Ciudad de inciensos y libros, lugar de ritos y propósitos, Evookia, Centro de las Casas de Evocadores, donde los principios más etéreos de todo Khuarhya se concentran. Ahí, en un polvoso pupitre, rodeado de ofudas, inciensos y velas titilantes, se encuentra un hombre. Con pluma en mano y sin apartar la vista de un rollo de papel, anota nombres y datos de diversa índole, y frente a él, llevando varios rollos, está Jacob, que funge de asistente en este momento.
—Maestro Jasubel, estos... son todos los rollos de... ?Haaaaaa! — Jacob se desplomó en el piso, sin aliento y cubierto en sudor.
—?Ja!, te dije que no obtendrías piedad de mí, muchacho. Ahora corre, ya terminé de copiar estos rollos que me trajiste —aquel hombre reía victorioso mientras le solicitaba a Jacob con la mano extendida más rollos.
—Creo que nunca podré ganarle, se?or Jasubel — Jacob dijo desde el piso, rodeado de toda clase de papiros y libros.
—?Hahaha, otra victoria para Jasubel! Te lo advertí, muchacho: nadie puede transcribir rollos tan rápido como yo. Ahora, como acordamos, trabajaremos con tu problema — dijo Jasubel. Este se dirigió a un sillón de piel, el cual se encontraba junto a una camilla, incitando a Jacob a sentarse en la camilla.
Jacob suspiró y se recostó en la camilla. A los lados de esta, sostenidas por una estructura de metal, se encontraban dos esferas de cristal de roca en las que colocó sus manos.
—?Ahora veremos a este dios sin nombre! — Con un suave cosquilleo en su nuca, Jacob comenzó a percibir un ligero zumbido. Letras y símbolos se desprendían de su cabeza mientras un curioso aparato entretejía todo en imágenes que aparecían en la esfera de cristal. Sombras y luces bailaron en la cara de Jasubel, contando la historia de Jacob en la mina.
—?Déjame ver, muchacho, no resistas el recuerdo! Lo veo... ahí está... ?Sin duda es un dios sin nombre! ?Kaho! ?Celene! Apunten y dibujen con tinta de Bizmar; no queremos incidentes de espíritus fugados — Jasubel levantó la mano derecha, donde tenía dos anillos de bronce con un par de amatistas incrustadas. De estos, una luz espectral formó a dos espíritus nubosos que tomaron plumas y papel; uno transcribía con detalle lo que aparecía en la esfera y otro realizaba bocetos detallados rápidamente de cada escena importante.
—?Increíble! La malignidad de este ser es inhumana y, sin embargo, su tumba delata por completo su psique — Jacob, concentrado, comenzaba a sudar frío a medida que profundizaban en la mina de sus memorias.
—?Miren! Celene, dibuja esos afiches en las paredes. Kaho, ?el idioma del lugar es Arrosthoc! Apúntalo en cursiva para mandarlo con Isbell en la Orden de la Espada Intangible. Celene, dibuja en detalle los dispositivos de iluminación y la maquinaria; mandaremos los bocetos con los Arkeotécnicos de El Escudo Etéreo. ?Seguramente son Arkeoreliquias! — Jasubel, emocionado, proseguía mientras, con una habilidad impresionante, diseccionaba el recuerdo de Jacob, separando los sentimientos de Jacob del recuerdo y diluyéndolos de manera inocua, evitando ser presa de la influencia del espíritu efímero que aquejaba a Jacob.
—El dolor y miedo causado por un espíritu de esta magnitud es increíblemente fuerte. Usted, se?or Jacob, tiene la suerte más grande del mundo; no lo haga de nuevo de ser posible. De hecho, le recomiendo nunca apostar en su vida; probablemente ya agotó toda la suerte de tres generaciones de su familia — Jacob trataba de contener el dolor y miedo que le provocaba.
—?Qué podemos hacer, maestro Jasubel? — Jacob preguntó, recobrando sus fuerzas. El aparato se detuvo y, con él, el dolor que aquejaba a Jacob también. Celene y Kaho de igual manera regresaron silenciosamente a los anillos en la mano de Jasubel.
—Joven Jacob... su encuentro fue tan poderoso que creó en usted un espíritu Efímero — Jasubel apuntaba con su mano a un sillón. Jacob caminó a este y en la mesilla de café frente a él se encontraban agua caliente y galletas.
—?Té o café? — Jasubel preguntó a Jacob.
—Café con leche, por favor — Jacob extendía sus manos para recibir la taza y tomar unas cuantas galletas.
—Se?or Jacob, ?sabe qué es un espíritu efímero? — Jacob parpadeó un momento y se apresuró a responder.
—Es un espíritu cuya expectativa de vida es muy corta y que no pertenece a ningún concilio — exclamó.
—Sí, sí, es en parte correcto, pero no del todo — Jacob se detuvo un momento y aguardó la respuesta de Jasubel, que giraba la cuchara en su taza.
—Como usted sabe, los espíritus efímeros nacen de cualquier acción; el mero tintinear de esta cuchara en la taza crea uno. El simple acto de encender una vela crea varios espíritus: el de la chispa del cerillo, el del consumirse del cerillo, el humo del cerillo, la flama y finalmente la luz que se emite de esta. — Jacob escuchaba atento y, sin notarlo, su cuerpo reaccionó y comenzó a tomar notas de la explicación de Jasubel.
—Muchos espíritus son tan fugaces que nunca los hemos documentado. No sabemos a ciencia cierta si ellos mismos son conscientes de su corta existencia, pero algunos sí lo hacen y precisamente esto crea en los espíritus un poco más duraderos un temor a la inexistencia tan horrible que los incita a buscar algo que los mantenga vivos. Cabe a?adir que los espíritus efímeros son los únicos que la gente común puede ver; esto, unido a sus formas barrocas y únicas, crea sentimientos en las personas que los espíritus efímeros pueden tomar como alimento — Jacob levantó la mano como realizando una pregunta en clase.
—?Alumno Jacob, cuál es su pregunta? — Jasubel apuntó con una cuchara a Jacob.
—?Esto extiende la vida de los espíritus efímeros efectivamente, maestro Jasubel? — preguntó Jacob.
—?De cierta manera lo es! Pero de no terminar con el intercambio de energías inadecuado entre el sujeto y el espíritu efímero, la situación terminaría de una manera muy mala. Aquel afectado se convertiría en un Obore y, si no se tiene cuidado, las aglomeraciones de estos pueden formar un Koshin Obore. ?Definición de Obore, alumno Jacob! —
—?Sí! Un Obore es un sujeto al cual un espíritu efímero ha consumido. El espíritu efímero termina con toda la fuerza emocional del sujeto y posee el cuerpo de este mismo. El hambre del espíritu lo fuerza a consumir físicamente todo lo vivo que esté a su alrededor, y cuando varios de estos se unen, dan origen a un Koshin Obore: una criatura temible y extraordinariamente fuerte que posee una cantidad enorme de fuerzas y habilidades de aquellos que fueron asimilados — dijo Jacob en voz alta.
—Y exactamente eso es lo que a usted le aflige, Se?or Jacob. Debe agradecerle a aquella persona que colocó los sellos en su pecho, pues sin estos, usted sería un cascarón vacío — Jasubel picó con la cuchara el flanco derecho de Jacob, donde reposaba un sello de Ofuda grabado en una venda sobre su pecho, puesto por las manos expertas de la profesora Emilia en Thar-Abbys.
—Entiendo que se te ha asignado investigar el hundimiento del Rosa María en la costa norte; aquel barco llevaba muchos objetos interesantes. Creo que es tiempo, joven Jacob, ?tu tiempo como exorcista ha terminado! Dirígete a aquel lugar y encuentra al primer espíritu que conformará tu concilio. Una vez que lo tengas, ven conmigo nuevamente; expulsaremos a ese espíritu efímero que se encuentra en ti — Jasubel miró a Jacob y le entregó una galleta más.
Jacob tomó su mochila y partió de la casa de Jasubel; esta se encontraba en una calle brumosa en las afueras de las zonas centrales de Evookia. Jacob caminaba por las calles de Evookia; el olor a té herbal saturaba el lugar, inciensos y perfumes te?ían las calles. Era una calle casi normal para cualquier persona, sin embargo, cada hogar y negocio poseía guirnaldas de cuerdas de Jasubiana del grueso de un brazo en el marco de cada puerta y ventana. Altares peque?os en forma de casas con un portón pintado en rojo y dorado se encontraban aquí y allá, empotrados en postes y al ras del piso, por los cuales entraban y salían varios espíritus; algunos, espíritus efímeros peque?os, huían apresurados por estas puertas para no regresar.
A los lados de los caminos se encontraban diminutos andadores y caminos en mampostería, adornados por faroles de hierro con luminarias funcionales también a escala. Peque?as entradas diminutas se alojaban junto a las puertas que las personas utilizaban. Afuera de estas, peque?os entes luminiscentes descansaban en sillas en miniatura, mientras que en el camino una plétora de entidades transitaba por todos los caminos, entrando en tiendas en miniatura y otros lugares. Una ciudad peque?a dentro de la ciudad de Evookia y a la vista de aquellos que podían ver. Cada calle, rincón y lugar era habitado por otros espíritus de varias formas y tama?os que deambulaban acompa?ando a sus evocadores, como amigos fieles, y aunque algunos se veían más unidos que otros, se podía notar el respeto entre espíritu y evocadores.
—Es un lugar curioso, jamás deja de sorprenderme — Jacob pensó mientras caminaba tranquilo con dirección al muelle norte.
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En su caminar, Jacob miraba cómo los jóvenes evocadores miraban las puertas altares de los caminos, acompa?ados por un maestro evocador que les describía con sumo cuidado las particularidades de los espíritus que pasaban por el altar. El ver a estos chicos le recordó el inicio de sus días como evocador, y el temor que le causaban muchas de estas criaturas.
Jacob dejó atrás esa escena nostálgica y se apresuró a dirigirse a los muelles. Caminó por algunos minutos entre bodegas y cabinas para finalmente salir a un muelle rodeado de un mar azul verdusco, limpio y profundo.
—?Buenas tardes! Busco a... —?Tump! Sonó un golpe fuerte en su hombro cuando un hombre grande lo golpeó sin querer con el muslo al pasar apurado junto a Jacob.
—?Qué fue eso? — Aquel hombre que cargaba en los hombros dos barriles de vino, uno en cada brazo, giró para ver a su alrededor sin encontrar aquello con lo que había golpeado, cuando repentinamente sintió un golpe en la cadera.
—?Tomaré eso como una ofensa! — Un diminuto Jacob en comparación golpeaba la cadera del hombre que llevaba los barriles. Este primero volteó a ver la suela de su zapato por alguna razón y después miró a un lado de sí para encontrar a un Jacob ofendido e hinchado como un pez globo.
—?Oh, amiguito, disculpa! No deberías pasearte solo por los muelles; hay mucha maquinaria y el agua es de más de un metro de profundidad. ?Dónde están tus padres, peque?o? — El hombre miraba a su alrededor tratando de encontrar a los padres de aquel peque?o junto a él.
—?Vine a ver al personal de tráfico marítimo! ?Estoy anunciado, soy el encargado de la investigación del Rosa María! — Un enfadado Jacob reclamaba a aquel hombre.
—?En serio! ?Tan joven y ya eres evocador con licencia? — Alegre, el joven colocó los dos barriles suavemente a su lado y se sentó en uno mientras tomaba a Jacob como un peque?o y lo sentaba en el otro barril. Con un pie, acercó un carrete de cable vacío de madera enorme que se encontraba al lado del camino, y de su mochila, en la pierna izquierda, sacó un cuaderno y un lápiz. Se colocó un par de lentes y comenzó a leer.
—Déjame... ver... comisiones de los remolcadores... solicitudes del jefe de estibadores... aquí está la cita con Jacob Mahogany — Un Jacob ofendido y de brazos cruzados resoplaba por la nariz mientras aquella persona, que aún no decía su nombre, colocaba en la mesa algunos bocadillos sacados de un cajón grande, para finalmente colocar una sombrilla de playa sobre la mesa provisional creada del rollo de cable vacío.
—Entonces, se?or Jacob, mi nombre es Florence Keefe y soy el jefe de tráfico marítimo —el ambiente se relajaba un poco; la taza de té y las galletas daban tranquilidad al muelle.
—?Ah, mucho gusto! Soy Jacob Mahogany, y traigo la petición oficial de la oficina de tránsito de las Islas de Comercio para investigar el hundimiento del Rosa María —Jacob sacó una libreta de su bolsa de piel grande que colgaba de su costado y procuró una carta en hojas de grueso gramaje con un sello grabado con tinta de seguridad.
—?Ya veo! Comprobaré su autenticidad, se?or Jacob, ?simples protocolos, descuide! —Florence tomó una peque?a linterna con un grabado en el mango de la unión de barcos y navegación e iluminó el sello en el documento; este brilló azul real ante la luz de la lámpara, dejando ver grabados antes invisibles sin ella.
—?Listo! Con esto anoto y termino las formalidades entre nosotros, se?or Jacob… ?Bienvenido al muelle Norte de Evookia, será un placer tenerlo con nosotros! —Florence extendió su gran mano a Jacob mientras sonreía. Jacob sonrió un poco también y respondió, estrechando la mano; el enorme pu?o de Florence dejó peque?a la mano de Jacob.
—?Es todo un gusto! Por favor, llevémonos bien —Jacob dijo honestamente, aunque la diferencia de tama?os no le agradaba.
—Entonces, se?or Jacob, aquí está un permiso temporal para transitar libremente en las instalaciones; llévelo siempre visible. Aun así, pasaré la voz y trataremos de colaborar hasta donde nuestras obligaciones nos lo permitan; ?estoy seguro de que entenderá! —Florence le dio a Jacob un tarjetón grande.
—Entiendo y cooperaré con ustedes sin alterar sus responsabilidades —Jacob respondió y se colocó el tarjetón como se le instruyó.
—?Muy bien! Entonces le daré la lista de nombres de los marinos que sobrevivieron; aún no se les deja ir de la ciudad, al menos no hasta que deslindemos responsabilidades. Tenga cuidado, se?or Jacob, no son malas personas, pero los marinos pueden ser muy crudos en sus formas, sobre todo los marinos de Naglesh —Florence le dio una lista en papel a Jacob, quien la empezó a examinar rápidamente y a trasladar los nombres a su libreta peque?a de piel de conejo.
—?Entiendo! Muchas gracias, comenzaré inmediatamente —Jacob tomó sus cosas y se despidieron por el día.
—Ahora, ?por dónde empezar? Creo que primero iremos a ver el lugar del hundimiento, al menos por la playa —tomando camino, Jacob empezó el viaje a la sección de playa donde los fragmentos del barco encallaban regularmente. Según los reportes, ningún fragmento del Rosa María salía a flote aún.
Por algunos minutos siguió los caminos construidos con tablones; estos crujían de la manera característica de la madera. Los rayos de sol pasaban a través de los árboles de la playa, escudándolo del calor. Evookia no era un sitio popular de turismo, pero sus temperaturas, al estar junto al desierto de Naglesh, daban a los habitantes de Evookia un ambiente cálido y tropical. Las casas, en su mayoría, eran construidas con bases de piedras y cerámica, con paredes rematadas con un techo de madera. En casi todas las casas, un juego de ollas concéntricas de barro por las cuales fluía agua se localizaban en el centro de las edificaciones, regulando las temperaturas, que a veces eran muy sofocantes. Pero la vegetación autóctona también proporcionaba buena regulación de ambiente en calles y lugares concurridos. Jacob contemplaba pensativo las aguas del mar arremetiendo contra las playas de arena verde. Justo atrás de él, en una banca vieja, se encontraban un par de jóvenes que miraban sentados la orilla del paisaje.
—?Oye!, ?por qué las arenas de aquí son verdes? —preguntó un joven al otro.
—?Jaja, no lo sé, tal vez alguien tiró pintura! —le respondió.
Jacob se contuvo con todas sus fuerzas para no decir nada, y pasó caminando robóticamente frente a ellos. Unos pasos más adelante, regresó y exclamó, detrás de los dos chicos:
—?Esta playa es muy vieja! ?La zona entera está erosionada! Por algún lugar cercano en el mar hay depósitos del mineral de Oliviana. La arena blanca, compuesta de coral y fragmentos de cuarzo, ya ha sido disminuida en su totalidad, así que los fragmentos de Oliviana han tomado por completo las playas —los dos chicos lo miraban entre confundidos y desconcertados.
—?Lo siento, me retiro! —Jacob agilizó el paso del lugar para escapar de la situación, enrojecido hasta las orejas.
—?Está bien, todo bien! ?A quién enga?o? No puedo contenerme; ?cada vez que alguien pregunta algo siento un impulso increíble por responder! —Jacob apretaba frente a él su mochila con ambas manos mientras apresuraba el paso. Al cabo de algunos minutos, llegó a un área solitaria donde respiró profundo y contó hasta tres. Ya relajado, miró a su alrededor las formaciones hexagonales basálticas que decoraban los alrededores; algunas sobresalían un poco más que las otras. Pero al dar el primer paso dentro del área, Jacob sintió una presencia que resaltaba entre las demás entidades, permaneciendo perceptible solo por un fugaz momento, para desaparecer igual de rápido que apareció.
—El lugar es muy tranquilo, probablemente eso fue algún espíritu habitual del lugar —pensó mientras revisaba la orilla con la mirada.
Sobre la playa, varios fragmentos de barcos y maderas de varios tama?os descansaban sobre la arena; algunos se bamboleaban sobre las olas, otros descansaban tranquilos en la arena lejos del ir y venir de las olas, melancólicos como si ya se hubiesen retirado y miraran el mar recordando días pasados. En un charco de marea cercano, Jacob logró visualizar un objeto de metal alargado que le llamó la atención.
—?Ahí! —Jacob corrió por entre las formaciones rocosas, dando peque?os brincos entre las formaciones basálticas para llegar a un cuenco que con cada ola se llenaba de agua por un orificio central, para escapar rápidamente por los costados. Entre las algas y almejas, Jacob encontró lo que parecía un tubo roto con un "do" tallado en él. Atraído por el brillo suave que reflejaba entre el agua cristalina, lo tomó sin darse cuenta.
—?Esto es…? Hum, bronce y parece que tiene un orificio cortado a un lado, ?qué extra?o! No creo que sea una tubería; parece más bien… —Jacob trataba de discernir el extra?o objeto que estaba en sus manos, pero lo interrumpió un repentino silbido discordante como de flautas suaves.
Jacob miró alrededor, con su mano muy cerca del Chakram en su cintura. Con una rápida mirada, no logró encontrar la fuente del sonido, lo cual lo dejó con un leve sentimiento de incertidumbre. De un brinco, bajó de las formaciones empedradas a un lugar un poco menos visible. El lugar se situaba entre tres prismas basálticos que delimitaban una cuneta de aproximadamente unos 60 metros cuadrados en forma semicircular. La arena verde se mezclaba con la vegetación de manera tan peculiar que parecía que una alfombra de pasto se adentraba al mar. Los tablones, partes de barriles y botellas eran lo único que podía ver. Una botella color azul real resaltaba entre la arena; caminó hacia ella y la tomó.
—?Reyal de Naglesh es un vino caro y muy fuerte! Poca gente puede tomar más de una peque?a copa, ?y está vacío! —Jacob giraba la botella que destellaba azul al sol.
—El dosificador de la tapa está removido. ?Je, je! Alguien se tomó todo el contenido de un trago, ?supongo que quería olvidar los últimos tres a?os de golpe! —Jacob bromeó para sí mismo un poco y tomó la botella, metiéndola en su mochila de viaje. Prosiguió analizando la zona; de esta recolectó varios fragmentos de lo que al parecer eran varias embarcaciones, grandes y peque?as. Juntándolas por tama?os, comenzó a tratar de averiguar cuáles eran de la embarcación que buscaba.
De su bolsa procuró una guía de embarcaciones del mundo y realizó con cuidado una comparación de las partes de los maderos rescatados de la playa que podían ser identificables aún.
—?Ok! Tengo 42 partes en total que son secciones de embarcaciones discernibles; los demás están o muy podridos o muy viejos para ser del Rosa María —Jacob catalogó las partes y con cuidado separó los maderos por edad y desechó los que parecían ser más viejos de un mes.
—Solo hay que ver cuáles partes son por la aparien… —Jacob se detuvo nuevamente. Aquel silbido misterioso regresaba como si proviniera siempre de su nuca; el sentimiento ahora era acompa?ado por una sensación de ser observado, a lo cual Jacob trató de detectar el origen de este sin éxito, así que tomó la iniciativa y decidió hablar antes:
—?Hola? Si necesitas ayuda puedo ser de utilidad, pero no puedo hacer nada si no me das un poco de contexto… —Jacob dijo al aire sin recibir respuesta alguna.
—Entiendo… Si cambias de opinión puedes hablarme, estaré aquí un rato —Jacob dijo con esperanzas de entablar comunicación, pero solo el ruido del mar, el viento y las gaviotas fueron su respuesta.
—No serás tú, ?verdad? —Jacob miró un cangrejo cocotero de tama?o mediano. Este lo miró de regreso, para echar burbujas y desaparecer entre la vegetación.
—Creo que no fue él, bueno, ?a seguir trabajando! —Jacob prosiguió analizando los fragmentos de las embarcaciones, que ahora fueron reducidos a cinco trozos grandes. Sin embargo, aquel sentimiento y los sonidos siguieron por todo el día.

