza de un lado a otro —aún me tienes que conceder el favor.
—?Es?
—Bastante sencillo, en realidad. ?Viste a Samuru, cierto? Necesito que lo lleves al dormitorio de los omegas de primer a?o.
Tanto Hiroto como Andoromeda se quedaron mirando raro a Fujimoto. En respuesta, Andorómeda habló:
—Fujimoto-sensei, perdona que lo diga, pero… no creo que sea muy bueno que un delta puro como Hōrin-sama sea el adecuado —reconsideró la de cabellos morados.
—?Quieres hacerlo tú? —el alfa levantó una ceja y se cruzó de brazos.
-?No! Que lo haga Hiroto, él es beta —alegó, apuntando con el dedo al rubio menor.
-??Oh?! ?Y yo por qué? Tú eres omega, ve tú con él —protestó exaltado; su cara se contrajo con asco.
—Si ninguno quiere hacerlo, eso nos deja con el joven Akahane —jacta Hiroaki.
—Me niego —exclamó rotundamente.
—Me prometiste el favor.
—Lo sé, pero, sensei… él es… Bueno, parece raro. Esos sellos son del clan Shinkawa. El hecho de que sus manos estén envueltas significa que es peligroso —comentó, disgustado.
—Bōya , ? tienes miedo? —una sonrisa sutil se forma en sus labios.
—Cállate, viejo —gru?ó.
—Quizá debamos llamar a tu padre para hablar de tus modales? —Fujimoto miró divertido hacia la ventana; Justo en ese momento, unos pájaros salieron volando.
Hōrin hizo una mueca, extra?ado y disgustado, como si lo estuvieran incriminando.
Derrotado, dijo:
—Está bien —y bufó—. ?Cuál es su habitación?
—"Buen ni?o"—pensó el rubio—. Me alegra que hayas aceptado. La habitación de Furukawa–san es la 012-L. Asegúrese de que llegue bien. Esta es la llave; por favor, dile que la mantenga en un lugar seguro —Hiroaki le entregó las llaves.
—Se lo diré. De acuerdo chicos, vámonos—Hōrin se dio la vuelta comenzando a caminar para que después de unos segundos al no escuchar más pasos acompa?ándolos se girara—. ?Chicos? —Lo siento Akahane–sama, esta vez estás solo—Hiro hablo desde lo lejos—. Ese chico da demasiado miedo.
—Es un gamma, ?le tienes miedo a un bonito gamma? —Andoromeda hablo divertida.
—No mientas, tu también le tienes miedo—responde de forma acusadora.
Hōrin les miró desde lejos, se llevó la mano a la frente, decepcionado de sus colegas, suspiro cansado y se dio la media vuelta.
—Como quieran…?Nos vemos en el lugar de siempre!
Ambos tengus se quedaron mirando quietos como el joven caminaba en dirección al salón, un poco incómodos tomaron la dirección opuesta, no sin antes despedirse de su maestro, Fujimoto les ve alejarse pero no dice nada si no que mira a la ventana en donde un cuervo se encontraba posando. Fujimoto sonríe y piensa: “Cierto, mis agradecimientos”.
…
Los pasos resonaban en los pasillos, arrastrando con ellos una tensión palpable.
Sin cruzar palabra, Samuru y Hōrin caminaban. A veces, Hōrin aceleraba el paso, ya fuera por despiste o para dejarlo atrás; fuese como fuese, comenzaba a irritar al Gamma. Aun así, Samuru se esforzaba por seguirle el ritmo, pese a lo molesto que le resultaba.
De vez en cuando, el Akahane lo observaba de reojo, notando que sus peque?os jadeos de cansancio se hacían más evidentes y su respiración se agitaba. No es que Hōrin ignorara que su paso largo y veloz agotaba al chico, tampoco buscaba incomodarlo; simplemente quería terminar cuanto antes su encargo: llevar al Gamma a su cuarto "sano y salvo", aunque en ese lugar no pareciera haber amenaza alguna.
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Observar desde la periferia lo inquietaba. Verlo así: manos envueltas y cubierto de papeles con distintos símbolos, predominando el kanji de "sellado". No entendía cómo ese chico al que escoltaba podía ser tratado como un objeto maldito, tal vez incluso como un criminal.
Hace poco, cuando Hōrin fue a recogerlo, esperaba encontrarse con alguien arrogante o perturbador, algo que justificara su apariencia. Pero Samuru resultó ser tan tranquilo que parecía un fantasma... quizá demasiado. Esperaba que dijera algo durante el trayecto, pero ni siquiera cuando esas dulces moras se agriaban, Samuru emitía palabra.
Quizá fue el cansancio de seguirle el paso, quizá la actitud condescendiente del mayor; tal vez el silencio persistente, salvo por un escueto "vámonos" o esas miradas constantes desde arriba. Sea cual fuera el motivo, finalmente el azabache menor decidió hablar.
—?Sabes? Es considerado de tu parte llevarme, aunque esto es algo que suelo manejar sin escolta —expresó con mordacidad.
—?Uh? —articuló el Delta, sacándolo de sus pensamientos y provocando que detuviera el paso. Samuru lo dejó desconcertado.
—?Fue el sensei, verdad? Fujimoto-sensei es muy amable, pero deniego su gesto —movió la cabeza de un lado a otro—. Puedo llegar solo, no es necesario que me lleves. Ya vi que te causó incomodidad después de todo, y prefiero evitar problemas.
Sus ojos se entrecierran mientras abría levemente la boca y alzaba las cejas. “?De qué estás…?”, pensó el Akahane por un momento. “Mentira no es…”, razonó para sus adentros. Hōrin no tenía excusa ante las palabras del de menor estatura. Quizá darle una mentira piadosa para apaciguar las cosas sería la mejor opción, pero aun así no explicaría por qué había soltado esas palabras de golpe.
“?Parece que es más perspicaz de lo que pensaba?” Sus ojos carmesíes observaban el rostro más joven, con los labios apretados formando una fina línea y la mirada ligeramente baja; el Gamma estaba molesto.
Por otro lado, Furukawa refunfu?ó y pasó de largo.
—Solo dime en dónde está mi cuarto.
Hōrin solo lo observó, aún más desconcertado, y lo siguió por detrás. Era posible que el Gamma tuviera razón y pudiera llegar solo; bastaba con decirle el número y dejar que lo encontrara para deshacerse de la tarea. Pero ya era algo que le había prometido a Fujimoto, además de que dudaba enormemente del oloroso a moras, dado que los pasillos de la academia tendían a cambiar cada cierto tiempo.
—Ni hablar —refutó por fin, dignandose a hablar—. Sí, fue algo que Fujimoto-sensei me pidió, pero tampoco puedo dejar que andes solo. Además, se lo prometí.
Hōrin adelantó el paso para acercarse a Samuru.
—Puedes decirle que se lo agradezco, pero no hacía falta. Basta con que me des las indicaciones para llegar —comentó con tensión, mirando al frente, sin dirigirle la mirada.
Hōrin ladeó la cabeza de un lado a otro.
—No. Te perderás. Las cosas aquí no son tan sencillas como piensas.
Akahane se rascó la cabeza, un poco frustrado por la actitud del Gamma, aunque no podía culparlo; al fin y al cabo, había sido su culpa que reaccionara así.
—Sígueme. Te mostraré cómo funcionan las cosas aquí —dijo, haciendo un ademán para que lo siguiera. Esta vez se aseguraría de no ser tan evidente con su forma de actuar.
Durante parte del trayecto, el Delta se dedicó a explicarle cómo funcionaban los pisos, que se turnaban entre los tres existentes, la protección que generaban mediante puertas trampa, así como los colores que indicaban la casta y el temperamento de quienes estaban en los niveles inferiores de la pirámide. También mencionó que el clan influía en esa organización.
—Un yokai es quien hace estas cosas —comentó Hōrin.
—?Lo contrataron? —preguntó Samuru.
—No, lo crearon —respondió el mayor.
Samuru quedó fascinado ante la respuesta, aunque no dijo nada más.
Tras esa breve charla, ambos guardaron silencio. Ahora que caminaban juntos, el ambiente animado se volvió más incómodo: Hōrin no tenía más que decir, y Samuru tampoco sabía cómo continuar.
Para su fortuna y alivio, después de atravesar varios pasillos y subir dos escaleras, llegaron finalmente a su habitación.
—Toma —el azabache mayor extendió el brazo y le entregó unas llaves—. No las pierdas. Guárdalas en un lugar que consideres seguro. Tu seguridad depende de ellas.
—Gracias —Samuru hizo una leve reverencia en se?al de gratitud.
Por su parte, el chico más alto se dio la vuelta y se despidió, sacudiendo la mano de un lado a otro mientras se alejaba.
El Gamma invocó a Zote quien introdujo la llave y giró el pomo. Al entrar, observó una cama con un cobertor azul marino decorado con olas, almohadas con fundas de estrellas y un cojín cilíndrico de tono oscuro. Cerca había una mesa de noche con una lámpara y un jarrón con flores. Más adentro, distinguió un escritorio junto a una ventana, una alfombra acolchada en el piso, un ropero y una puerta que conducía al ba?o.
“Acogedor” fue la palabra que cruzó por su mente.
Sus pertenencias ya se encontraban sobre la cama, y en el suelo yacían algunos regalos. Zote se dirigió a uno para recogerlo y examinarlo más de cerca, al moverlo, una nota cayó al suelo.
Para Furukawa Samuru, de Fujimoto Hiroaki. Espero que te gusten los detalles.
La invocación recogió lo que parecía ser un pergamino, y se lo mostró a Samuru quien lo observó un momento, examinando más de cerca y sonrió.
—Realmente no hacía falta —murmuró.
Con ayuda de aquella invocación recogió el resto de las cosas y las llevó hasta la cama; tendría que dedicar toda la tarde a organizar su habitación.
.
Muy lejos de allí, entre ramas que se mecían con el viento…
Dos manos toman la rama, cruje por el peso pero no se rompe; el rubio toma impulso y se acomoda sobre ella, observando a Andoromeda desde la distancia.
—??Aún nada?! —la chica grita desde abajo.
—?Si tú no lo ves, yo tampoco!—responde desde la distancia.
—Maldita sea, ya tarda demasiado —la chica se cruzó de brazos, ansiosa.
Ambos Tengus observaban a lo lejos; su futuro líder aún no había regresado, y ya habían pasado dos horas desde que lo habían dejado tan descaradamente.
Andoromeda estuvo a punto de desplegar sus alas, hasta que una segunda voz se escuchó:
—?No te dije que no utilizaras tus alas, Hiroto? —Hōrin hizo acto de presencia, mirando severamente al aludido.
—?Hōr... Hōrin-sama! —Hiroto se giró bruscamente y, con rapidez, se hizo a un lado, sobresaltado.
—Ustedes dos saben muy bien que no tenemos permitido volar dentro de la academia.
—?Uh? ?Sí? Mira quién habla —el rubio le lanzó una mirada acusadora—. Deberías estar abajo con Andoromeda. Además, ?de qué sirve tener alas si no vamos a utilizarlas?
—Ja... anda, bajemos ya —el delta puro se paró sobre la rama, dio un paso y, con el pie derecho, empujó al rubio desde el hombro para hacerlo caer.
—??Maldito!! —gritó el chico antes de caer. Afortunadamente, reaccionó a tiempo para desplegar sus alas y aterrizar sin un rasgu?o.
—Eso fue muy cruel, Hōrin-sama —dijo la chica, haciendo un puchero mientras observaba al mayor descender.
—Sí, sí... ?Se comunicaron con él o todavía no lo han hecho? —preguntó el joven mientras arrastraba hacia atrás una de las sillas de madera que rodeaban la mesa y se sentaba.
—Para ser franca, lo estábamos esperando a usted —Andoromeda también tomó una de las sillas para sentarse.
—ōtengu ya dijo que, si lo necesitaban, no hacía falta que yo estuviera presente.
—Bueno… Es mejor para nosotros que usted pueda con su padre. Incluso, Andorómeda le tiene miedo —masculló.
—??Cuándo he dicho eso?! —la chica se levantó de su asiento, golpeando la mesa.
—Hace rato —el joven se cruzó de brazos, asintiendo con la cabeza.
La chica presionó el pu?o, molestando.
—?Uf... mentiroso! Hace un momento tú dijiste que era mejor esperar a Hōrin-sama porque ōtengu-sama te daba miedo.
—No le creas, es una mentirosa —la chica se subió un poco a la mesa para agarrarlo del cuello, pues él estaba sentado sobre esta. En respuesta, Hiroto le sacó la lengua—. ?Una competencia de vuelo! El que sea más rápido y gane, demostrará que tiene la razón.
—Ya les dije que no está permitido volar.
—?Oh, vamos, Hōrin-sama! Usted dijo que no podíamos volar en la academia, pero estamos fuera de esto —insistió Andoromeda mientras lo zangoloteo.
—Seguimos dentro .
—Pero no en los pasillos —se excusó el chico.
—Hiro-san tiene razón, Hōrin-sama. Estamos fuera de la academia, no hay ningún sensei a la vista. Déjenos hacer una carrera, ?por favor? —suplicó la omega.
Hōrin mueve la cabeza de un lado a otro, y una sonrisa se cruza por sus labios. —No —responde secamente.
La bulla no se espera por parte de ambos, Hōrin los manda a llamar para pedirles que se concentren.

