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evookia parte 2

  Daban las 9 de la ma?ana del siguiente día. Jacob se esforzó todo lo que pudo para analizar partes de maderas que llegaron a la playa, pero no pudo encontrar ningún fragmento del Rosa María.

  —Bien, de acuerdo con la lista de nombres que me dio el se?or Florence, empezaremos con Akir Attar. Hum, según esto, se aloja en el hostal Calabaza Roja; eso se encuentra muy cerca del muelle, ?bien! —Jacob lavó su cara, arregló su pelo y tomó dirección al muelle. Unos metros antes, dobló a la izquierda. Sobre la calle pudo observar a cinco se?ores de edad avanzada sentados alrededor de un barril; estos parecían ser evocadores, puesto que platicaban juntos. Para muchos, solo se hubieran quedado ahí, pero en Evookia, ojos más agudos podían ver que alrededor de estos hombres se juntaban varios espíritus de animales y otros más de gente; se encontraban discutiendo sobre lo que acontecía por los alrededores.

  —?En la tormenta pasada perdimos quince gallinas y una oveja! Los chicos de Jeremías no tuvieron suficiente tiempo para poner la reja de alambre. Las secciones sur y norte del caminador parecen tener da?os menores con pérdida de tablones en algunas secciones. Aparte de eso, la tormenta estacional no causó más da?os que algunas trombas en la lejanía —dijo el más joven de la mesa.

  —?Yo reporté a algunos jóvenes testarudos que quisieron ir a encontrarse con el espíritu de la tormenta! Querían, al parecer, un espíritu fuerte, pero Harold y sus ayudantes los evacuaron a tiempo. ?En serio, con esos chicos, los espíritus efímeros de eventos meteorológicos son totalmente incontrolables! —replicó el más viejo del grupo.

  —Harold es muy capaz, pero muchos evocadores jóvenes son demasiado audaces; ?qué bien que no pasó nada esta vez! Espero que Harold mantenga a los menos experimentados en línea; lo último que queremos es un espíritu efímero corriendo por ahí haciendo destrozos. Ya saben cómo son: repiten y repiten lo mismo una y otra vez —alegó el espíritu de persona que se encontraba junto a los ancianos, a lo que los demás asintieron, eventualmente para proseguir con otras charlas más mundanas.

  —?Ja, ja, ja, sí, supongo que así es por aquí! —Jacob miró al grupo y prosiguió, pero el espíritu del caballo lo miró y se acercó a él lentamente, como bruma en el sol, casi un reflejo. Jacob lo miró y dio dos pasos atrás; el viejo lo sintió y dijo en voz alta:

  —Jaqueline, no molestes al pobre chico —el evocador notó la incomodidad de Jacob. El caballo lo miró con tristeza y se retiró junto al anciano.

  —?Es una buena chica, no te preocupes! Incluso viva, jamás mordió a nadie —Jacob miró al viejo y sonrió; el caballo tranquilo se sentó junto a este y prosiguieron su plática.

  —Está bien… no es eso… solo que me intimidan un poco los espíritus. ?Hahaha! —Jacob saludó a los ancianos; algunos lo miraron un poco extra?ados. El silencio fue un poco incómodo, por lo que Jacob prosiguió con su camino al hostal.

  Al cabo de unos minutos, pudo ver el enorme techo rojo del hostal Calabaza Roja. Una mata espesa de calabazas crecía sobre el extravagante edificio; las ventanas redondas y un molino de viento junto a este lo enmarcaban como un punto de referencia popular en el lugar. Bancas frente al lugar y mesillas donde comida y bebidas reposaban dejaban a los viajeros descansar o solo pasar el rato.

  ?Drin-drin! Sonó una campanilla de cristal en la puerta. Jacob volteó a verla; esta era multicolor como una canica y con una varilla de vidrio y un sello de Ofuda de protección colgando de ella.

  —Bienvenido al hostal de la Calabaza Roja, joven amigo, ?en qué podemos ayudarte? Bebida y comida tenemos en abundancia y calidad; camas y descanso, lo encontrarás también —una voz áspera lo recibió. Perezosamente, apareciendo tras el mostrador, una se?ora de edad ya avanzada fue visible; tenía ya varias arrugas y se movía con lentitud, pero emanaba un aura de alegría increíble y brillante.

  —Usted debe ser la se?ora Jack, mucho gusto —Jacob extendió su mano y se quedó así unos segundos cuando notó que ambos ojos estaban nublados con un profundo gris: la se?ora Jack era ciega.

  —?Mucho gusto a ti también, jovencito, ehehehehehe! —Jack tomó sin problemas la mano de Jacob, quien quedó sorprendido con la exactitud y seguridad de aquella se?ora.

  —?Ohoho! ?Qué, te sorprende que pueda verte? ?Hahahaha, peque?o amigo, hay muchas cosas que aprender y una vida regularmente no es suficiente! Pero dime, Jacob, ?qué necesitas? —Jack prendió una pipa larga como un cucharón; un olor dulce y suave cubrió todo el lugar con el humo que emanaba de la pipa.

  —?Cómo supo mi nombre? —Jacob preguntó desde el lado opuesto del mostrador.

  —Como dije, hay mucho que aprender, ?pero no vienes a eso, cierto? Si buscas a tu amigo Akir, está echado atrás, en la terraza. Ese flojo no ha hecho nada desde que el gremio lo mandó aquí; solo come, duerme y toma, además de quejarse todo el tiempo. Si es necesario, llévatelo; incomoda a mis clientes regulares —con un ademán de la mano, la se?ora Jack apuraba a Jacob.

  —Está bien, se?ora Jack, haré lo posible —sonriendo, fue a buscar a Akir, dirigiéndose a la terraza. El olor de varias especias, combinado con los hornos de pan y la cafetería, volvían la terraza una aventura de aromas; tenedores y cucharas tintineaban creando una canción junto a las risas y las charlas de los comensales. El sol se colaba entre las hojas de palma, dando un ambiente relajante y tranquilo; y allí, en una esquina, con un vaso alto de naranjada y vistiendo ropas ligeras, blanca y azul, se encontraba Akir.

  Akir, a simple vista, parecía un hombre de carácter difícil; de cierta manera le recordaba a Ithil. Delgado, pero con musculatura definida, una mueca no tan amigable delataba la disposición de este.

  —?Se?or Akir Attar? Mi nombre es Jacob Mahogany y soy el encargado de la investigación del Rosa María. ?Tendrá algunos momentos? Quiero preguntarle algunas cosas para la investigación —Jacob sacó su libreta de piel de conejo y una pluma.

  —?Eh? ?Ahora mandan ni?os? Bueno, bueno, ?rápido! ?Quiero salir de aquí ya mismo! Este lugar es horrible; ni un día he podido estar sin que me molesten los malditos espantos que corretean por aquí. Ayer, por la ventana, vi un gato con dos colas y con cara borrosa que corría por la calle a medianoche gritando: "?Esther, dónde estás!" —

  —Sí, lo entiendo, los espíritus pueden ser muy atemorizantes; por favor, coopere conmigo para poder sacarlo de aquí —Jacob sonrió. Entendía levemente lo que sentía Akir; él mismo tenía miedo a los espíritus.

  —Dígame, se?or Akir, ?qué pasó aquel día en el Rosa María? —

  —Puedo empezar con que ya teníamos mucho tiempo sin descansar. El se?or capitán Johan tenía mucha prisa en llegar a la orilla del Mar de la Disformidad; ?mal lugar, si me preguntan! Me uní a la tripulación bajo la promesa de un buen dinero, pero me arrepentí en cuanto nos dijeron a dónde nos dirigíamos. ?Mil seiscientas unidades de hierro blanco para un asentamiento del que no tenía conocimiento! Usted verá, se?or Jacob, soy un Drakooria y un marinero. En mis 200 a?os, nunca escuché hablar de Thaghgharom; para empezar, ese nombre no está en ningún idioma que yo conozca —Akir narraba la situación muy tranquilo mientras tomaba la boca del vaso con su mano.

  —Tengo dos preguntas. La primera es: ?qué es hierro blanco? —

  —Yo tampoco lo conocía hasta hace poco; al parecer, es un nuevo material de los Reclamacionistas, muy resistente y fuerte, excepcional para trabajar en minas y herramientas de alto impacto —el espíritu herrero de Jacob se prendió como un faro al escuchar la descripción, pero se apegó a su responsabilidad y prosiguió.

  —?Entiendo! La segunda: ?dónde está Thaghgharom? —

  —?Ahí está lo gracioso, se?or Jacob! El se?or capitán jamás nos dijo con exactitud a dónde nos dirigíamos; algunos más experimentados en la tripulación pudimos detectar inmediatamente que ninguno de nosotros, o de los primeros, ni siquiera los segundos oficiales, tenían la más mínima idea de nuestro destino. El buen capitán se aseguró de tener a toda la tripulación sin conocimientos de cartografía. Ya verá, se?or Jacob, no soy un cartógrafo, pero un buen marino se asegura de tener al menos cierto grado de conocimiento, ?mmm, me entiende? Así que puedo decirle que a donde nos dirigíamos no existía ningún puerto. ?No, se?or Jacob! Por lo menos no uno conocido. ?Extra?os negocios, le digo, se?or Jacob! —

  —Claro, se?or Akir, la situación en verdad fue muy peculiar. Visitaré a su compa?ero Antón McMurray ?Hay algo que me quiera decir de él? —

  —?Antón! El ni?o Antón… déjeme ver, ah, sí… A Antón no le gustan los olores frutales fuertes, tal vez solo eso. Los odia con todo el corazón; le frotábamos naranjas en su almohada por diversión. ?Hahahaha, el tipo vomitó en cuanto puso la cabeza en ella! —Akir dejó ver una risa maldosa.

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  —?Je, je… lo tomaré en cuenta, muchas gracias! —Con un rápido saludo, Jacob emprendió camino al lado norte, donde se localizaban los hospedajes para el gremio de navegación.

  Y ahí estaba Jacob frente al gran hotel del gremio de navegación, aquel edificio pintado de beige y con puertas de hierro que, aunque despintadas, dejaban ver un antiguo azul profundo deslavado por el tiempo. Aquel edificio, que tuvo mejores ayeres, abrumaba a Jacob con su aura. Para un evocador, era fácil sentir los espíritus efímeros creados por incontables vivencias en el edificio; varias sombras lo veían desde las ventanas, aguardando su oportunidad. Jacob sintió las miradas; lo llamaban. Jacob sintió un palpitar en su ser, como si un abismo se abriera dentro de él y, por un instante que duró toda una vida, se hundió en lo más profundo de sí mismo.

  —?Track, track, track! —sonó una carreta que justo a tiempo le dio un hilo de luz para escapar antes de ser totalmente engullido.

  —?Ni?o, cuidado! —gritó el conductor, que llevaba un carro lleno de sandías y coles tirado por dos burros que le lamían la cara y el cabello. Este se encontraba a medio camino, tirado sobre sus espaldas en el camino.

  —?Waaaaa, gracias por la ayuda, se?or! ?Hahahaha, sí y también ustedes, se?ores burros! —Jacob se reincorporaba temblando, pálido y medio asustado; acarició las cabezas de los burritos. Esto le dio confort y lo alejó de los espíritus efímeros lo suficiente para recuperarse.

  —Camila y Penélope, hijo —aquel hombre con sombrero de paja y overoles de mezclilla le dijo sonriendo.

  —?Eh?, ?oh, ya veo! Son Camila y Penélope, gracias, se?oritas —Jacob frotó las frentes de los dos burritos que seguían lamiendo la cara y el pelo.

  —?Necesitas algo, hijo? Soy el gerente y encargado del hotel; trabajo en los campos unos metros adentro, tengo mis cultivos —aquel hombre vio a Jacob y volteó al hotel, devolvió la mirada a Jacob y prendió un cigarro.

  —Entiendo… ?Vamos, ni?as, entremos! Los chiquillos están desatados, hijo. Si me esperas unos minutos, podrás entrar sin problemas —aquel hombre dirigió su carreta atrás del hotel. Jacob solo asintió con la cabeza; en ella tenía un enorme copete a la derecha causado por los lengüetazos de los burritos.

  Tras unos minutos de espera, Jacob escuchó cómo quitaban los cerrojos de las puertas, pero, más que nada, notó el cambio en aquel lugar. Todo seguía igual de destruido, pero por alguna razón ahora solo se sentía… nostalgia. Aquella puerta despintada se abrió con un ligero chirrido para dejar ver una apariencia muy diferente por dentro.

  —?Vamos, hijo, entra! —dijo aquel hombre mientras colocaba un arreglo tipo atrapasue?os en la puerta.

  —?Claro, con permiso! —Jacob entró al lobby del hotel; este tenía una alfombra color azul rey con bordados dorados y un emblema de la unión de navegación. En el techo colgaban algunos atrapasue?os; los sillones de piel lustrosa y maderas finas, meticulosamente cuidados, daban un interior totalmente diferente al exterior. El mismo sentimiento de nostalgia y confort se permeaba de entre los rincones; por el rabillo del ojo pudo ver a alguien escurriéndose por las esquinas, de la manera que un espíritu lo hace regularmente.

  —?Buenas tardes, se?or…? —Jacob se acercó al mostrador del hotel.

  —Se?or Rodolfo Staab, ?usted es? —replicó aquel hombre que cambió su atuendo por un traje de vestir y arregló su cabello en menos de cinco minutos.

  —?Eh?, ?oh, sí… es verdad! Soy Jacob Mahogany, estoy contratado por la unión de navegación para investigar el hundimiento del Rosa María —Jacob mostró su tarjetón del puerto y su carta de introducción.

  —Entiendo, usted es el joven evocador que fue asignado al caso del Rosa María. Entiendo que estará buscando al joven Antón. Claro, cuarto 020, al final del pasillo. No le quitaré más tiempo; debe ser difícil para usted estar en este lugar. Hemos puesto algunas medidas; podrá estar sin problemas en las instalaciones, solo no olvide que los habitantes más fijos del lugar son algo invasivos, pero se comportarán por el momento —Rodolfo apuntó con la mano a los atrapasue?os, que en una inspección más detallada estaban construidos con Ofudas enrollados como hilos.

  —Muchas gracias por su ayuda, se?or Rodolfo —Jacob miró a través de la ventana las dos burritas que pastaban tranquilamente en el patio adyacente y sonrió.

  —Si me permite el atrevimiento… tenga cuidado, joven evocador; un corazón así de temeroso es fácil presa de un espíritu efímero, y veo que ya tuvo un incidente algo fuerte —Rodolfo podía percibir la Ofuda de protección que Jacob portaba dentro de sus ropas; el tono serio dio de lleno contra Jacob.

  —…Sí, tendré mucho cuidado… Gracias… —Jacob siguió su camino por el pasillo donde se encontraban los dormitorios, pensando fijamente en lo que le dijo Rodolfo. Su mano fue instintivamente a aquel trozo metálico que encontró en la playa; una pesadez extra?a caía sobre su mente. En las últimas horas había sentido como si un velo no lo dejara percibir el mundo exterior muy bien; algo distraía su mente, pero no podía discernir bien la causa de esta situación. Frotando con el pulgar la superficie de aquel tubo, lo sacó de su bolsa, mirándolo mientras avanzaba. En cuanto estuvo afuera, aquel sonido que escuchó en la playa empezó a venir a través de las ventanas. Jacob tuvo un sentimiento de miedo, así que apuró el paso. Por fin estuvo en el cuarto 020.

  —?El último del pasillo! —pensó Jacob. El exterior tenía varios contenedores de desodorizantes vacíos en la entrada y una bolsa de basura con un montón de ropa.

  Toc-toc-toc. Jacob usó aquel tubo metálico para golpear la puerta. Un montón de estornudos y tosidos se escucharon tras esta. Jacob escuchó el sonido de alguien vistiéndose y después unos pasos hacia la puerta.

  —?Quién va? Ha de saber que no deseamos información ni de ninguna religión, ni de ninguna promoción. Por el momento no nos interesan servicios, ni seguros o, en su caso, no necesitamos nada de nada —una voz temblorosa y tartamudeante se escuchó detrás de la puerta. Jacob miraba hacia la mirilla de la puerta que lo rebasaba por algunos centímetros.

  —?Oh, ?un ni?o?! ?Fuera, ni?o! Soy un marino horrible que almuerza ni?os como tú. ?Fuera, fuera! —Jacob no pudo escuchar la ofensa por más tiempo, así que tomó su asignación del gremio y la mostró a la altura de la mirilla.

  —Jacob Mahogany, soy el encargado de ver lo que pasó en el Rosa María. Estoy buscando a Antón McMurray; usted está involucrado en el hundimiento del barco que estaba bajo la supervisión de la unión de navegación —dijo Jacob con la voz más profunda que pudo sacar.

  —?Oh, Dios, oh, Dios, oh, oh, oh, espere un momento, se?or Jacob! Abriré la puerta inmediatamente —varios sonidos fuertes delataron la naturaleza del desastre que sucedía dentro del cuarto. Cajas y ropa repicaban al unísono para, unos segundos después, calmarse por completo. Con un clic, la puerta del cuarto se abrió completamente, dejando ver un cuarto aparentemente ordenado. Jacob observó cómo por aquí y allá unos espíritus efímeros de estancamiento se escurrían por las grietas de la pared.

  —?Muy buenas…! ?Con permiso? ?Se?or Antón se encuentra aquí? —Jacob se adentró un poco al cuarto, que aparentaba estar solo. Apenas dio el segundo paso cuando un hombre de pelo negro profundo, con apariencia flacucha y muy pálido de piel, con ojos negros y nerviosos, apareció de repente dando un paso por atrás de la puerta.

  —?Ho…hola, soy… A-Antón McMurray! —tartamudeando, habló en voz baja, apenas audible, para finalizar con un grito como si algo lo hubiera picado o mordido, prosiguiendo nuevamente en voz aún más baja—: "Sí, sí, lo sé, está aquí por nosotros. ?Quédate quieto! La última vez no fue buena idea dejarte salir. ?Quieto!" —Antón dio un giro como si persiguiera algo y lo forzara a la bolsa de su saco, para finalizar con una sonrisa rápida a Jacob y, para sorpresa de Jacob, moverse a increíble velocidad a la orilla de la cama, donde se sentó.

  —?P…por favor, siéntese, siéntese! —Antón invitó a Jacob con la mano a sentarse en un sillón cubierto de una sábana blanca.

  —Claro, se?or Antón, como le decía, estoy a cargo de la investigación del Rosa María, me gustaría… —Jacob notó el nerviosismo de Antón, que cruzaba las piernas con ambas manos en la rodilla al tiempo que agitaba rápidamente el pie para interrumpir a Jacob, que estaba a medio sentarse.

  —?De eso le juro que no sabemos nada! Estábamos en nuestro asunto, tranquilos, y de repente: ?luces intermitentes, gritos! ?Aah, nos hundimos! ?No, no! —Antón colocó sus manos en sus mejillas y jaló ligeramente hacia abajo en clara se?al de estrés.

  —?Nosotros, se?or Antón? —Jacob preguntó.

  —Oooh, usted y yo, digo nosotros, yo en mi lugar y u… usted en donde quiera que un evocador esté en sus ratos de trabajo. Sí, así es, usted y yo… nosotros… en nuestros lados, pero ambos —apartando la mirada, Antón actuó claramente de manera curiosa para Jacob, para volver a hablar en voz muy, muy baja y con los labios cerrados de un lado, secreteando con alguien atrás de sí—: "?Sí, ya lo sé, nos mira! Por favor, es, con, de… nos está mirando raro de nuevo. ?Solo vete al bolso de nuevo, por favor!" —Jacob lo miró extra?ado. Podía notar los espíritus efímeros de alrededor, pero aquello con lo que estuviera hablando Antón no era un espíritu, al menos no uno normal, pero decidió no presionar y fingir que no lo percibía. Un par de ojos peque?os y brillantes corrían entre el pelo de Antón y por detrás del cuello alto de su saco, jamás dejando ver su forma. Jacob sabía que algunos espíritus y entidades podían efectivamente esconderse y no dejarse ver si no lo querían, por lo que aquella entidad que correteaba por Antón claramente se burlaba, dejando en claro su presencia.

  —Entiendo, se?or Antón, no se preocupe; solo necesito unos cuantos datos —Jacob sacó su libreta nuevamente y empezó a apuntar varios puntos de interés. Con cada movimiento del lápiz, Antón sudaba un poco más; pronto el nerviosismo llevó al límite a Antón.

  —?Está bien, está bien! Odio los aromas a fruta, ?son tan odiosos!, pero no fui yo quien hundió el barco; nunca entré a la sección inferior, el capitán lo tenía prohibido explícitamente, pero estaba tan aturdido con los barriles de manzanas fermentadas que trajeron del puerto anterior que abrí las esclusas de ventilación de los camarotes, ?eso fue todo! —Suspiró aliviado como si un peso fuese retirado de él. Jacob pudo ver algo que correteaba nuevamente por su brazo y se metía en el saco.

  —Entonces, ?aproximadamente a qué horas fue esto, se?or Antón? —Para fortuna de Jacob, Antón cooperó lo más que pudo.

  —Fue antes de las siete. Ya todos estaban en horas de descanso. Solo teníamos de guardia al viejo O’Donnell y sus chicos. Creo que solo uno de su grupo sobrevivió, pero le perdí la pista después del hundimiento. ?Qué más quiere de nosotros, se?or Jacob? —Suspirando aliviado, Antón relajó su cuerpo, pero un invisible golpe lo puso en alerta de nuevo.

  —Sí, ya le dije todo, no escondo nada. ?No, tú cállate! —Jacob miraba con atención, pero aquello con lo que discutía Antón eludía su conocimiento.

  —Está bien, se?or Antón, le creo. Si sucede alguna otra cosa, ?puedo verlo nuevamente? —Jacob sonrió al nervioso Antón.

  —?Oh, sí, sí! Aquí estaremos; no salimos mucho. El aire por aquí es muy caliente. Saldremos a Thar Abyss en cuanto tengamos oportunidad —Antón saludó a Jacob y partió del lugar para regresar a la entrada del hotel, despidiéndose del se?or Rodolfo.

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