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# Capítulo 23: Crisis Existencial

  # Capítulo 23: Crisis Existencial

  El silencio de la meditación se disolvió, no con un chasquido, sino con un susurro gélido que se infiltró en la mente de Zack. Abrió los ojos, sintiendo el peso de los recuerdos recién desenterrados oprimiéndolo. Eran recuerdos duros, fragmentos de un pasado que creía haber enterrado bajo capas de brutalidad y olvido. Lo más extra?o, sin embargo, no era el dolor que traían, sino la sensación de que habían desaparecido de su mente por un tiempo, solo para resurgir ahora, en un momento tan crítico. Una serie de recuerdos largamente dormidos estaban regresando, una avalancha de rostros, voces y sentimientos que no tenía tiempo de procesar. La urgencia de la situación le impedía profundizar en ese extra?o fenómeno.

  Con un salto ágil, Zack se puso de pie, con sus músculos tensos y listos para la acción. La ciudad, antes un laberinto de sombras y peligros ocultos, ahora pulsaba con un aura fuerte e inconfundible. Era la fuente del ritual, el epicentro de la invocación de Skull. Necesitaba llegar allí, y rápido. Sus ojos, antes enfocados en la introspección, ahora recorrían el horizonte, buscando el camino más directo hacia el corazón de la oscuridad que se extendía.

  Mientras corría por los tejados, la vista que se desplegaba debajo era a la vez hermosa y aterradora. El ojo que flotaba sobre la luna roja se había intensificado, su resplandor carmesí ahora era casi cegador. El cielo, antes un manto negro, parecía doblarse, distorsionado por la energía que emanaba de la ciudad. La energía espiritual se desbordaba por cada calle, cada callejón, cada edificio. Pero lo que más sorprendió a Zack no fue la intensidad del fenómeno, sino la reacción de los ciudadanos. No estaban desesperados, no había pánico. Al contrario, una extra?a calma, casi un éxtasis religioso, pendía sobre ellos.

  Miles de personas se arrodillaban en las calles, con la cabeza inclinada en se?al de devoción, rezando a la Visión. A través de las ventanas de las casas, familias enteras se unían en fervientes oraciones. El fuerte sonido de las voces, un coro de miles de personas clamando por su Dios, resonaba por toda la ciudad, un sonido que era a la vez hipnotizante e inquietante. El ojo que todo lo ve, presente y fuerte en todas partes, estaba emergiendo, transformando la luna y el cielo en su dominio personal. Se escuchaban gritos de felicidad, placer y satisfacción, una sinfonía macabra de devoción ciega. La desesperación de Zack era clara; ahora comprendía la verdadera magnitud de la situación. No eran los ancianos, ni la pareja joven. Era toda la ciudad. La ciudad estaba haciendo el pacto.

  ***

  Zack se detuvo abruptamente en un tejado, y la vista ante él solidificó su desesperación. Sacó un pergamino Ra, con las manos temblando ligeramente. "Orpheus, bajo la cama de Lyra hay un sótano, entra y llévatelos a todos. Es una orden directa, ?si no lo haces, todos se volverán locos!". El mensaje fue escrito con una urgencia que rara vez mostraba. Sus ojos, antes llenos de furia controlada, ahora no contenían ni un ápice de esperanza. Ya sabía que todo había salido mal. La respuesta de Orpheus llegó casi instantáneamente, un simple y resignado "Está bien, maestro".

  Desde el balcón, Zack notó que la ciudad emitía suficiente energía como para invocar algo de rango Dragón. Una sonrisa amarga y enfermiza se formó en sus labios. —Ahora todo tiene sentido... La razón por la que el Bebé está en este lugar olvidado de Dios; no vino aquí porque sea una ciudad y un continente aislados —Se rió, una risa sin humor, llena de ironía—. La ciudad contrató a los ancianos y a la pareja; la verdad es que la ciudad se preparó para este ritual y, al final, Tobi solo estaba protegiendo al mundo... bueno, terminé arruinándolo todo.

  El cielo se convirtió en un espectáculo deslumbrante. Cada estrella era visible a simple vista, fuerte y brillante como un sol, reunidas en armonía, formando un ojo gigante que observaba la tierra. El clímax de la luz de la luna roja era fuerte como la sangre, pulsando con una vida siniestra. Cada persona en la ciudad fue golpeada y purificada, como si su energía estuviera siendo succionada, drenada para un propósito mayor y más oscuro. En la plaza principal, miles de personas se arrodillaban, tantas que era imposible contarlas. Y allí, en el centro, había personas crucificadas. La escena era nauseabunda, asquerosa y repulsiva. Cuerpos torturados y desnudos, personas de otros continentes subyugadas como animales. La ciudad, finalmente, mostraba su deseo enfermo. Había 14 personas siendo crucificadas, soldados de la Ciudad Roja disparándoles flechas, lanzando cuchillos y arrojando fuego. Un ritual con detalles precisos para un clímax final. Entre tantos soldados y extranjeros crucificados, había una cuna blanca sobre una piedra, y allí, seguramente, estaba el bebé, recibiendo la energía de toda la ciudad, una energía mala pasada a un bebé, recibiendo la sangre de inocentes.

  —??MIERDA!! —gritó Zack, con la desesperación desgarrándole la garganta—. ??Maldita sea!! ??Qué hago, carajo!! —Sabía que este era el final. De repente, una voz vaciló a su lado, cargada de un horror incrédulo—. Dios mío... esto es un ritual de Skull... Zack, vamos a morir —Zack saltó hacia atrás, sobresaltado—. ?Hijo de puta! Qué susto, joder... —Tobi, sin que Zack se diera cuenta, había aparecido a su lado, con su calma habitual, pero con un brillo inquietante en los ojos.

  —Mala mía, hermano. Tuve que analizar la zona, reuní mucha información útil mientras tú jugabas, yo estaba haciendo el trabajo duro —Tobi habló con mucha ironía y una sonrisa burlona. Zack lo fulminó con la mirada, la ira burbujeando—. ?Supongo que soy un idiota, esperaste a que matara a los ancianos para aparecer, cobarde! —Tobi se encogió de hombros—. Yo no golpeo a los viejos, no soy irrespetuoso con los mayores como tú, Zack... —Durante unos segundos, se miraron fijamente, con la tensión palpable, antes de estallar en una risa desesperada. Un momento de alivio en medio del caos, una burbuja de normalidad en un mundo que se derrumbaba. Zack se acercó a Tobi, poniendo su mano sobre su hombro. Tobi lo apartó, riendo—. Quítate de encima, Zack, no me gustan los hombres —Zack se rió hasta llorar por el chiste de Tobi, y Tobi se rió con él hasta caer al suelo—. Vaya... extra?o esto, por eso nos prohibieron ir a misiones juntos —dijo Zack, recordando el pasado—. Nanashi, amaba esos momentos... —respondió Tobi, y su sonrisa desapareció al mirar al suelo—. Lo extra?o, Zack, de hecho, extra?o aquellos días.

  Zack se arrodilló, y su mirada cambió por completo al oír el nombre de Nanashi. —?Puedo decirte algo? —preguntó Zack a Tobi—. Sí —respondió Tobi en silencio—. Después de la misión de la casa, fui al cerezo... —La voz tranquila y lenta de Zack llenó el aire—. ?Por qué no funcionó? —respondió Tobi, mirando a Zack a los ojos, sus propios ojos vacíos, sin luz, sin brillo—. Nanashi... se me apareció —respondió Zack lentamente—. Hmmm, siempre es así —respondió Tobi sonriendo, mientras Zack asentía, sonriendo también—. Gracias, Tobi —dijo Zack, feliz con la conversación, un breve respiro antes del infierno que les esperaba.

  ***

  Tobi se puso de pie, y la ligereza del momento anterior se disipó como el humo. Sus ojos, antes vacíos, ahora cargaban con un peso indescriptible. Miró a la ciudad en trance, al ojo pulsante en el cielo, y respiró hondo. —Bueno... Zack, la ciudad ha estado planeando esto durante más de 100 a?os —comenzó, con su voz seria, desprovista de cualquier ironía—. Estaban seguros de que un bebé nacería hace unos 30 a?os, pero se equivocaron y eso afectó mucho a la ciudad. Así que este bebé nació recientemente, fue inesperado incluso para ellos —Zack escuchaba atentamente, con la boca inmóvil, los ojos fijos en Tobi; el mundo alrededor parecía haberse detenido. La gravedad de las palabras de Tobi fue un pu?etazo en el estómago.

  Tobi continuó, y la narrativa se desarrollaba con una frialdad inquietante. —El país del Poliedro siempre supo del plan de la Ciudad Roja, gracias al General Silva. Pasó el tiempo y actualmente trabajo en su lugar haciendo misiones en otros países. Estaba en Elthen, el país más pobre y jodido de todos, bebiendo con prostitutas y simplemente de paso, Zack —Tobi hizo una pausa, con los ojos abriéndose ligeramente mientras se volvía hacia Zack—. ?Lo vi! Zack, si no hubiera estado allí no lo creería, parece que todo tiene un plan divino o alguna coincidencia extra?a; vi a Elthen siendo tragado por una energía dorada que cubría todo ese país asqueroso, nadie se dio cuenta, parecía que solo yo lo hice —La voz de Tobi, antes controlada, ahora cargaba con un tono de horror apenas contenido.

  Zack estaba hipnotizado, su mente luchaba por procesar la imagen de un país entero siendo consumido por una energía dorada, invisible para todos excepto para Tobi. —Vi a las prostitutas con las que me acosté suicidarse, empezar a apu?alar a amigos y clientes, gente en la calle atacándose entre sí y vi a ni?os matar a hermanos y padres. Caminé hacia la fuente de energía más fuerte, era el núcleo del problema y cada paso volvía loca a la gente; caminé y vi a ricos ahorcarse y a pobres reír con locura, era una ciudad caída; llegué a una ventana y allí, entre piedras, madera y un padre comiendo la carne de su madre, había un ni?o de ojos dorados durmiendo en silencio, tan hermoso, era un ángel; intenté acercarme pero aparecieron dos ancianos y lograron escapar rápido y el lugar explotó con tanta fuerza que se podía ver incluso a 20 km de distancia... Escapé y ahora estoy aquí, Zack, a tu lado —La voz de Tobi era un susurro ronco, cargado con el peso de un horror indescriptible. Había presenciado el infierno en la tierra, la desintegración completa de la cordura humana, y la imagen del bebé de ojos dorados, un ángel en medio del caos, era la guinda del pastel de su crisis existencial. Zack no sabía qué decir, con el rostro pálido, su mente negándose a aceptar la magnitud de la depravación que Tobi había descrito. Pero, en el fondo, sabía lo que tenía que hacer, aunque lo llamaran monstruo. No había otra opción.

  ***

  El silencio pendía entre ellos, pesado por las revelaciones y el horror que Tobi acababa de describir. Zack, con el rostro aún pálido, sintió que un nudo se le apretaba en el estómago. Su mente, que antes buscaba soluciones y estrategias, ahora se negaba a procesar la magnitud de la depravación que Tobi había presenciado. La imagen del bebé de ojos dorados, un ángel en medio del caos, y la certeza de que toda la ciudad estaba involucrada en un ritual para invocar a Skull, solidificaron una verdad terrible. Sabía lo que tenía que hacer, aunque lo llamaran monstruo. No había otra opción.

  A case of literary theft: this tale is not rightfully on Amazon; if you see it, report the violation.

  Con una mirada sombría, Zack se volvió hacia Tobi, que seguía mirando la plaza principal. Las crisis existenciales de ambos llegaron a su punto máximo. Juntos, miraron la cuna blanca, que descansaba sobre la piedra en medio de la multitud, el bebé de ojos dorados durmiendo plácidamente, ajeno al horror que lo rodeaba y a la energía enfermiza que lo consumía. La vista fue un pu?etazo en el estómago, una imagen inquietante que selló el destino de muchos.

  ***

  ### El Peso del Legado

  La plaza, antes un escenario de horror y éxtasis religioso, era ahora un silencio tenso. La multitud, antes un coro de alabanzas a Skull, era ahora una masa de cuerpos vacíos, con los ojos fijos en Zack, pero sus mentes en otra parte. El aire era pesado, cargado con el olor a sangre, incienso y la promesa de una violencia aún mayor. Tobi, al lado de Zack, rompió el silencio, su voz un susurro ronco que cortaba la quietud como una cuchilla.

  —?Tienes pesadillas recurrentes sobre el Día D? —La pregunta, aparentemente casual, pendía en el aire, cargada con un peso que solo ellos dos podían comprender. Zack, que había estado mirando la cuna en el centro de la plaza, se volvió hacia Tobi, con la sorpresa grabada en su rostro. Tobi, sin embargo, no lo miraba. Sus ojos se perdían en el horizonte, como si viera fantasmas que Zack no podía ver—. Yo sí —confesó Tobi, con la voz vacilante por un instante—. Con Nanashi. Y con Momo.

  Zack sintió que se le formaba un nudo en la garganta. Conocía el dolor de Tobi, pero rara vez lo veía tan crudamente expuesto. —?Qué fue el Día D? —preguntó, con la curiosidade mezclada con un oscuro presagio. Tobi se estremeció, con su incomodidad evidente en su postura. Sacudió la cabeza, mirando hacia otro lado—. No importa —Cambió de tema, con su voz ahora un poco más firme, pero aún cargada de una profunda melancolía—. ?Alguna vez te has sentido libre, Zack?

  La pregunta golpeó a Zack como un pu?etazo en el estómago. Libertad. Una palabra en la que rara vez se permitía pensar. —Intento no pensar demasiado en ello —respondió, y la honestidad en su voz fue más reveladora que cualquier discurso. Tobi lo miró con una sonrisa triste en los labios—. Lo sé —Hizo una pausa antes de continuar, con su voz ahora con un tono de genuina curiosidad—. ?Por qué siempre ibas tú primero? En las misiones. Para recibir los golpes.

  Zack lo miró fijamente, sorprendido por la pregunta. Tobi se rió, una risa corta y sin humor—. Siempre pensé que eras valiente. El más valiente de nosotros —Pero Zack no sonrió. Su mirada era fría, cansada, como si cargara con el peso de mil batallas—. Fui porque a nadie le importa si muere una persona de ojos negros —La frase, dicha con una calma aterradora, pendía en el aire, un testimonio brutal de la realidad en la que vivían. Un silencio incómodo se instaló entre ellos, roto solo por el sonido distante del viento aullando por las calles vacías de la ciudad.

  ***

  Tobi suspiró, y el sonido fue pesado con una resignación que parecía antigua. —Tu padre no puede cambiar eso, Zack —dijo, con su voz un murmullo. Zack simplemente se?aló sus propios ojos, un gesto simple que decía mucho sobre el prejuicio y el dolor que cargaba desde su nacimiento. Tobi guardó silencio, sin palabras para consolar un dolor tan profundo. —Nanashi siempre estuvo en contra de eso —continuó Zack, con su voz ahora un poco más suave, nostálgica—. él fue el único que nos apoyó, que nos vio como iguales. El color de nuestros ojos no le importaba —Hizo una pausa, con sus ojos perdidos en recuerdos de una época más simple—. Intento mantener vivo su legado. No juzgo a nadie por el color de sus ojos, ni siquiera a los violetas.

  Tobi soltó una risa amarga, y el sonido rompió la reverencia del momento. —Toda esa mierda hizo que mataran a Nanashi —escupió, con la ira y el dolor mezclados en su voz—. ?De qué sirvió el legado de alguien que murió por una causa noble en un mundo de tontos? —La acusación golpeó a Zack como una bofetada—. ?Cállate, Tobi! —gru?ó, con la furia brillando en sus ojos—. ?No insultes el legado de Nanashi!

  La conversación, por un breve momento, los unió, pero la realidad de la situación pronto se impuso. —?Y el bebé? —preguntó Zack, con la voz tensa—. Tengo que llevármelo —respondió Tobi, y la resignación en su voz le cortó el corazón a Zack—. Sabes lo que pasará si ellos... —comenzó Zack, pero Tobi lo interrumpió—. Lo sé —La incomodidad pendía entre ellos, la inevitabilidad de lo que estaba por venir pesaba sobre sus hombros—. Si vuelvo sin el bebé, me matarán —dijo Tobi, con su voz desprovista de emoción—. Lo sé —respondió Zack, con la culpa consumiéndolo—. Todo esto es culpa mía. ??Mierda!!

  —Nadie te pidió que fueras el héroe del país —lo cortó Tobi, con su frustración evidente—. Planeamos durante a?os, se suponía que serías un buen chico —El fracaso del plan, el idealismo que llevó a la muerte de tantos, incluida Momo, pesaba sobre ellos. La mención de Momo sacudió visiblemente a Tobi. Su cuerpo se volvió pesado, sus ojos perdieron su brillo, la angustia se grabó en su rostro. Zack intentó consolarlo, diciendo que Momo murió por um ideal justo y feliz. La respuesta de Tobi fue un grito de dolor e ira—. ??Pero qué hay de mí?! ?Soy feliz, Zack? ?Carajo, Zack! Soy una persona jodida, suicida, que no ve valor en nada más que en acostarse con prostitutas y beber cerveza en bares viejos —El dolor era palpable, crudo, insoportable. Zack, impotente, simplemente aceptó que eran elecciones y que el mundo era basura.

  La conversación culminó en un pacto oscuro, una promesa de violencia entre amigos. —?Cuando peleemos, no me tengas piedad! ?Yo no te la tendré a ti! ?Entendido? —exigió Tobi, con sus ojos fijos en los de Zack. Zack vaciló; la idea de pelear con su amigo lo llenaba de horror. Pero Tobi insistió, con su voz firme, desesperada—. ?Zack! ?Basta, carajo! Ya sabes cómo funciona —Zack asintió, con la resignación pesando en su corazón—. Sí —Sellaron el trato con un apretón de manos, un gesto de amistad retorcido por la promesa de muerte—. "En la cara no, para no arruinar el funeral", dijeron juntos, una broma macabra que solo resaltaba la tragedia de la situación. Tobi, en un último acto de camaradería, desapareció, dejando a Zack solo con su carga, el eco de su risa amarga aún pendiendo en el aire.

  ***

  Zack se quedó solo, y el silencio de la plaza se llenó ahora con el eco de las palabras de Tobi. —Bastardo, siempre hace eso —murmuró, con una sonrisa triste en los labios. Miró hacia el bebé, y el llanto desesperado del ni?o cortó el aire como un cuchillo. Era hora de actuar. De un salto, aterrizó en medio de la plaza, y el sonido de sus pies sobre el suelo de piedra fue el único ruido en un mar de silencio. En el momento en que se acercó, los cánticos y las oraciones cesaron. Miles de ojos hundidos y apagados, con sonrisas falsas y vacías, se volvieron hacia él. Un coro de voces bajas comenzó a llamar al nombre de Skull, y el sonido se intensificó, extendiéndose por la plaza como una plaga, uniéndose en un único propósito de alabanza profana. La gente arrodillada levantaba y bajaba las manos en devoción al bebé, que lloraba desesperado, con frío y miedo, con la luna de sangre como su única y terrible compa?era. La energía de todos los habitantes envolvía al ni?o, un sudario de oscuridad y adoración enferma.

  —Necesito cortar el vínculo entre el bebé y la luna —pensó Zack, con su mente trabajando rápido—. Pero no veo quién está mediando el ritual —Miró a la multitud, a los rostros vacíos y los ojos sin vida, y supo que el maestro del ritual estaba escondido entre ellos—. ?Ya sé! —Sacó un pergamino de localización de entre su ropa, un objeto que rara vez usaba—. Siempre he odiado hacer esta mierda, soy lento y terrible con los pergaminos —gru?ó, pero no había otra opción. Se mordió el dedo, y el sabor metálico de la sangre llenó su boca, y comenzó a dibujar letras y símbolos, uniformes e irregulares, en el pergamino. Una cantidad mínima, casi insignificante, de la energía del ritual fue atraída hacia el papel, que de blanco se volvió negro, frágil como si hubiera sido quemado. El papel se desintegró y se formó polvo negro en el aire, flotando, danzando, antes de dirigirse en una dirección específica.

  Zack siguió el polvo con los ojos, con el corazón acelerado. Pasó a través de la multitud, alejándose del bebé, hacia el lado derecho de la plaza, donde alguien estaba camuflado, escondido entre la masa de adoradores. —?Maldita sea! Las lecciones de Mira valieron la pena —pensó, un raro momento de alivio en medio del caos. Sabía que no podía mover al bebé; cualquier movimiento brusco podría matarlo. Necesitaba cortar la conexión y, para ello, necesitaba encontrar al maestro del ritual. La multitud, como si presintiera su intención, comenzó a dispersarse en el lugar indicado por el polvo, abriendo un camino, revelando la figura que se escondía en las sombras.

  ***

  A medida que el camino se abría, la energía en el aire se volvía más pesada, más densa, casi sofocante. Zack sintió un escalofrío recorrer su espalda, un presagio de que algo terrible estaba a punto de suceder. Y entonces, lo sintió. Un olor. Un olor fuerte, embriagador, contradictorio. Sangre, cereza y mora. Era dulce, pero feroz y caliente, una combinación que jugaba con sus sentidos, que le daba náuseas y lo fascinaba al mismo tiempo. La sensación de paz que traía el olor era una mentira, una trampa para los incautos, porque la energía que emanaba de la figura que se acercaba era lo opuesto. Era una energía de muerte, de destrucción, de una maldad tan pura que hacía vibrar el aire.

  El movimiento de la multitud aumentó, una onda de anticipación se extendió por las masas arrodilladas. Zack sabía que la fuente del ritual, el enemigo, estaba cerca. El aroma dulce y empalagoso de la paz y el aura abrumadora de la muerte creaban una dualidad aterradora, una contradicción que le enviaba una ola de náuseas. Se preparó, con su mano buscando instintivamente un arma que no estaba allí. La figura emergió de la multitud, una silueta contra la luna roja como la sangre.

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